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23 de abril de 2008

Santana: la súper naturaleza


A sesenta años de su nacimiento y más de cuarenta de la formación de la primigenia Santana Blues Band, el legado de Carlos Santana (Autlán de La Grana, Jal., 1947) lo coloca como uno de los mejores guitarristas del mundo. Junto a figuras legendarias como Steavie Ray Vaughan, Jimi Hendrix, B.B. King y Eric Clapton, Santana es de los músicos que han sabido dar a la guitarra esa voz que deviene en un estilo inconfundible.

Inicia el camino: no one to depend on.
En Tijuana, Santana ya había adquirido las bases del blues y el R&B escuchando a B.B. King y Bobby Parker y tocando junto a quien bien puede ser considerado uno de los pilares del rock mexicano: Javier Bátiz en cuya banda, Los TJ’s, Santana empezó como bajista para más tarde iniciarse en la guitarra.
Al ser Tijuana el patio de juegos y burdel de los Estados Unidos, esa ciudad era la mejor escuela para asimilar la esencia de la voluptuosidad en la música negra. Ganándose la vida como músico callejero de día y tocando en bares de mala muerte por la noche, la naturaleza exuberante en el estilo de Santana despertó. Al hacer acompañamientos para las rutinas de strip tease, aprendió a propiciar atmósferas cargadas de sensualidad y concupiscencia.
En esa Tijuana donde pululaban putas, padrotes, dealers, polleros y cualquier clase de viciosos entregados al desmadre, el entonces adolescente Santana aprendió a sortear los peligros de la calle. Era cuestión de tiempo para que, tocando en bares de desnudistas, Santana adquiriera lo que bien pueden ser las tres principales características de blues: sensualidad, sordidez atmosférica y las infinitas posibilidades de improvisación.
Durante la segunda mitad de la década de los 60, San Francisco era la capital hippie de Estados Unidos; ahí convergían diversas tendencias que los entonces jóvenes utilizaban como ruta de escape del Sueño Americano y el american way of life. La búsqueda espiritual en cultos orientales, el uso de drogas psicodélicas, el nuevo auge del blues, las nuevas tendencias jazzísticas y el interés en la música afroantillana, configuraron una amalgama que vendría a enriquecer el panorama artístico de Estados Unidos. Habían quedado atrás los “rebeldes sin causa” de la década anterior, era la época de repudio a la Guerra de Vietnam y las políticas de Nixon, el flower power, la lucha por los derechos de los negros frente a la histórica segregación racial, el apogeo de las luchas feministas y una contracultura (herencia directa de la generación beat) que emergía cada vez con más fuerza.
En cuanto al rock, eran populares los concursos de bandas en los que, según declaraciones posteriores del mismo Santana, si había mil bandas participantes, quinientas querían sonar como The Beatles y las otras quinientas como The Rolling Stones. En ese contexto fue que Santana decidió experimentar, pues a medida que se alejaba del blues como parte de su crecimiento musical, más se acercaba a las nuevas tendencias. En medio de esa experimentación, notó que cuando tocaban rock acompañados de percusiones, las mujeres bailaban diferente: ya no atrapaban mariposas, hacían del baile la expresión vertical de un deseo horizontal; así fue como se formó la primera Santana Blues Band, cuyo nombre había nacido más por necesidad de llamarse de alguna forma que por la unidad del grupo o el género en el que se enfocaran más. Ya para su primer disco (Santana, 1969), el grupo quedó como a la fecha se sigue llamando, aunque en realidad de esa banda, como ha sucedido con otros artistas, Santana es el único que queda pues la lista de músicos que han pasado por ahí es de alrededor de cincuenta, sin contar las colaboraciones especiales.
Fue así como, fusionando el rock con el blues, el jazz y la música afroantillana, Santana inauguró un nuevo estilo de hacer música, un rock más universal y cuyo compromiso es nada más con la música y lo que ésta tiene qué decir.

