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19 de octubre de 2006

De vuelta a la metralla

Pa' Alfredito, por lo que sintió
cuando se enfermó Lupita.
Para quienes hayan leído El Capitán salió a comer y los marineros tomaron el barco, de Charles Bukowski, esto les sonará conocido: un escritor con la computadora descompuesta visto en la necesidad de volver a la máquina de escribir. Y es que a veces la urgencia de exprimirle al cerebro una cuantas líneas es más fuerte que las limitaciones tecnológicas. Sí, ya lo sé, podría usar un cuaderno pero es que, estimado lector, créame, mi letra es un asco, mi libreta es un homenaje al desorden y regularmente lo que empieza en el cuaderno jamás llega a buen término; mi libreta azul es una miniantología de poemas, ensayos y artículos inconclusos. todo eso para no admititr que me he vuelto un holgazán para escribir a mano.
Resulta que el otro día, pensando en mi última metida de pata, eliminé de la computadora un archivo que resultó ser indispensable para abrir el sistema y bueno, heme aquí, ametrallando esta hoja, lamentando la casi segura pérdida de todos mis archivos, sin saber de dónde coño voy a sacar un disco de Windows 95 (diría un amigo que mi computadora es algo "añeja"). Pensando en eso, recordé un artículo en el que Germán Dehesa decía que las computadoras son como las mujeres; no recuerdo las razones de Dehesa para tal afirmación, a mí sólo se me pudo ocurrir una: cuando has vivido sin ellas no te hacen falta, incluso crees que es una exageración cuando alguien lamenta la pérdida de la suya. Pero una vez que has tenido la primera, que la has conocido hasta donde tus alcances llegan, que has pasado horas frente a ella y con ella, que has penetrado todos sus rincones, cuando has descubierto lo maravillosas que son a pesar de ser tan complicadas, te duele perderla, sobretodo si sabes que el error fue tuyo, que hiciste algo que no debías o que lo hecho, con todo y tus buenas intenciones, vino a joder el sistema. Lo mismo pasa con las computadoras: a veces reiniciar ya no es suficiente.
Debo admitir que, siendo tan bueno para la nostalgia, este momento tiene algo de mágico: volver a los diecisiete después de vivir un siglo, diría Violeta Parra. Justo en este instante y para seguir en la nostálgica atmósfera, pongo uno de mis viejos discos de rap, entre la música y la máquina de escribir el gangsta se recrea: un potente bajo, una voz pausada, letras agresivas y un sonido de metralla. Yo, por mi parte, me entrego a este tiroteo de letras que llena de casquillos el cenicero mientras las heridas no tienen para cuando cerrar.

3 comentarios:

  1. Lo sé, me acabo de enterar que ahora que apenas he puesto internet, mi hermana me piensa privar de la computadora (propiamente del CPU). Siento como si me fuera a quedar viudo, y no es que la use mucho, sino que hemos pasado buenos momentos.
    Casi quiero llorar.

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  2. ALo alo... Creo que de todos tus azotes mentales...y poesías jajaja, lo que más me gusta es morir a solas, es tu hit sin lugar a dudas. Saludos jorgito a ver si ora sí logras anexarme bien, sirve que yo actualizo los datos pa que el mundo llegue a este espacio renovado y bonito jiji

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  3. Hola otra vez. Pues yo creo que tranquilamente podrías publicar este texto, sólo recomiendo que le quites los tintes de post y lo conviertas más en un ensayo, es decir cosas como "querido lector". Leelo de nueva cuenta y acomoda bien puntos y comas, la primera parte sobretodo, conviértela en introducción, tu frase de "reiniciar no es suficiente" es excelente, la aplaudo mi querido camaleón jajajaja.
    Besitos

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