“Nada es tan desalentador como un
esclavo satisfecho”.
Ricardo Flores Magón
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Dip. Juan Carlos Orihuela Tello |
Lo decía Raúl Mejía en su columna de
esta semana: “Podrá no haber método, estrategia, plan, ruta crítica,
cronogramas con metas y logros precisos, pero una cosa no ha de faltar: echarle ganas”. Inicio citando a maese
Mejía porque en el Congreso local (a juzgar por su página de Internet) hay una
especie de contador de iniciativas, puntos de acuerdo, reformas,
participaciones ante el pleno y demás actividades legislativas que cada
diputado debe realizar para no pasar por holgazán, para no poner en vergüenza a
su bancada o ya de plano para justificar la quincena y los privilegios con que
el Legislativo dota a sus integrantes. Y es así como cada semana vemos desfilar
propuestas de iniciativas o de nuevas leyes que rayan en la ocurrencia (salvo
algunos casos plausibles y hasta necesarios), en el mero echarle ganas a eso de la legislada
para pasar lista y cubrir la cuota de rendimiento y eficiencia que en todo
trabajo se requiere para mantener el empleo.

Pero el diputado no lo decía en ese
sentido, él utilizó, según la nota que leí, el término “acarrear”. Para quienes
no estén al tanto de lo que significa ese extraño y casi nunca visto fenómeno
del acarreo, se refiere a llevar con engaños, promesas o remuneración de por
medio a grupos de gente para que llenen plazas, calles, foros o urnas. Los
engaños pueden ser tan simples como llevar contingentes antorchistas a una
supuesta
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Sofía Castro, hijastra de Peña Nieto |
Pero mi pregunta es ¿Por qué la
iniciativa del diputado sólo incluye a menores de edad? Orihuela Tello también
debería incluir el acarreo de adultos a los mítines y protestas y a los eventos
presidenciales, si es que Peña Nieto se digna a venir a Michoacán para recibir
el amor de su pueblo. Si yo fuera diputado propondría penalizar el proporcionar
camiones, propaganda y refrigerios a los militantes de los partidos políticos
con dos fines esenciales: uno, poder ver, a efectos de medición, qué candidato
o qué partido realmente tienen poder de convocatoria sin dar nada a cambio, con
militancia pura y comprometida para así saber realmente el peso social que la
clase política tiene en este país, y para ilustrarlo pongo un ejemplo: cuando
López Obrador vino a Morelia con motivo de su última campaña por la Presidencia
de la República, desfilaron Lázaro Cárdenas Batel, Minerva Bautista, Raúl Morón
y demás personalidades del perredismo estatal y moreliano, todos se llevaron
sendas rechiflas por parte de una concurrencia cuya reducida minoría era la
única que portaba banderas y playeras partidistas, pues el grueso de quienes
ahí estaban lo hacían sin más consigna que el apoyo honesto al candidato
presidencial, y era a quien deseaban escuchar, era por quien estaban ahí. El
segundo objetivo de prohibir el acarreo en todas sus formas sería el
considerable ahorro para el IFE y el IEM, y por ende, para el país y en
particular para el estado, pues en México, los partidos políticos son un barril
sin fondo en materia presupuestal por las partidas asignadas a cada instituto
para pago de nómina, gastos, espacios en medios de comunicación y, cuando se
avecina un proceso electoral, el majadero, insultante gasto en publicidad,
propaganda, mapaches, operadores
políticos y movilización antes y durante la contienda, lo que constituye
acarreo puro.
Pero
volviendo al tema de los menores acarreados aludidos por Juan Carlos Orihuela,
no debemos olvidar que cuando un niño o adolescente está en un mitin político
es porque sus padres lo llevaron, y ese es uno de los detonantes para que el
futuro adulto adopte una postura de filiación política. Creo que el hecho de
que un niño asista, siempre vigilado por los padres y sin poner en riesgo su
salud, a un evento de esa naturaleza, también forma parte de su educación
cívica para que desde la infancia o la adolescencia se forje con ideales que
quizá se refuercen y tomen forma con el paso de los años, con la educación y la
madurez que a veces da el tiempo, eso sólo si los padres son militantes
comprometidos y convencidos y no cazadores de tortas y playeras.
El
asunto es que, por mucho, esta iniciativa luce ocurrente, como una buena
puntada de un legislador que, sin denostar su trabajo, le echa ganas a eso de
legislar; y estoy seguro de que ésta, como muchas otras, pasará al archivo de
las iniciativas curiosas que nunca se dictaminan aunque se pase de una
Legislatura a otra, pues la mayoría de los diputados siempre tienen mejores
cosas qué hacer, como lucir bien ante los medios, debatir sobre la decoración
de su recinto y aprobar un presupuesto con el que los mayores beneficiados son
los propios intereses de la clase política. Por lo pronto y si otra cosa no
sucede seguirá existiendo la figura del acarreado de todas las edades y a
cualquier precio, pues el candidato en turno debe mostrar el músculo a sus
adversarios y detractores, aunque para ello gaste millonarias sumas de dinero
de su partido y de simpatizantes que después cobrarán el favor, pues un
político pobre es un pobre político.