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18 de octubre de 2006

Carmen Luvana



Me acerqué a comprar unos cigarros y ahí te conocí. En cuanto te vi sólo pude pensar en una cosa y tenía que hacerla a como diera lugar. Me acerqué más para verte mejor y vi que en tu identificación decía “Carmen Luvana”. Te quería sólo para mí y tú no tuviste inconveniente alguno en ello, fuiste a mi casa en cuanto te tomé. A pesar de la manera furtiva en la que te metí a la mochila, me sentía orgulloso ante la oportunidad de ver desnuda a una mujer como tú. Llegamos a mi ca sa, cerré la puerta con llave, me desnudé y te hice el amor dos veces sin parar.
Ha pasado un mes desde que te conocí y varias noches a la semana, si no estoy cansado o borracho, me pierdo en tu anatomía. Otras veces simplemente me limito a verte hacerlo con otros hombres y mujeres; eso no me incomoda pues he aprendido que cualquier cosa que te vea hacer es puro cuento.
Oh Carmen, cuánto te amo, cuánto te deseo. Me encantas, me gusta que nunca uses ropa interior o que te desnudes en dos segundos. Ya sé lo que se dice de las rubias; yo no soy un caballero pero igual te deseo; me gusta tu cuerpo, si me gustara tu inteligencia nos la pasaríamos platicando y nunca cogeríamos. Me encanta que me hables en inglés, si hablaras mi idioma sonarías a puta española y no tendrías el mismo encanto.
Oh Carmen, haz todo eso que me gusta. Móntate en mí, cabálgame que yo te llevaré hasta donde quieras. Abofetéame con tus senos de roca.
Pinche Carmen, qué puta eres; y yo, como un perro, lamiendo cada pliegue de tu cuerpo y besando tus cuatro labios. Estoy por terminar, ya viene, chorros y chorros de mí en tu honor...
Pero nunca falta el inoportuno que llama a la puerta cuando más cerca estoy. Ni hablar, tendré que apagar la video y fingir que me interesa lo que López Dóriga informa.

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