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8 de noviembre de 2013

El taco argentino

Los mexicanos, en tanto que hijos del maíz y otros tantos “jijos del maiz”, somos, como diría Botellita de Jerez en “La balona de la Conquista”, una patria bien taquera. Y es que en la gran mayoría de los hogares mexicanos, cualquier comida, salvo los caldos y platillos de características similares, es susceptible de volverse taquiza, de ahí que nuestra fast food por excelencia sean los tacos de diversa índole y con toda una gama de salsas y ensaladas para acompañar tan sacrosanto alimento.
Inicio con esa breve disertación sobre la idiosincrasia taquera de los mexicanos por lo que encontré mientras buscaba la información necesaria para el tema que quería tratar en esta colaboración. Ya tenía datos duros, declaraciones, cifras y cuanta sandez dijeron los diputados priistas en la sesión del jueves en el Congreso local; ya estaba afilando la navaja y apuntando los misiles cuando recordé que tenía que buscar la receta de un platillo que quiero probar. Estaba en esa búsqueda cuando de repente encontré un link que decía “Cocinera argentina causapolémica con falsa receta de tacos”, eso despertó mi sentido del olfato cibernauta y me hizo darle clic al vínculo.

Una chef de nombre Maru Botana (verídico), tan mediática como el chef Oropeza de Televisa, pero argentina, quien además tiene una página de Internet donde las amas de casa y los cocineros amateurs podemos ver los videos tutoriales de sus recetas, tuvo la osadía de enseñar a su público cómo preparar tacos, sí, tacos mexicanos.
Ahora le describo el procedimiento que la señora Botana siguió para emular la base de nuestra alimentación. Primero rayó zanahorias, papas y demás vegetales; una vez que tuvo todos los ingredientes finamente rayados, los vertió en un wok (sartén más apropiada para la comida oriental) y salteó los vegetales hasta que adquirieron ese color dorado que cualquier guarnición decente debe tener. Hasta ahí me dio la impresión de que serían unos tacos bastante alternativos pues no vi la carne, ni siquiera las tres tiritas que ponen en la modalidad al pastor de dos pesos.
Las tortillas según Maru Botana
Pero si usted quiere hacer tacos, el ingrediente primigenio no es la carne, la salsa o el limón, ni mucho menos el cilantro; lo que usted necesita, antes que nada, son las tortillas. De pronto me pregunté que si no tenía tortillas ¿cómo haría tacos?, y para salvar ese obstáculo, la chef Botana recurrió a lo mejor de su ingenio y elaboró las tortillas más sui géneris que he visto en mi vida. En un tazón de plástico puso harina de trigo, una parte igual de harina de maíz, diez cucharadas de aceite para cocina y agua caliente. ¡Qué muestra de mestizaje desde tierras gauchas nos mandó la chef Botana!, mire usted que hacer tortillas de harina (que llevan aceite) mezcladas con de maíz (cuyo vehículo es el agua), es algo que no se había visto, ni siquiera cuando Chepina Peralta salía en Imevisión. Una vez que la chef tuvo la masa lista, de entre unos triques de su cocina sacó una máquina metálica para hacer tortillas. En lugar de poner los trozos de hule para prensar las bolas de masa y poner la tortilla sobre el comal caliente para darle cocción, extendió la máquina sobre los quemadores de la estufa para encima de cada una de sus partes poner las respectivas bolas de masa que amplió con un rodillo. Cuando esa cosa estuvo al parecer cocida, la tomó, le puso la guarnición de vegetales y se la dio a un niño, quien pudo haberse intoxicado por el plomo que la máquina de hacer tortillas despidió al calentarse.
Los comentarios no se hicieron esperar por parte de la comunidad mexicana en Argentina, los hubo tan variados como los tacos, desde los más picantes hasta los más sabrosos, incluso hubo chefs mexicanos que la invitaron a México para enseñarle a hacer tacos de verdad, a lo que la señora Botana sólo respondió que la máquina se la habían regalado sin explicarle en lo más mínimo cómo usarla. Lo que acabo de narrar se presta a varias disertaciones.
Si hay algo que distingue a una cultura, además de su música y su vestimenta tradicionales, es su cocina, sus sabores, sus ingredientes y hasta la forma de comer; esos son rasgos culturales que dan identidad y reflejan la idiosincrasia de un pueblo y hasta la personalidad del comensal, pues “en la forma de agarrar el taco se sabe el que es tragón”. Y en este sentido, los mexicanos somos muy celosos con aquello que nos da identidad social, por eso nadie puede meterse con la Virgen de Guadalupe, ni con Pemex, ni con José Alfredo Jiménez, ni mucho menos con nuestros tacos. Somos lo que yo considero nacionalistas de reacción, es decir que tenemos un nacionalismo que nada más reacciona a los estímulos del exterior, como cuando un sacerdote italiano declaró que la Virgen de Guadalupe no había existido, aseveración que le valió las críticas en los medios nacionales y el odio más jarocho que el pueblo de México, guadalupano en su mayoría, puede sentir; o como cuando Hugo Chávez llamó “caballerito” a Felipe Calderón, poco importó que haya sido un espurio, un enfermo de poder y un inepto para la generación de empleos, Chávez se metió con nuestro entonces presidente y el rencor de un país se volcó hacia el gobernante de la nación sudamericana. Ejemplos de ese nacionalismo de reacción hay demasiados, tanto que hay quienes aún no le perdonan a Elvis Presley el que supuestamente haya dicho que prefería besar a dos negras que a una mexicana, a lo que yo siempre respondo para defender a El Rey diciendo que tendríamos que haber visto a la mexicana y a las negras en cuestión.
Aunque la cocina se trata de experimentar y mezclar sabores e ingredientes, lo cierto es que, siendo una figura pública, a la vista de todos, se requiere un mínimo de respeto, y más si se es un profesional en la materia, que se supone tiene los referentes gastronómicos, históricos y culturales para elaborar cualquier platillo, pues así como no le podemos llamar lasaña a una sincronizada, tampoco podemos llamarle taco a algo que no lo es. El punto de esto es que la chef Botana no simuló un huevo estrellado, simuló un platillo que es emblemático de este país y que constituye una parte fundamental de nuestra forma de comer, ya que, como diría un buen amigo, no importa qué nos sirvan, si tenemos una tortilla se lo ponemos en medio y comemos tacos.