Triada surgida de la revelación. Everything’s coming our way.
Después de su debut en el Filmore West de Los Ángeles y colocarse entre los favoritos de la audiencia y el dueño del prestigiado foro, Bill Graham, la Santana Blues Band iba en un notorio crecimiento musical. Se trataba de un rock todavía muy impregnado de la identidad negra que Santana había adoptado como estilo musical. En este ascenso estaban cuando la fatalidad se presentó: al realizarse unos estudios médicos, se reveló que Santana tenía tuberculosis.
Llevaba tres meses hospitalizado cuando, durante la visita de unos amigos y en plena experiencia lisérgica, Santana tuvo una revelación: de quedarse en ese lugar pronto moriría. Movido por la determinación que da el miedo, se fugó del hospital para refugiarse en casa de unas amistades; ahí no sólo recuperó la salud física, también su genio creativo se vio renovado pues la música que haría a partir de ese momento sería cualitativamente superior.
Después de la convalecencia empezó a voltear hacia otros lados: por una parte, el rock psicodélico cuyo mayor exponente era The Greatful Death; por el otro, el jazz contemporáneo que en contraste con la música afrocubana, vendrían a configurar lo que Santana sería a partir de entonces.
En 1969 Santana lanzaba su primer disco con nombre homónimo. Se trataba de una banda que, aunque hacía rock psicodélico, no había caído en el letargo y oscurantismo en que muchos grupos ya se habían sumergido; este rock era más tendiente un eclecticismo que vendría a desembocar en ese sonido tribal, sensual y con una precisión rítmica que lo hacían imponente sin caer en el estruendo.
Con Santana se abría un nuevo camino para el rock y parte fundamental en esta apertura fueron el baterista Mike Shrieve, el timbalero y conguero Chepito Areas y el percusionista Mike Caravello. Estos tres, más la precisión del bajista con tendencias jazzísticas Dave Brown y el organista y pianista de marcada herencia negra, Gregg Rollie, dieron origen a un sonido inconfundible. Santana aportó a la música tres piezas clave en la historia del rock: Evil aways, Jingo y la pieza con que Santana encendió el fuego del Festival de Woodstock: Soul Sacrifice, toda una jam session que sigue siendo considerada uno de los momentos de clímax en dicho festival.
Al disco debut le siguieron dos con los que se conformó la triada básica en la discografía del jalisciense: Abraxas y Santana III. No es necesario hacer mención del éxito comercial de Abraxas, baste decir que Santana tuvo el gran acierto de ser un poco más mesurado. Tras el frenesí causado en Woodstock y el monstruo comercial que era Santana, el segundo disco debía ser diferente, menos tribal sin que por ello se perdiera la esencia del grupo. Al hablar de Abraxas, estamos hablando de un disco que por su perfección técnica y musical es de las glorias musicales de la época (1970).
En Abraxas, Santana hizo un collage de sonidos: desde un rock de sonido pesado y agresivo como lo es Hope you’re feeling better, pasando por la sugerente e hipnótica sensualidad de Black magic woman/Gypsy queen hasta cortes más jazzísticos como Singing winds, crying beasts. Ésto, más el éxito de Oye como va y Samba pa ti, hace de este disco una obra maestra y un disco fundamental en la discografía del rock.
Con el tercer disco, al que sólo se le agregó el tres romano, se vino a completar la trilogía básica de Santana. En Santana III, apenas superior en calidad a Santana y sólo un poco por debajo de la perfección lograda en Abraxas, encontramos un sonido más puro, más maduro en el sentido de que ya no se dan tanto esos arrebatos de psicodelia. Para Santana III, los solos improvisados en el estudio ya quedaron atrás. Este disco es un paseo por lo que Santana es, cada canción marca la ruta para el siguiente corte. El disco se abre con Batuka que conserva resabios del primer disco del guitarrista; No one to depend on y Taboo, sólo preparan la atmósfera para llegar a una de las cumbres del disco: Toussaint L'Overture, toda una jam session que hace una pausa en Guajira para culminar en Jungle strut. Pero Guajira no es una pieza suelta, su vuelta de tuerca llega en la cúspide del disco que, a manera de descenso de telón deja al escucha en el clímax del disco: Para los rumberos, original de Tito Puente y que viene a cerrar el ciclo que se abre con Batuka.
Así, de canción a canción, nos podemos dar un paseo por todo lo que Santana era en ese momento y lo que llegaría a ser: rumbero, bluesman, jazzista, rockero y, sobretodo, un músico que nunca ha tenido miedo a experimentar con la música y la gamma de sonidos que se pueden presentar al oído.

