



La más noble función de un escritor es dar testimonio, como acta notarial y como fiel cronista, del tiempo que le ha tocado vivir. Camilo José Cela
Y si jugáramos, sólo durante un ratito, a llamar a las cosas por su nombre? Estoy enfermo. Soy un minusválido social. Sufro de una dolencia extraña a la que los jueces del Santo Oficio de la Corrección Política llaman discriminación positiva. ¿Qué será eso?
Discriminar significa, según el diccionario, distinguir o diferenciar y dar trato de inferioridad a alguien por motivos raciales, políticos o religiosos. De ello se deduce que no cabe discriminar positivamente a nadie, so pena de incurrir en una contradicción gramatical análoga a la de todos esos políticos, periodistas y tertulianos que hablan de discrepar con. ¡Caramba! Creía yo, hasta ahora, que se puede discrepar de o en, pero… ¿discrepar con? Sería eso como follar sin. O sea: algo imposible, a no ser que quien discrepa con opine que follar es masturbarse.
Transijamos, empero, con (ahora, sí) el chirriante solecismo. Discriminar positivamente equivaldría, entonces, a lo que hasta hace poco se consideraba -y se llamaba- trato de favor. Y todo lo que favorece a alguien, en pura lógica, perjudica a otros, ¿no? Soy uno de ellos.
Y no sólo yo, lo que para el resto del mundo carecería de importancia, sino también otras muchas personas, negativamente discriminadas todas ellas por las leyes que impone y las costumbres que propaga la ideología hoy dominante.
¡Ay de quien en los Estados Unidos -es un ejemplo- pertenezca ahora a la otrora casta superior de los wasp (blancos, anglosajones y protestantes)!
¡Ay de quien en La India actual -es otro ejemplo- haya nacido brahmín y no paria! Condición, esta última, casi inexcusable para conseguir una beca, un puesto de funcionario, una subvención, una limosnita pública, una cucharadita de sopa boba.
El mundo, por lo visto, no tiene arreglo: las injusticias se reparan con injusticias, se quita el sillón a unos para poner a otros, no para que los otros y los unos estén sentados. Quien se fue a Sevilla…
¡Y ay de quien en la Expaña (con equis) de Zapatero no haya nacido, como es mi caso, qué mala pata, al sur del Estrecho, al este de Estambul o en las cercanías de los Andes y esté, además, sumido en el error teológico de no rezar cinco veces al día mirando a La Meca!
Es curioso. Lo digo porque hay, al parecer, una infinidad de ecuatorianos, marroquíes, senegaleses, palestinos y chinos -valga la muestra- deseosos de llegar cuanto antes a ser españoles de pleno derecho (lo que es, por su parte, locura, pues siéndolo perderían estatus y privilegios, convirtiéndose en ciudadanos de segunda), mientras yo, siempre con los pies fuera del plato, contemplo la posibilidad de hacerme chino, palestino, senegalés, marroquí o ecuatoriano para ver si así recupero la plenitud de mis derechos civiles y dejan de discriminarme negativamente.
Tampoco sería mal sistema para conseguir lo mismo salir del armario, transformarme en mujer o convertirme a la única religión verdadera. Ya saben a cuál me refiero. Alá es grande.
Oí decir el otro día a una contertulia en el programa de Luis del Olmo que los españoles no son xenófobos, y yo, contraatacando, argüí, y así lo pienso, que si no lo son aún, o lo son sólo por lo bajinis, muy pronto, tal como van las cosas, lo serán a grito abierto. La avalancha de inmigrantes y la permisividad y miramientos con la que se les acoge es pan demagógico, clientelista y bobaliconamente buenista para hoy, y hambre de racismo y fascismo para mañana. El Le Pen ibérico está al caer. En otros países de Europa, y no sólo en Francia, ya lo ha hecho. Ley de mercado: donde hay demanda, aparece la oferta. El franquismo nos vacunó contra eso, pero los efectos de la vacuna están a punto de caducar. La izquierda zapaterista (y buena parte de la europea. Sólo se salva Blair) es, en estos momentos, sépalo o no, el caballo de Troya del fascismo. Al tiempo, señores.