3 de noviembre de 2013

La metamorfosis de la nota roja

Desde hace algunos años, la inseguridad y la violencia en México han tomado dimensiones exorbitantes, eso no es nada nuevo. Un tema muy discutido ha sido el de la remasterización de la barbarie en la que los grupos criminales recurren a técnicas de tortura y ejecución que pueden ser verdaderas obras del ingenio más macabro, tanto, que Los 120 días de Sodoma del Marqués de Sade, parece el manual de experimentos Mi Alegría, y no por el uso de conocimientos técnicos o médicos con que el narco lleva a cabo tales atrocidades, sino por el grado de deshumanización y la sangre fría con que se realizan estos actos, además del significado social de tales hechos, muchos de ellos registrados en videos que circulan por la red.
Es verdad que a lo largo de la historia de la humanidad han existido la tortura y las ejecuciones, y que la exhibición del cuerpo de un ejecutado siempre constituye un llamado de atención y una advertencia a quienes se sientan tentados a cometer la misma falta, para que lo piensen dos veces y desistan de ello o se atendrán a las consecuencias.
Joaquín Guzmán Loera
Volviendo al contexto contemporáneo de México, hay voces que dicen que hasta el salinato y el foxismo los cárteles de la droga se mantuvieron en relativa paz. Lo que sucedía en aquel entonces era que, al no haber mayor presión gubernamental, ellos se encargaban del reparto de plazas, ya fuera por la vía de la negociación o enfrentándose entre sí, y vale recordar que si había muertos y balaceras, era entre los estrictamente involucrados; si un funcionario o policía era víctima de una ejecución, se debía a que posiblemente estaba coludido; recordemos que los Arellano Félix, El Chapo, El Señor de los Cielos, el Cártel del Golfo y demás organizaciones arrojaban auténticos cañonazos de dinero a funcionarios, militares y autoridades judiciales y civiles a cambio de protección, información y cooperación; de otra forma, los imperios construidos por Juan Nepomuceno Guerra en Tamaulipas, los hermanos Arellano Félix en Tijuana, Caro Quintero en Jalisco, Amado Carrillo en Ciudad Juárez o Joaquín Guzmán Loera en Sinaloa, jamás habrían sido posibles.
Así estaba el país, repartido entre grandes cárteles que controlaban células y grupos locales a cambio de proteger los feudos y las plazas, y salvo por desaguisados como el asesinato del cardenal Posadas Ocampo a inicios de los 90, nadie los molestaba pues el gobierno sabía que no iba a poder contra grupos perfectamente armados, estructurados y con una capacidad económica y operativa que los hacía, y los sigue haciendo, rivales casi invencibles.
Aspecto tras un enfrentamiento
Pero de repente, en 2006 llegó un presidente de la República que a fin de legitimar su entrada a Los Pinos emprendió una cruzada contra el narcotráfico apenas pasados unos días desde su toma de posesión. Felipe Calderón, el mismo que no pudo ser gobernador de Michoacán y que llegó a la Presidencia por la vía del fraude, cometió el error que aún ahora ha costado alrededor de 100 mil vidas y decenas de miles de desaparecidos: irse a tontas y a locas contra grupos que, como ya dije, están bien organizados y estructurados, más que el mismo gobierno. Su estrategia consistió en mandar miles de soldados a las calles y saturar con policías federales el panorama.
Si a los palos de ciego de Calderón, a la corrupción en el Ejército y las procuradurías General de la República y las estatales, así como en los diferentes cuerpos de seguridad, le agregamos los reacomodos que en aquel entonces se daban al interior de las estructuras criminales por pugnas internas y entre grupos, el surgimiento de nuevas y más sanguinarias organizaciones y la laxitud de nuestro sistema penal, era lógico que el país estallara en la violencia.
Pero tampoco hay que caer en la irresponsabilidad de decir que el más infame de los michoacanos tiene toda la culpa de esta situación que vive el país, pues si la delincuencia organizada llegó a lo que ahora es, se debe a los años de corrupción, lagunas legislativas, crisis concatenadas y escasos valores éticos a lo largo del siglo XX. Así pues y dicho de manera vulgar, el hormiguero ya estaba, Calderón sólo lo alborotó.
Heriberto Lazcano Lazcano
Pero algo que se ha visto en los últimos años y que sí es más o menos nuevo, al menos en este rubro, es la sanguinaria forma de actuar de los delincuentes. A pesar de los cuantiosos recursos económicos que poseen, el poderoso armamento que pueden utilizar, con redes de intercomunicación tan sofisticadas como las del gobierno, con el entrenamiento que suelen demostrar en sus acciones y una capacidad operativa digna de cualquier ejército, llama la atención que sigan recurriendo a formas de tortura y ejecución que, aunque sanguinarias y variadas, no dejan de ser rudimentarias, prácticamente cosa de bárbaros.