El Milagro: make somebody happy, make somebody strong.
Santana III es el cierre formal de la Era Woodstock del guitarrista dejando la puerta abierta para nuevo ciclo. Buscando un guía espiritual, a principios de los setenta, Carlos conoció al swami Sri Chinmoy quien al iniciarlo lo bautizó como Devadip (El Ojo de Dios).a medida que se adentraba en la espiritualidad, Santana se sumergía cada vez más en la exploración y experimentación de distintas vertientes musicales.
A lo largo de los 70, Santana abarcó un espectro musical más amplio. Discos como Love, devotion and surrender (con John McLaughlin), Caravansserai, Borboletta, Lotus y Welcome, son el reflejo de un Santana más interesado en el jazz, herencia de su ídolo John Coltrane. Shangó, Zebop y Marathon, presentan a un Santana más refinado, más cargado hacia el pop. Estas incursiones hicieron que los éxitos comerciales disminuyeran en contraposición al nivel musical que el guitarrista estaba logrando.
Durante esa década tenemos al Santana espiritual, de cabello corto y alejado de las drogas y que, si bien en los conciertos seguía tocando Black magic woman y Soul sacrifice, en el estudio se empeñaba en seguir con lo que los ejecutivos y productores llamaban “suicidios comerciales”. A inicios de los 80, el romance espiritual con su gurú terminó cuando éste manifestó su homofobia. En medio de una campaña de desprestigio emprendida por Sri Chinmoy en contra del guitarrista, Devadip murió para dar paso a un Carlos Santana que ahora sólo se entregaba a la música y a su familia.
Pero el desarrollo del músico no sólo fue musical; conscientes de que el éxito implica una responsabilidad social, Carlos y Devorah Santana se enfrascaron en una de las facetas más admirables del guitarrista: la lucha por el bienestar social de los más desprotegidos. Así, donando entradas de sus conciertos, haciendo presentaciones de beneficencia e invitando a otros músicos a participar en pro de los sectores más vulnerables de África y Latinoamérica, Santana ha sido incansable.
En 1987 Santana publicó su disco Blues for Salvador. Aunque el guitarrista declaró que el disco estaba inspirado en el mayor de sus hijos, quien lleva ese nombre, de inmediato se tomó como bandera para apoyar a El Salvador, país que en ese momento vivía un momento de gran inestabilidad política y social siendo, como siempre, los pobres los más afectados.
La labor social de Carlos y Devorah Santana tomó un cause más definido cuando, en 1998, se creó la Fundación Milagro. Tomando diez centavos de cada entrada de los conciertos, Milagro ha apoyado desde campañas contra la hambruna en África, hasta grupos de artistas jóvenes en San Francisco.

El fénix supernatural: put your lights on.
En 1999, tras casi veinte años de escasa trascendencia comercial, Santana quiso renovarse, llegar a las nuevas generaciones que muchas de las veces sólo conocían Samba pa’ ti, Jingo y Oye como va. Así, una vez que Clive Davis, productor de los míticos Santana, Abraxas y Santana III accediera a la invitación, guitarrista y productor pusieron manos a la obra. El resultado de esta labor: Supernatural.
Supernatural fue una bomba comercial puesto que Clive Davis buscó la participación de artistas más contemporáneos y más conocidos por el público juvenil; esto le valió once nominaciones la Grammy, de las cuales nueve resultaron efectivas. Supernatural es básicamente un disco de rock pop muy bien hecho, con una producción que no escatimó en creatividad. Desde Yaleo hasta la jam session que es The Calling, con La Mancha Blanca del Blues, Eric Clapton, pasando por las hip hoperas Do you like the way (con Lauren Hill) o bien por la meramente santanista El Farol, Supernatural fue la resurrección de un fénix que no estaba muerto, sólo dormido en espera de las nuevas generaciones.



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