La reciente detención de Manuel
Plancarte Gaspar, presunto sobrino de Enrique Plancarte, uno de los líderes de Los Caballeros Templarios, realizada en
una casa de seguridad ubicada en el municipio de Tarímbaro, dejó al descubierto
lo que bien puede ser otra de las múltiples actividades delictivas de este
grupo criminal, el tráfico de órganos. Lamentablemente, las autoridades, quizá
por tratarse de una de las líneas de investigación no han dado más detalles de
este caso, y sólo trascendió en los medios que habían encontrado equipo médico
para la extracción de órganos de sus víctimas, presumiblemente niños. En este
tenor y haciendo una vista panorámica del tema, la detención de esta persona
resulta ser una carambola de tres bandas.
1. Otra cara del negocio
Aunque Michoacán no ha sido
escenario de masacres (que la opinión pública sepa) como la de los 72 migrantes
asesinados en San Fernando, Tamaulipas, o los cúmulos de cadáveres como los que
han aparecido en Veracruz o Guadalajara, si tales señalamientos son acertados,
estamos ante un grupo criminal cuya peligrosidad se ha disimulado, pues su
capacidad de violentar a la sociedad va más allá de los ajustes de cuentas, los
levantones, los secuestros o los
enfrentamientos. Pero ahí no para la cosa ya que, de ser cierto, las
autoridades tendrían que investigar más a fondo porque si se habla de tráfico
de órganos, se vuelve necesario hablar de una red bien estructurada y
encubierta para tal fin, ya que, lo sabemos, los órganos humanos, a diferencia
de la droga o la fayuca, deben
recibir un trato adecuado en su extracción, transportación y trasplante. Si
estamos frente a este delito, las autoridades federales (esto ya no compete a
las estatales) han de esclarecer de dónde sacan a sus víctimas, quiénes son los
médicos involucrados, quién compra esos órganos, hacia dónde los llevan, quién
los transporta que pueda hacerlo con rapidez, seguridad y eficiencia para no
estropearlos; también es necesario preguntar cuánto dinero deja esta actividad,
dónde se hacen los trasplantes y toda una serie de interrogantes que surgen
ante tales señalamientos de los que, insisto, la autoridad no ha mostrado
mayores evidencias. Pero la cuestión básica en este caso es saber dónde están
los cadáveres de estas personas, en qué fosa clandestina los enterraron o dónde
los pozolearon, lo cual es primordial
para su identificación a fin de cotejar la información con la existente en los
bancos de datos de personas desaparecidas, tanto gubernamentales como de
diversas organizaciones que buscan hacer justicia a las víctimas de secuestro y
desaparición forzada.
2. Canibalismo ritual
Pero ahí no para la cosa. Las
autoridades han manejado, basándose en testimonios y acusaciones, que Nazario
Moreno utilizaba órganos humanos, especialmente corazones, en las ceremonias de
iniciación del grupo que comandaba, durante las cuales, él y los demás
participantes del ritual los comían. Aunque resulte grotesco no suena
descabellado, me explico: El Cártel de
Sinaloa, por ejemplo, basa su poderío en una estructura empresarial con una
red de prestanombres que mueven los cuantiosos recursos haciendo inversiones en
paraísos fiscales a fin de lavar el dinero proveniente del narcotráfico; para
ello también han recurrido a casas de cambio, casas de empeño, ranchos
productores de ganado y lácteos; vaya, es un cártel empresarial. Los Zetas, por su parte, tienen una
estructura militarizada, con sus estacas
(pequeños comandos), mandos medios y superiores, incluso su diestra, que son lugares de
adiestramiento en tácticas militares para los mejores elementos que no cuenten
con esa formación, y esa estructura, al ser un grupo fundado por soldados de
élite, es bastante lógica. Pero Los
Caballeros Templarios manejaron toda una mística fundacional basada en la
hermandad entre sus miembros, con código ético-religioso que regula su
comportamiento, el juramento de cumplir y hacer cumplir las reglas, con una
suerte de consejo que toma las decisiones más importantes y toda una
parafernalia alusiva (según declaraciones de La Tuta), por un lado, a la figura histórica de la Orden de los
Pobres Caballeros de Cristo y del Templo de Salomón, y por el otro, a Nazario
Moreno como fetiche religioso y de inspiración para este grupo.
![]() |
Adolfo de Jesús Constanzo |
Por lo anterior, aunque tétrico, el
que El Chayo comiera corazones
humanos no suena descabellado, y basta recordar el caso de Los Narcosatánicos, a finales de los 80, quienes sembraron el
terror tanto en Matamoros como en la Ciudad de México al combinar narcotráfico,
santería, satanismo, secuestro, mutilación de víctimas y judiciales corruptos:
una auténtica bomba que estalló cuando al líder del grupo, el cubano Adolfo de
Jesús Constanzo, alias El Padrino, se
le ocurrió utilizar a alguien de raza blanca para el siguiente ritual, por lo
que en Matamoros fue secuestrado el norteamericano Mark Kilroy, lo cual, al ser
investigada la desaparición, propició que las pesquisas condujeran a este grupo
criminal.
3. El asunto olvidado
La otra posibilidad que se abre a
ser investigada por las autoridades es saber hasta qué punto el presunto rapto
de personas, menores incluidos, para extraer órganos y venderlos, tiene que ver
con la red de tráfico de menores con fines de explotación sexual que fue
detectada en Morelia en diciembre del año pasado, y es que un negocio tan
lucrativo como la trata de personas no pasa desapercibido para la delincuencia
organizada que todo lo ve, todo lo oye y todo lo controla en el mundo del hampa
y en el de la política, aunque parecen ser lo mismo. Lamentablemente, este tema
al parecer ya fue olvidado tanto por las autoridades como por la opinión
pública, que suele tener memoria de teflón.
Así pues, de ser cierto eso del
tráfico de órganos, las autoridades tienen mucho, muchísimo trabajo que hacer
dado que estamos frente a crímenes de alto impacto social que vienen a
desgarrar más el ya de por sí destrozado tejido social. Pero si no es verdad o
el asunto es olvidado por el gobierno, significará que se está en una franca
cacería de brujas en la que a los culpables de un delito se les imputarán dos o
tres más para vaciar el archivo de averiguaciones previas rezagadas. Así,
mientras son peras o son manzanas, la sociedad está cada vez más apesadumbrada
y cansada de la impunidad con que operan los delincuentes, ya que aun cuando el
gobierno les ha asestado algunos golpes, no dejan de ser mediáticos.