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13 de enero de 2010

Clichés telenovelados

No es la primera vez que lo digo, no soy el primero en hacerlo: tenemos la televisión que nos merecemos. Y es que como diría el escritor español Jaime de Armiñán: “modestamente, la televisión no es culpable de nada. Es un espejo en el que nos miramos todos, y al mirarnos nos reflejamos”. Inicio con esta reflexión porque resulta escandaloso hasta qué punto el duopolio televisivo mexicano (léase también como la dupla mediática Azcárraga-Salinas) lleva décadas dándole al televidente grandes dosis de pan con lo mismo.
Todo lo anterior viene a cuento porque hoy, mientras desayunaba (¡chin! La tele de la cocina no tiene tele cable), la actriz de TV Azteca, Ivonne Montero (WOW!) hablaba sobre el melodrama culebronezco que está por estrenar dicha televisora titulada La Loba, y de la cual ella es la protagonista. A decir de la actriz, “no es la típica historia de la pobre enamorada del rico, porque hay por ahí un secreto que cambiará el curso de la historia”. Sin ir más lejos, vayamos a su anterior incursión en el género melodramático titulado nada más ni nada menos que ¡Secretos del alma! En el que ella es una exitosa ejecutiva de clase media enamorada del multimillonario dueño de la empresa, pero ella tiene un gran secreto que podría acabar con su carrera, alejarla del amor de su vida y, por ende, cambiar el curso de la historia.
Si nos vamos a la historia de las telenovelas, revisamos cada una y quitamos los nombres, ocupaciones, lugares y contexto temporal, nos queda un formato general al que sólo se le hacen cambios minúsculos. Veamos otro caso. A mediados de los noventa, se transmitió en México la telenovela colombiana Café con aroma de mujer. La trama, grosso modo es esta: el hijo del dueño de la hacienda se enamora de una recolectora apodada Gaviota. Él se va a Londres, ella lo sigue camuflageada d prostituta a la que (jejeje) ningún hombre le pone una mano encima (sí, claro) para después regresar con una nueva identidad y colocarse como secretaria en una gran empresa cafetalera (donde resulta que el gerente es el galán de la historia). Ella asciende en el escalafón hasta obtener un importante puesto en el organismo rector del café en Colombia. Una historia de celos e intriga plagada de lágrimas, café y boleros rancheros.
Años después esta historia fue adaptada en México por TV Azteca. Lo único que cambió es el contexto geográfico pero fue exactamente lo mismo, probablemente los diálogos fuesen iguales con la diferencia de que en la producción del Grupo Salinas la protagonista era Paloma (aves blancas las dos, a final de cuentas). El resultado, una historia de celos e intriga plagada de lágrimas, café y boleros rancheros.
Años después esta historia fue readaptada en México pero ahora por Televisa; pero los creativos de San Ángel fueron más audaces: imaginémoslos en una mesa, pensando qué cambiar para que la historia fuera diferente (la protagonista volvió a ser Gaviota, ahora flamante novia del presidenciable Peña Nieto) y ¡Eureka! En lugar de café optaron por algo bien mexicano, algo muy nuestro y en lo que se viera reflejado nuestro México rural de Allá en el Rancho Grande: tequila. Todo fue exactamente igual pero en lugar de poderosos magnates del café, el contexto fueron los poderosos magnates del tequila y la Gaviota, de sensual y pendenciera recolectora de café, pasó a ser una sosa princesa bucólica jimadora de los campos jaliscienses. El resultado, una historia de celos e intriga plagada de lágrimas, tequila y boleros rancheros.
Volviendo al tema de Ivonne Montero, en esa misma entrevista dijo que está por dar a conocer su disco. Como era de esperarse, trabajará sobre el género de la cumbia tex-mex facilona y pegajosa que no exija grandes dotes interpretativos ya que, para quien no está empapado de tan doctos temas, ella es muy guapa, es una actriz regular pero como cantante pues, híjole, no hagas eso niña, no lo hagas por el amor de Dios. Entonces, se puede augurar su destino en la industria (más industriosa que nunca) de la música: el disco saldrá a la venta en cuanto se estrene la telenovela para así jalar tanto televidentes como escuchas. A la par de esto y dadas las características del género y de la propia celebridad, no esperemos un Auditorio Nacional a reventar ni un abarrotado Palacio de los Rebotes; su carrera musical se basará únicamente en presentaciones en programas de revista de TV Azteca (por aquello de la exclusividad) y presentaciones en palenques, donde el público masculino no irá a escucharla cantar, sino a verla moviendo el trasero y el busto de donde, lo sabemos, nunca saldrá un Do de pecho (pero ni falta que hace); y el público femenino acudirá ya sea porque el marido quiere ir y ya compró los boletos o movidas por el fanatismo instantáneo y efímero que generan las telenovelas en turno. ¿Cuántas celebridades hacen eso? Veamos: Maribel Guardia, Ninel Conde (el bombón asesino, ¡no me jodas!), Lorena Herrera, la mismísima Gaviota de Televisa, Niurka, las RBD, los súper intelectuales de Sólo para mujeres y un largo etcétera.

Señores Salinas Pliego y Azcárraga:
Hasta cuándo en México habrá entretenimiento cuya calidad no sea tan deleznable, hasta cuándo pondrán a sus creativos a realmente ser lo que su denominación proclama, hasta cuándo dejarán de dar al mexicano promedio atole con el dedo para realmente ofrecer programación propositiva, innovadora o por lo menos más inteligente. Hasta cuándo dejaremos de instalar tele cable o televisión de paga porque en sus televisoras los horarios están plagados de vomitivos que sólo refuerzan la idea de que la TV es la caja idiota.
Conciudadanos, conciudadanas, televidentes todos:
Hasta cuándo tomaremos el control remoto y lo usaremos para lo que realmente sirve: cambiar de canal o de plano apagar el televisor si no nos ofrece algo digno de seres pensantes y capaces de decidir. Hasta cuándo dejaremos de comer pan con lo mismo y tomar atole con el dedo. Hasta cuándo dejaremos de creer que basura como La rosa de Guadalupe, Mujer, casos de la vida real, Lo que callamos las mujeres, ¡Muévete!, y las telenovelas son entretenimiento de calidad.

Ya me encabroné, mejor me callo.

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