Hablan Zapatero y los zapateristas, siempre tontiastutos (homenaje a Ferlosio), de alianza de civilizaciones, incurriendo al hacerlo en un desatino histórico, filosófico, ideológico y religioso de tal calibre que cualquier comentario al respecto sobra. Lenin dijo que los capitalistas eran tan idiotas y tan mercachifles que acabarían vendiendo a los comunistas la soga con la que éstos los iban a ahorcar. A punto estuvo, por cierto, de tener razón. Hoy, en todos los cubiles del integrismo islámico, talibanes barbudos con dobles cananas y kalashnikov en bandolera se frotan las manos y se tronchan de risa por la necedad de los infieles cada vez que el ulema Zapatero se anuda la cufiya, sube al púlpito de la mezquita o trepa al minarete y lanza su prédica en algarabía.
Europa, como dice la Fallaci, es ya Eurabia (y Madrid, Nairobi), y el ayatolá de La Moncloa, ayudado por el gran visir del palacio de Santa Cruz, es su profeta. La tragedia de la Historia, escribió Marx, se repite siempre como farsa, y en ella, metidos desde el capullo circunciso hasta el turbante sarraceno, andamos. Vuelven las cruzadas, que son siempre mal asunto, sólo que al revés. Donde las dan, las toman; donde las dimos, las tomaremos. Empieza la revancha de Lepanto. Alá, en efecto, es grande.
¿Puerto de los Cristianos o puerto de los Paganos? ¿En qué continente están las Canarias? ¿Y las Españas? ¿Dónde termina Europa y empieza África? ¿En los Pirineos, como se decía antes, o en Despeñaperros, como dicen que dijo Curro Romero? ¡Mira tú que si ahora resulta que los franchutes -adjetivo políticamente incorrecto y negativamente discriminatorio, lo sé, pero así los llamaban antes mis ex compatriotas- tenían razón! Pero quia… Tranquilos todos. África empieza en París, ciudad siempre cosmopolita (¡qué digo! Multiculturalista, como lo es la antitaurina Barcelona que ahora se postra ante el burro bravo) e indiscutible capital de Eurabia. El mundo de ayer, amigo Zweig, se ha ido al carajo. Los mapas que estudié de niño ya no sirven para nada.
Giovanni Sartori, en su libro sobre La sociedad multiétnica (Taurus), sostiene que el trato dado en nuestro país y en el suyo a los sin papeles conculca la legalidad vigente y es incompatible con el Estado de Derecho. Otro día hablaré de tan embarazoso asunto.
A Japón han llegado en los últimos 12 meses 15 inmigrantes. Sí, sí, 15. Es dato oficial que publica el Asahi. Allí no se andan con chiquitas. Las leyes se cumplen. Es un Estado de Derecho.
Dicen que Zapatero, con tanto trajín, sólo lee los viernes, día de oración, a mi amigo Suso de Toro y todas las noches, de rodillas al pie de la cama, unos sutras del Corán. Le aconsejo que saque tiempo, por el bien de sus gobernados y por el mío propio, para echar una ojeada a otro libro: Rubicón, de Tom Holland, (Planeta). Así se enterará de cómo Roma dejó de ser un Estado de Derecho -figura jurídica que ella misma había inventado-, y empezó a discriminar positivamente a los ilegales que cruzaban el Rhin a bordo de pateras y cayucos o salvaban los Alpes sobre la grupa de lo que aún no eran caballos de Atila, y merodeaban luego, sin papeles, por las vías de la metrópoli, a partir del instante en que un legionario -León viene de legión- y déspota multiculturalista que se llamaba Julio César cruzó el río más infausto de la Historia. Fue, de hecho, ese progre del Foro quien concedió a los galos y a otros naturales de extramuros el derecho de ciudadanía. Aquella tragedia se repite ahora como farsa. Zapatero -¡Ave, César!- está a punto de imitar a éste, de cruzar el Rubicón del Atlántico y los Alpes de los Pirineos, y de conceder el ius civilis -no sólo el ius gentium, que es cosa razonable- a quienes allanan las fronteras y nos okupan con el exclusivo objeto de mantenerse, mediante el empujón de esos votos, en el poder. Eso, en román paladino y a los ojos de quienes creen -no es mi caso- que la patria es madre (y, por su etimología, padre), tiene nombre. Se llama parricidio. O quizá, doctores tiene la judicatura, traición.
