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28 de abril de 2007

Ídolos juveniles al rescate (Sorry por la imagen del negro nazi, pero no hayé imágenes del programa en cuestión y esto fue lo más estúpido que hayé)


El grupo de papanatas que conducen un programa juvenil en el canal 5 de Televisa, de repente fueron invadidos por un sentimiento Green Peace: vestidos como empleados de granja didáctica (de esas a donde los niños del Distrito Federal son llevados para aprender que la carne alguna vez perteneció a un ser vivo), se lanzaron a la aventura de sus vidas: darle un futuro digno a una oveja, salvar de la muerte a un cerdo y liberar animales en cautiverio.

Para el primer rescate, fueron a una granja (llegaron en su Hummer, claro) y supuestamente a hurtadillas, lograron internarse hasta el área donde las “pobres ovejitas son encerradas para luego arrancarles la piel –no wey, sólo las rapan dos veces por año”, corrige el que sí se tomó la molestia de averiguar de qué manera son masacradas las ovejas, mártires del invierno. Ya con la oveja en su poder, la llevaron a un exclusivo spa y en la estética del lugar se le dio una ducha, se le hizo pedicura, se le pintaron unos rayos y luces en la lana y, para darle aun más dignidad, le pusieron una gorra y un suéter (quiero ser optimista y pensar que dicha prenda era de algodón). Se preguntará, querido lector, cómo es que una oveja fue atendida en un spa, bueno, con dinero baila el perro y el encargado del establecimiento se movió como nadie con mil quinientos pesos de por medio.

El segundo heroico rescate realizado por los altruistas conductores de Wax: televisión ácida, tuvo lugar en un rastro, lugar que ellos prefirieron llamar “matadero, ya que los pobres cerditos vienen a que los maten”. En el rastro, el encargado fue sometido a una serie de inquisitivas preguntas tales como “¿los cerditos ya están muertos cuando los sacrifican?”, “¿siempre huele así?”, “¿usted come cerdo? Qué desgraciado”, “¿cuánto quiere por permitirnos rescatarlo (al cerdo (el otro)) de las garras de la muerte? ¿Mil? Con dinero baila el cerdo”. Después del rescate, al cerdito le fue otorgada la dignidad que se merece: igual que a la oveja, lo vistieron con una boina a cuadros y un bonito suéter a rayas. Una vez vestido como el más distinguido y elegante espécimen de caballero porcino, lo condujeron a un establecimiento donde venden tacos de carnitas y chicharrón; ahí, mientras lo sujetaban con una cadena, los conductores asediaron a los comensales preguntándoles si no les importaba que la carne que comían hubiera pertenecido a una animal muerto; claro, seguramente ellos sólo comen carne de animales vivos. Como los clientes del local no se inmutaron al ver al cerdito vivo y a más de alguno se le antojó la cochinita pibil, los conductores decidieron mandar a una sección del programa (previamente grabada) donde tradicionalmente son los seres humanos quienes pierden todo respeto por sí mismos, a eso sí estamos acostumbrados en este tipo de programas. En este caso, se trató de un torneo de calzón chino (otras veces ha sido de cachetadas con nopales, reglazos en las piernas, bofetadas, etc.).

La intención del tercer rescate, dada la osadía, fue verdaderamente un acto digno de la más alta condecoración militar: liberar a los animales de un circo. Obviamente, entre el rescate y embellecimiento y ropa de la oveja, el rescate y vestido del cerdo, la gasolina y las entradas al circo, se les acabó el prepuesto asignado para esa emisión así que, al ver que el mono era hostil y el elefante no cabía en el Hummer, desistieron, no sin antes exhortar a los televidentes a rescatar animales porque, y esto lo dejaron asentado como reflexión final, “no es justo que mantengamos animales en cautiverio, los sacrifiquemos y encima nos los comamos”. Tan sabias palabras me conmovieron tanto que después de escribir esto, le sacaré punta a un palo de escoba y me iré al cerro a cazar la cena, eso mientras aprendo a arrancarle pedazos a un animal para comer sin matarlo “tanto”.

Usted se preguntará lo mismo que yo me pregunté: si tan malo es el programa, ¿qué carajos hacía viendo Wax? La respuesta-excusa es simple: no sé, soy generación TV así que cualquier monitor o pantalla encendidos de inmediato llamarán mi atención; salvo en el caso del fútbol (que particularmente detesto), no importa si es una buena película o el tablero de llegadas y salidas en un aeropuerto.

Al ver este programa recordé cuando, por cuestiones de horario, prendía la televisión de la cocina para no almorzar en silencio puesto que a esa hora mi casa está sola. En aquel entonces, alcanzaba a chutarme casi una hora de Con sello de mujer. En ese programa, una vez las conductoras discutían sobre el sobrepeso y tiraban pestes de los hombres a los que nos gustan las mujeres delgadas; su argumento: el físico no importa ya que lo verdaderamente valioso es lo espiritual. Una semana después, invitaban a las televidentes con sobrepeso para que les enviaran su historia de vida como mujeres gordas, la mejor historia ganaría el premio en disputa: un tratamiento para adelgazar que incluía asesoría psicológica, ejercicio, el apoyo de un nutriólogo y visitas al spa para someterse a diversas técnicas de reducción de tallas y cuidado de la piel. La convocatoria surtió efecto y el programa se llenó de señoras con sobrepeso llorando frente a las cámaras, aquello se convirtió en Laura en América.

Lo he dicho y lo sostengo: la culpa no es sólo de las empresas, a final de cuentas dejan al aire los programas que alcanzan buenos niveles de audiencia; y aunque los detractores de la Ley Televisa pongan toda la culpa en los magnates del entretenimiento (por neoliberales e imperialistas, palabras que nunca faltan) y no lo quieran aceptar, la televisión es sólo es un espejo donde como sociedad nos reflejamos; así pues, tenemos la televisión que merecemos pero, pregunto: ¿acaso es mucho pedir un poco de congruencia, y lo que es más, respeto a la inteligencia del televidente?

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