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2 de mayo de 2014

A pesar de Maciel, santo nuevo

A Fernanda, que hoy cumple

La canonización de Juan Pablo II puso otra vez sobre los reflectores la relación de encubrimiento entre el ahora santo y Marcial Maciel en torno a los actos de pederastia en que muchos miembros de Los Legionarios de Cristo, empezando por el propio sacerdote mexicano, han incurrido. En muchos países son numerosos los testimonios de víctimas de abuso sexual, son muchas las denuncias y pocas las acciones, tan es así que recientemente, el Papa Francisco, a nombre de la Iglesia católica, pidió perdón públicamente en un acto que causó revuelo internacional, como cuando Juan Pablo II hizo lo propio porque El Vaticano no intercedió durante el Holocausto.
Pero a pesar de que la Iglesia ha comenzado a reconocer los abusos cometidos por sus prelados, nada se ha hecho por transparentar la capacidad financiera de Los Legionarios de Cristo, quienes a lo largo de América Latina y en varios países europeos poseen cuantiosas propiedades y redes de escuelas privadas de todos los niveles, operadas a través de fundaciones que se publicitan como de apoyo a los sectores vulnerables, o bien los exclusivos colegios (donde han estudiado los hijos de Carlos Slim o Jorge Hank Rhon) que funcionan como máquinas de hacer dinero, pero también como centros de reclutamiento de quienes habrán de engrosar sus filas y sus arcas.
Un pequeño ejemplo del poder económico y de reclutamiento de Los Legionarios de Cristo lo constituyen los diez campus de la Universidad Anáhuac en la Ciudad de México, Veracruz, Querétaro, Puebla, Quintana Roo, Tamaulipas y Oaxaca; las quince universidades que poseen en Chile, España, Italia y Estados Unidos, alrededor de 150 colegios, 21 institutos y decenas de escuelas llamadas Mano Amiga, operadas por la Fundación Altius, una de tantas caras económicas de la orden fundada por Marcial Maciel, como diversas empresas inmobiliarias y organizaciones como Un Kilo de Ayuda y Promotora Social México. Todas, en su conjunto, entre 2007 y 2012 -sólo por ejemplificar- sumaron capitales de hasta dos mil 300 millones de pesos anuales.
Hay una frase de Marcial Maciel que define perfectamente el esquema empresarial diseñado por el líder legionario y su círculo cercano: no hay mejor negocio que los pobres. Este precepto se pone de manifiesto con el modo de operar de las fundaciones de Los Legionarios de Cristo, que reciben cientos de millones de pesos como donativos deducibles de impuestos bajo la cara de ser instituciones de ayuda. Pero ahí no para el asunto ya que las instituciones financieras que son propiedad de Promotora Social México ofrecen préstamos a personas que por su bajo nivel adquisitivo o por trabajar en la informalidad no son susceptibles de recibir un crédito en un banco convencional, esto a cambio de intereses muy superiores a los que se manejan en el mercado crediticio, es así que el deudor terminará pagando mucho más de lo que un banco cobraría como interés, sin contar la deuda original.
Otra forma de explotar el mercado de la clase media, cada vez más pobre, es a través de la Fundación Altius con sus colegios Mano Amiga. El esquema es muy simple. Si estos colegios estuvieran enfocados a las personas pudientes, como otros con que también cuenta la orden religiosa, su mercado sería muy reducido, pero si a los sectores populares en las zonas urbanas les ofrecen un colegio privado, con la aparente ventaja educativa y de estatus social que ello representa, recibiendo donativos de la iniciativa privada y cobrando colegiaturas de acuerdo con el resultado de un estudio socioeconómico, su clientela será sumamente amplia, sobre todo si consideramos el muy deficiente nivel que muchas escuelas del sector público padecen, además del hartazgo de los padres de familia que se han cansado de las huelgas y las marchas, sumado a la campaña de desprestigio de que el magisterio (primordialmente el democrático) ha sido víctima por parte del gobierno y muchos medios de comunicación. Entonces la lógica es hasta obvia, y más en una sociedad predominantemente católica como la nuestra: si pago mil pesos al mes pero me garantizan que no hay huelgas, que se les enseña inglés y computación y aparte se les inculcan valores religiosos, no hay ni que pensarlo.
Pero con todo y que Juan Pablo II encubrió los abusos de Marcial Maciel, a quien definió como “un guía eficaz de la juventud”, durante la visita del entonces Papa a México, en 1994; con todo y que desoyó el clamor de las víctimas, acallado por el poderío económico de los conocidos entre sus detractores como Millonarios de Cristo, a pesar de haber presentado pruebas contundentes no sólo de la pederastia en la Iglesia, sino de la adicción de Maciel a la morfina y sus derivados; con todo y eso, el grueso del catolicismo celebró la canonización de El Papa Viajero. Y es que mejor decisión no se pudo haber tomado en el contexto actual.
En El Vaticano son conscientes de que los abusos sexuales por parte de prelados y sacerdotes, además del ritmo de vida actual, han mermado la cantidad de fieles, y es que la Iglesia católica, en tanto que institución, se había venido anquilosando en el conservadurismo de sus preceptos frente, por ejemplo, a la lucha de las mujeres por el derecho a decidir un aborto, el debate sobre la legalización de la mariguana en algunos países, la legalización de los matrimonios entre personas del mismo sexo y demás cuestiones que han hecho que las sociedades contemporáneas se replanteen muchos valores, volteando incluso hacia otros cultos. Es por eso que (ya desde la investidura del Papa Francisco se veía venir) la Iglesia católica necesita mantener a salvo la fe de su grey, y quién más que el vicario de Cristo más querido, más admirado, más venerado y más cercano para los católicos, Juan Pablo II, quien por sus constantes viajes alrededor del mundo y su mediación política como jefe del Estado Vaticano cosechó, a lo largo de su pontificado, la simpatía y el cariño de millones de personas.
Es así que a pesar de la negra historia de Los Legionarios de Cristo y la ominosa reputación de Marcial Maciel, a quien Karol Wojtyla siempre protegió y encubrió, el catolicismo tiene un controvertido santo nuevo pues no hay que olvidar que más allá de las fallas humanas, al hablar de religión, no podemos pasar por alto el sustento de todo culto: la fe, y esa se respeta porque no admite cuestionamientos, ya que estos son ajenos al plano dogmático.

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