Fernando Sánchez Dragó
2 de septiembre de 2006
Si hacemos a un lado los problemas políticos por los que ha pasado el país en los últimos años, nos daremos cuenta de que posiblemente este sexenio (el de Foxtopía), sea quizá el más divertido en la historia de México; por tal motivo, estimado lector, he aquí sólo unas de las perlas foxistas. Vicente, te vamos a extrañar!!!
"Tengo las botas bien puestas en la tierra y a la realidad la veo de frente y nunca le doy la espalda"
Afirmó Fox en su discurso de toma de posesión como Presidente, en diciembre del 2000
"Ahora sí me siento cargando la piedra del Pípila, o más grande, cargando esta responsabilidad"
"Todavía no daremos a conocer el gabinete, vamos a darle emoción; es como las mujeres cuando están bailando: si llegan a enseñar tobillito nada más, es cuando se pone bien la cosa"
Antes de destapar los nombres de quienes conformarían su gabinete en noviembre del 2000
"Honestidad, trabajar un chingo y ser poco pendejo."
En respuesta a la pregunta: ¿qué le ofrecía a México?, abril de 2000
"PEMEX es igual a la virgen de Guadalupe, son símbolos para los mexicanos que deben manejarse con mucho cuidado",
Comparación que hizo el Presidente en marzo del 2000
"Así como me ven de rancherito y con botas, también sé ser estadista y gobernante, y también sé cuándo usar traje y hablar bonito."
Así se refiere Fox a su imagen como nuevo Presidente, el 21 de febrero de 2000
"Cambiemos de raíz sin cambiar las raíces"
Aseveración de Fox del 5 de febrero de 2001
"Sí hice muchas travesuras de chiquito y las ando haciendo también de Presidente",
Declaración del Presidente durante el Día del Niño en abril del 2001
"Ni se crean que tenemos un cuartote lleno de dinero para ver qué se ofrece y cómo apoyamos"
Señaló el Presidente ante indígenas huicholes, coras y tepehuanos, en septiembre del 2001
Declaró Fox sobre el Subcomandante Marcos, en abril del 2001
"Los mandatarios no pueden detenerse porque el mundo se tiene que mover",
Así respondió Fox a los cuestionamientos sobre viajes al extranjero, el 9 de octubre de 2001
"Se sienten ñañaras",
Respondió Fox a la pregunta ¿qué se siente al ser presidente?, que le hiciera una niña el 11 de enero del 2002
"A María Félix la recordaremos como la gran impulsora que fue del cambio democrático del país",
Así se expresó el Mandatario durante el velorio de María Félix, en abril del 2002
"Son asuntos personales, nomás veme la cara de sonrisa que tengo y con eso tú juzgas",
Respondió el Presidente Fox a quienes preguntaron sobre su matrimonio con Marta Sahagún, en julio del 2002
"Boyas ancladas al fondo del mar con grandes cadenas".
así se refirió Fox a los obstáculos que enfrentaron algunas instituciones al inicio de su administración, el 17 de marzo del 2004
"Hay todavía una enorme cantidad de buzos allá abajo, con su soplete, con su martillo, con su cincel, trabajando fuerte por lo mucho que nos falta por hacer."
Dijo Fox en el lanzamiento del programa de Apoyo a Emprendedores de Nafin, el 17 de marzo del 2004
"Nosotros no nos hacemos bolas ni estamos perdidos en ese tema"
Dijo sobre el caso de corrupción desencadenado por el empresario argentino Carlos Ahumada, el 13 de mayo del 2004
"Traemos mucho argüende"
Así se refirió Fox al gremio de los políticos el 4 de junio del 2004
"Al mismo Jesucristo se le fue uno entre los 12, aquí también se nos fue uno, ni modo",
Dijo Fox Al minimizar la salida de su ex vocero Alfonso Durazo Montaño del gobierno Federal, el 9 de julio del 2004
"La democracia no puede ser sólo gritos y sombrerazos".