Con la entrada de Los Zetas a la escena criminal, la sociedad vio atrocidades que en su momento sólo se habían visto, al menos en años recientes, en la forma de asesinar de los miembros de la Mara Salvatrucha: machetazos, decapitaciones, desmembramientos y un largo y macabro etcétera. Cierto, publicaciones como Alarma! ya daban cuenta de brutales asesinatos, pero eran casos aislados en los que un marido celoso, una mujer agraviada o un compañero de parranda incurrían en acciones cuyo calificativo más acertado es lo grotesco. Pero lo que sucedió a raíz de la aparición del grupo fundado por Arturo Guzmán Decena al servicio de Osiel Cárdenas Guillén constituyó una contradicción e inauguró una nueva modalidad de nota roja.
Ejecuciones como mensajes
La contradicción que se mostró con el antiguo brazo armado del Cártel del Golfo fue que siendo militares altamente entrenados, con una formación en lo más avanzado en técnicas de combate a guerrillas urbanas y grupos terroristas, con un adiestramiento altamente efectivo en materia de logística, comunicación, inteligencia militar, espionaje y contraespionaje, uso de armas, vehículos y explosivos, vaya, con la capacitación que sólo los soldados de élite poseen, resultó contradictoria la manera tan brutal y bárbara de asesinar y torturar a sus víctimas, y no es necesario describir las atrocidades que han hecho que este grupo criminal sea considerado el más sanguinario en la historia del crimen en México, incluso al grado de que el gobierno estadounidense lo considere una amenaza a su seguridad nacional. Cientos de publicaciones que inundan Internet y otras más de manera impresa, han dado cuenta de los colgados, desmembrados, decapitados, calcinados, cuerpos apilados en lugares transitados para mandar mensajes a sus contrincantes.
En busca de reclutas
Con lo que en 2006 era una ola de violencia pero que a estas alturas ya es un tsunami, pues los demás grupos han adoptado las formas de matar y mandar mensajes del también llamado La Última Letra, se instituyó una nueva forma de hacer nota roja. Hasta hace unos años, las atrocidades eran vistas con mayores cantidades de morbo pues eran casos extraordinarios que daban al imaginario colectivo el aliciente para sus más mórbidas fantasías. Por eso es que publicaciones como Alarma! o Semanario de lo Insólito se vendían, leían y sobretodo, se apreciaban con tal fruición, que casos como el de Diego Santoy (inocente, por cierto) eran masticados y comentados durante semanas, y no sólo por los medios de comunicación, sino por la propia sociedad que incluso planteaba teorías sobre lo sucedido, teorías que daban forma a la opinión pública en estos temas, que eran una suerte de postre a la hora de leer el periódico o ¿de qué otra forma se explica que la sección de política antecediera a la deportiva para rematar con la nota roja? Mi hipótesis es que el lector común hacía corajes con la sección política, se regocijaba con la deportiva viendo los resultados de su equipo de futbol y se daba un baño moral con la nota roja.
Alarma!, el diario de nota roja de más tradición
Eso era en los buenos tiempos de la información sanguinolenta, hoy todo ha cambiado. En primer lugar, ser reportero o periodista de nota roja se ha vuelto un oficio de alto riesgo, a menos que se haga lo que muchas agencias informativas hacen: reportar sólo el accidente automovilístico, la pelea de borrachos que acabó en un muerto y un prófugo, o la nota sobre el violador capturado o el asalto. En segundo lugar, de unos años para acá la violencia se ha democratizado de tal forma, que reportar un ejecutado o una balacera llama la atención del lector sólo si el suceso tuvo lugar en las cercanías de su domicilio o centro de trabajo, pues de otro modo ya no es novedad, sobre todo si el hecho se suscita en estados como Michoacán, Guerrero, Durango, Zacatecas, Sinaloa, Chihuahua, Jalisco, Coahuila, Tamaulipas, Morelos, Nuevo León, Baja California Norte o Veracruz, y ahí tenemos el caso Heaven, que llamó la atención porque los levantados y asesinados eran de la Ciudad de México, los levantaron en un bar de la Zona Rosa y sus cuerpos aparecieron en un rancho. Y aquí valdría preguntar por qué razón, los miles de casos de desapariciones a lo largo y ancho del país no se han resuelto de manera tan rápida y bajo tal presión televisiva; simple, porque en la Ciudad de México, un caso de esta naturaleza sí es un hecho aislado, extraordinario.

