
Todos los pensamientos se asemejan
a gemidos de una lombriz pisada por
los ángeles.
E.M. Cioran
Sentado en el quicio de una puerta esperando a que la enfrente se abra, junto a un niño que a sus cinco años ya comparte conmigo el hartazgo de este mar de rostros ambulantes, y ruido de camiones, sirenas y pasos a destiempo.