Así lo dijo el 30 de julio de 2004.
"Está en su punto, diría yo, está de primera, está de pelos como dicen los chavos"
Fox referencia al papel del Ejercito en Chiapas, en enero de 2001.
"Y yo por qué?..."
Así respondió el presidente cuando alguien le pidió su opinión sobre el conflicto entre Televisión Azteca y CNI Canal 40, en enero del 2003.
"En 15 minutos resuelvo el problema de Chiapas"
Esa sentencia la confirmó el día que fue elegido Presidente de México y respondió telefónicamente la felicitación que le hizo Juan Carlos I de España.
"Muchas gracias, mi rey"
Un poco después, en marzo de 2001, un Fox todavía optimista declaraba:
"Marcos está invitado a los Pinos el día que quiera"
Sin embargo, ya en noviembre de 2002, el tono de la respuesta fue más triste:
"Yo dije que iba a solucionar en 15 minutos el problema de Chiapas si Marcos y los zapatistas estaban dispuestos, a su vez, también a llegar a la paz".
En la inauguración del segundo Congreso Internacional de la Lengua Española, en Valladolid. 16 de octubre de 2001, cometió lo que se considera uno de sus mayores deslices orales (se respeta la puntación original):
"Pero mil años no son demasiados si los contraponemos con el tiempo que auguramos a la pervivencia de los ideales de paz de justicia, de libertad, encarnados por Don Quijote de la Mancha, que de Miguel Cervantes a Octavio Paz, de Sor Juana Inés de la Cruz a Gabriela Mistral, de Simón Bolívar a José Luis Borgues han anhelado los más claros hombres y mujeres que ha dado nuestra lengua"
No hay que olvidar la confusión de cargos y premios que Fox tiene de los escritores.
"He tenido trato con personalidades, como los premios Nóbel Carlos Fuentes, Octavio Paz..."
Cuando Fox sale a la calle, aparecen los momentos de más color para la posteridad. Así sucedió cuando felicitó a una señora por no leer el periódico el 11 de febrero de 2002.
"-¿Cómo ven? ¿Cómo la llevo?
"-Bien, bien...
"-Jalando bien, ¿verdad? Ustedes no leen al periódico, por supuesto.
"-No, pos yo ni sé leer, ¡pero en la televisión sí lo veo!
"-¡Mejor! Va usted a vivir más contenta."
En otras ocasiones, Fox realiza tareas de jefe de redacción con la prensa maldita:.
"¿Cuáles criticas, cuál PAN? El diputado no es el PAN, no se hagan, no sean buscabullas... ¡Saquen buenas noticias! ¡Trabajen para su propio país, trabajen para ustedes mismos! ¿Quién les ha dicho que la nota siempre es lo negativo? La nota es lo positivo, el ánimo, la alegría, la esperanza".
"Yo les doy la entrevista, hablamos, siempre y cuando me cubran la nota del dia; entonces dos notas, una la que ustedes digan y otra la que yo hago".
Claro que sí (me interesa la presidencia)... pero me da güeva eso de hacer campaña. Me encabrona que me toque la gente".
"Quizá haya gente que piense que no soy tan inteligente, y a lo mejor que tampoco soy tan antipático como parezco".
"Arrogante sí soy pero no prepotente".
"Fox. Fidel, ¿te puedo pedir otro favor?
"Fidel. Dígame.
"Fox. Que estando en casa a mí me serviría muchísimo que no hubiera declaraciones sobre el tema de la embajada o de las relaciones México-Cuba o de ese evento que vivimos en estos días pasados.
"Fidel. No tengo ninguna necesidad de hacer declaraciones allí.
"Fox. ¡Qué bueno!
"Fidel. Dígame, ¿en qué más puedo servirlo?
"Fox. Pues básicamente no agredir a Estados Unidos o al presidente Bush, sino circunscribirnos... Fox. Me acompañas a la comida y de ahí te regresas.