Lo anterior sirve para definir el nuevo estilo de la nota roja del que hablaba párrafos arriba. Si hace años estas notas eran la comidilla o el comentario ingenioso de la charla, la nota roja actual, cuando da cuenta de los hechos violentos relacionados con la delincuencia organizada, tiene además un uso estadístico, pues el lector asiduo a esta información o quien tenga un interés profesional o periodístico (que no es menos profesional) sabrá identificar las señales que la violencia da; por lo anterior, las víctimas dejan de cobrar importancia, pues rara vez se sabe quiénes son, por lo que el hecho violento se lee menos como un suceso extraordinario y más como el síntoma de una enfermedad social.

Bienvenido Fausto

El presente periodo de gobierno estatal se ha caracterizado por aspectos que apenas se atisbaban en el de Leonel Godoy: la incertidumbre, la ingobernabilidad, la violencia, la pésima economía, la inestabilidad política y social y el mal que ha venido a acentuar a los anteriores, el vacío de poder. En este sentido, omitiré recurrir a la ya tan trillada etiqueta de “Estado fallido” (recientemente utilizada por el obispo de Apatzingán, Miguel Patiño Velázquez), pues Michoacán no es un país, aunque ese epíteto se ha vuelto popular entre los críticos y los detractores de la actual administración; ergo, Michoacán no es fallido ni como Estado (por la aclaración anterior) ni como estado, porque, en tanto que entidad federativa, no hemos fallado los ciudadanos, lo que ha resultado fallido, ineficiente y hasta omiso es el aparato gubernamental estatal, tal como sucedió en el sexenio de Calderón a nivel federal, aspecto en el que sí se dio un auténtico Estado fallido cuyas repercusiones aún padecemos.
Sabemos de qué manera llegó Fausto Vallejo a la gubernatura, para nadie es nuevo que los poderes fácticos, como se les llama cuando se quiere ser diplomático y cuidadoso, negociaron con su equipo de campaña la gubernatura vaya usted a saber a cambio de qué, y eso se notó al ver una campaña que, a la mitad del proceso, fue de menos a más a pasos agigantados con un exorbitante gasto en propaganda y dádivas de esas que tanto gustan a los acarreados de los mítines de cualquier partido. No fue el mismo caso que el de la campaña de Silvano Aureoles, que fue de más a menos tanto económica como publicitariamente, o la de Luisa María Calderón, que en su calidad de hermana del presidente tenía todo el aparato gubernamental de su lado. Los señalamientos que Cocoa ha hecho hacia el gobierno de Fausto Vallejo no son descabellados ni se deben a que la senadora panista esté “enferma del alma”, y una prueba de ello es un audio reproducido a unos días de ese proceso electoral en el noticiero que conducía Ciro Gómez Leiva en Milenio Televisión; en esa grabación, un supuesto miembro del crimen organizado ordenaba a un operador político de Tuzantla instar a la gente a votar por el PRI. Falso o verdadero, actos como ese levantan sospechas y no se olvidan tan fácilmente.
Entre la incertidumbre ciudadana por el estado de salud del gobernador, éste se fue con licencia del Congreso y prácticamente seis meses estuvo separado del cargo. Durante ese tiempo, Jesús Reyna logró que las aguas mediáticas se apaciguaran un poco, aunque las ejecuciones y los levantones siguieron, con todo y un diputado muerto a machetazos. Pero sucedió algo interesante durante el interinato de Reyna, los autodefensas se fortalecieron, los grupos crecieron y se armaron más y mejor bajo el supuesto cobijo del Ejército y la Policía Federal. Durante ese tiempo, Reyna se dedicó a decir que no pasaba nada, que eran casos aislados.
