
en carreras y gritos
que nos han llevado
a la única ventana
que nunca cierra:
la de seguir bebiendo
sin otra motivación
que seguir en la calle.
No somos gran cosa:
alacranes devorando
la vida que nos parió.
Hemos olvidado el llanto,
ahora sólo tenemos
sangre fermentada
con algo de ceniza
bajo el paladar.
Los amigos muertos
descubrieron a tiempo
que a la décima cerveza
todo es lo que parece,
y el margen de la carretera
no impide abrir senderos
hacia mejores lugares.