Los mexicanos, en
tanto que hijos del maíz y otros tantos “jijos del maiz”, somos, como diría
Botellita de Jerez en “La balona de la Conquista”, una patria bien taquera. Y
es que en la gran mayoría de los hogares mexicanos, cualquier comida, salvo los
caldos y platillos de características similares, es susceptible de volverse
taquiza, de ahí que nuestra fast food por excelencia sean los tacos de
diversa índole y con toda una gama de salsas y ensaladas para acompañar tan
sacrosanto alimento.
Inicio con esa
breve disertación sobre la idiosincrasia taquera de los mexicanos por lo que
encontré mientras buscaba la información necesaria para el tema que quería
tratar en esta colaboración. Ya tenía datos duros, declaraciones, cifras y
cuanta sandez dijeron los diputados priistas en la sesión del jueves en el
Congreso local; ya estaba afilando la navaja y apuntando los misiles cuando recordé
que tenía que buscar la receta de un platillo que quiero probar. Estaba en esa
búsqueda cuando de repente encontré un link que decía “Cocinera argentina causapolémica con falsa receta de tacos”, eso
despertó mi sentido del olfato cibernauta y me hizo darle clic al vínculo.
Una chef de nombre Maru Botana (verídico), tan
mediática como el chef Oropeza de Televisa,
pero argentina, quien además tiene una página de Internet donde las amas de
casa y los cocineros amateurs podemos ver los videos tutoriales de sus recetas,
tuvo la osadía de enseñar a su público cómo preparar tacos, sí, tacos mexicanos.
Ahora le describo
el procedimiento que la señora Botana siguió para emular la base de nuestra
alimentación. Primero rayó zanahorias, papas y demás vegetales; una vez que
tuvo todos los ingredientes finamente rayados, los vertió en un wok (sartén más
apropiada para la comida oriental) y salteó los vegetales hasta que adquirieron
ese color dorado que cualquier guarnición decente debe tener. Hasta ahí me dio
la impresión de que serían unos tacos bastante alternativos pues no vi la
carne, ni siquiera las tres tiritas que ponen en la modalidad al pastor de dos
pesos.
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Las tortillas según Maru Botana |
Pero si usted
quiere hacer tacos, el ingrediente primigenio no es la carne, la salsa o el
limón, ni mucho menos el cilantro; lo que usted necesita, antes que nada, son
las tortillas. De pronto me pregunté que si no tenía tortillas ¿cómo haría
tacos?, y para salvar ese obstáculo, la chef Botana recurrió a lo mejor de su
ingenio y elaboró las tortillas más sui géneris
que he visto en mi vida. En un tazón de plástico puso harina de trigo, una
parte igual de harina de maíz, diez cucharadas de aceite para cocina y agua
caliente. ¡Qué muestra de mestizaje desde tierras gauchas nos mandó la chef
Botana!, mire usted que hacer tortillas de harina (que llevan aceite) mezcladas
con de maíz (cuyo vehículo es el agua), es algo que no se había visto, ni
siquiera cuando Chepina Peralta salía
en Imevisión. Una vez que la chef
tuvo la masa lista, de entre unos triques de su cocina sacó una máquina
metálica para hacer tortillas. En lugar de poner los trozos de hule para
prensar las bolas de masa y poner la tortilla sobre el comal caliente para
darle cocción, extendió la máquina sobre los quemadores de la estufa para
encima de cada una de sus partes poner las respectivas bolas de masa que amplió
con un rodillo. Cuando esa cosa estuvo al parecer cocida, la tomó, le puso la
guarnición de vegetales y se la dio a un niño, quien pudo haberse intoxicado
por el plomo que la máquina de hacer tortillas despidió al calentarse.
Los comentarios no
se hicieron esperar por parte de la comunidad mexicana en Argentina, los hubo
tan variados como los tacos, desde los más picantes hasta los más sabrosos,
incluso hubo chefs mexicanos que la invitaron a México para enseñarle a hacer
tacos de verdad, a lo que la señora Botana sólo respondió que la máquina se la
habían regalado sin explicarle en lo más mínimo cómo usarla. Lo que acabo de
narrar se presta a varias disertaciones.
Si hay algo que
distingue a una cultura, además de su música y su vestimenta tradicionales, es
su cocina, sus sabores, sus ingredientes y hasta la forma de comer; esos son
rasgos culturales que dan identidad y reflejan la idiosincrasia de un pueblo y
hasta la personalidad del comensal, pues “en la forma de agarrar el taco se
sabe el que es tragón”. Y en este sentido, los mexicanos somos muy celosos con
aquello que nos da identidad social, por eso nadie puede meterse con la Virgen de
Guadalupe, ni con Pemex, ni con José Alfredo Jiménez, ni mucho menos con
nuestros tacos. Somos lo que yo considero nacionalistas de reacción, es decir
que tenemos un nacionalismo que nada más reacciona a los estímulos del
exterior, como cuando un sacerdote italiano declaró que la Virgen de Guadalupe
no había existido, aseveración que le valió las críticas en los medios
nacionales y el odio más jarocho que el pueblo de México, guadalupano en su
mayoría, puede sentir; o como cuando Hugo Chávez llamó “caballerito” a Felipe
Calderón, poco importó que haya sido un espurio, un enfermo de poder y un
inepto para la generación de empleos, Chávez se metió con nuestro entonces
presidente y el rencor de un país se volcó hacia el gobernante de la nación
sudamericana. Ejemplos de ese nacionalismo de reacción hay demasiados, tanto que
hay quienes aún no le perdonan a Elvis Presley el que supuestamente haya dicho
que prefería besar a dos negras que a una mexicana, a lo que yo siempre
respondo para defender a El Rey diciendo
que tendríamos que haber visto a la mexicana y a las negras en cuestión.
Aunque la cocina se
trata de experimentar y mezclar sabores e ingredientes, lo cierto es que,
siendo una figura pública, a la vista de todos, se requiere un mínimo de
respeto, y más si se es un profesional en la materia, que se supone tiene los
referentes gastronómicos, históricos y culturales para elaborar cualquier
platillo, pues así como no le podemos llamar lasaña a una sincronizada, tampoco
podemos llamarle taco a algo que no lo es. El punto de esto es que la chef
Botana no simuló un huevo estrellado, simuló un platillo que es emblemático de
este país y que constituye una parte fundamental de nuestra forma de comer, ya
que, como diría un buen amigo, no importa qué nos sirvan, si tenemos una
tortilla se lo ponemos en medio y comemos tacos.