Ahora que Fausto Vallejo vuelve al poder, la inestabilidad vuelve a imperar en Michoacán pues apenas se anunció su regreso al Solio de Ocampo, los índices de ejecuciones y enfrentamientos se dispararon, con lo cual se hicieron más obvios, toda vez que si en promedio, a nivel estatal los medios daban cuenta de uno o dos sucesos relacionados con el crimen organizado al día, ahora esa cifra se ha multiplicado, con lo que Agencia Esquema, por poner un ejemplo, diariamente da cuenta de un promedio de cinco o seis actos de esta naturaleza; y aunque los medios informativos no lo digan abiertamente, por el modus operandi, el lector fácilmente se puede dar cuenta de cuál fue el móvil, ya que al tratarse de uno o más cadáveres con rastros de tortura, maniatados, arrojados a un predio baldío o un canal o abandonados en un vehículo, con cierto tipo de vestimenta y muertos por balas de determinados calibres, es lógico pensar qué clase de asesinato se cometió, y estos rasgos permiten diferenciar entre un ajuste de cuentas o ejecución y un homicidio por intento de asalto o por viejas rencillas personales.
Lo sucedido el pasado fin de semana, cuando un grupo de comunitarios fue atacado en Apatzingán y varias gasolineras e instalaciones de la CFE también resultaron afectadas, no fue otra cosa que un mensaje al gobernador. Poniendo un poco de atención a los mensajes que el crimen organizado ha mandado al gobierno del estado a través de comunicados, panfletos y mantas, además de los videos en los que ha aparecido su líder haciendo señalamientos velados pero directos, es lógico pensar que el gobierno del estado debe favores que no ha pagado y acuerdos que no ha cumplido, ¿cuáles?, sólo los involucrados lo saben, mientras los ciudadanos vivimos en la zozobra, la incertidumbre y el miedo por no saber en qué momento habrá un ataque, una balacera o un bloqueo.

Frente a Fausto Vallejo se presenta un panorama más complicado que cuando inició su periodo, y eso se debe a diversos factores que entorpecen el ejercicio del poder. Por un lado, el descontento social por la falta de empleos y la mala economía del estado, por el otro, el hecho de que Jesús Reyna realizó cambios en la estructura del gobierno estatal, quizá pensando que alcanzaría a terminar el periodo. Pero también están los problemas con el magisterio, el hecho de estar en los primeros lugares a nivel nacional en cuanto a violaciones a los derechos humanos, las afectaciones que dejó la tormenta tropical Manuel¸ la incompetencia e indiferencia del gobierno federal para atender de forma eficiente los problemas de la entidad, los presidentes municipales que navegan solos ante la falta de recursos para detonar el desarrollo y la creación de infraestructura en los municipios que gobiernan, el Congreso local que predica en el desierto con sus exhortos, la presencia de los cárteles que se disputan el control del estado, los grupos de

autodefensa cuyos líderes han dicho muchas cosas, menos quién les proporciona armamento, vehículos y combustible o de qué privilegios gozan para andar armados con rifles de alto poder a ojos del Ejército y la Policía Federal, todo ello sumado a las sospechas y suspicacias que generó el que Jesús Reyna haya decidido abandonar el barco.
En fin, esperemos que la salud del gobernador esté plenamente restablecida, primero, porque como ser humano, obviamente que no se le desea mal alguno, pero también porque en su calidad de jefe del Ejecutivo estatal, los ciudadanos necesitamos la certeza de que hará su trabajo sin más interrupciones a fin de coadyuvar en la solución a los múltiples problemas que enfrenta el estado, que ni son pocos ni son pequeños.

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