"Fidel. Y de ahí cumplo sus órdenes: me regreso.
"Fox. Fidel, te agradezco muchísimo.
"Fidel. Muy bien, Presidente.
"Fox. Nos van a salir bien las cosas así."
(Conversación previa a la cumbre de Monterrey, abril de 2002).
"La democracia no puede ser sólo gritos y sombrerazos".
Así lo dijo el 30 de julio del 2004.
"Los migrantes mexicanos hacen trabajos que ni siquiera los negros quieren hacer". Mayo del 2005
"El 75% de los hogares de México tienen una lavadora, y no de dos patas o de dos piernas, (sino) una lavadora metálica".
Comentario que enfureció a los legisladores, diciendo que fue un comentario "sexista", el 8 de febrero del 2006.
"Digo cualquier tontería, total, ya me voy"
Voz de tequila blanco
gritando el amor,
manos como soles
para envolver un mundo
herido en su hondura.
Platícame tu rabia
Chavela querida,
llévame de la mano
por el sendero estrecho
de tus ojos pequeños.
Desgárrate Chavela
que esta noche quiero
el estruendo de tu voz
para romper las ventanas
de mi casa fría.
Tu canto es el mezcal
con que la luna se emborracha
hasta caer redonda
por las mejillas dela noche
y al final acurrucarse
en el alba de tu poncho.
Galería del Café (O el Café de no-pasa-nada)
07/Oct/'06
So I gotta be down with the hood team,
too much television watching got me chasing dreams.
Coolio
Con la culpa en mi garganta
mientras beso el cigarro,
se me antoja una escopeta
para fundir las luces
y entretener las manos.
Dejando en los corredores
una estela de madres rotas
y cristales preocupados,
devolveré a la escalera
su quietud primigenia.
Que a cada disparo caiga
el casquillo humeante
de mi angustia cotidiana.
Sentado en una banca,
mi afición al caos despierta;
quizá deba salir
para conocer el sol.
A Danka/Bond: iniquidad y dilema.
Deberíamos morir a solas,
sacar el frasco del odio
y quedarnos en la cocina
hasta fermentar el aliento.
Hay que desocupar los cajones,
subastar el librero,
aventar desde un campanario
los besos añejados en la piel
y los amores claroscuros;
tirar a la basura cualquier despojo
de nuestras torpezas y fracasos.
Sería mejor morir a solas
sin molestar a parientes y amigos.
Pero contra toda sensatez,
devotos nos afanamos
en alzar las hojas del otoño
y desgajar la vida como rayos.
Nos escondemos bajo la sombra
de los viejos sagrados
que supieron pintar la noche.
Queremos ser ellos
y cantar como poseídos
las amargas tonadas
que reservamos para la tristeza.
Nuestra dignidad se nulifica
al recordar unos labios de madera
y tenemos la indecencia
de llamarle “musa” a la maldad
que se nos salió del bolsillo.
En verdad os digo
que deberíamos morir a solas:
debajo de un puente, en un asilo,
en un motel de putas,
en el rojo de un semáforo,
en un café de traileros
lo más lejos de casa que se pueda,
en una barranca del camino,
en una multitud de desconocidos,
en una capilla incendiada
o dejando los pulmones en el cenicero.
En cualquier sitio
se puede morir a solas,
lo difícil es cerrar los ojos.
I
La tarde es un barco a la deriva
en las aguas de la espera.
Podría tan sólo irme
o sentarme en una banca
hasta que tu andar me hable.
Pero qué hago con mis manos,
dónde guardo la lluvia,
qué cajón del escritorio
podría contener
este enjambre de palabras.
¿Sería la calma
un baúl lo bastante grande?
II
Si tu viento me atrae
a la playa de tus ojos,
te regalo un Blues extraviado
y mis manos temblorosas
para arroparte por las noches.
III
Lo que no decimos
se hace humo en los labios,
cada línea de las manos
es una caricia muerta,
los instantes emigran
a las tierras cálidas.
Cerramos los ojos
con la esperanza de morir
antes de abrirlos.
En la televisión, lo efímero es cada vez más frecuente: artistas, programas, publicidad, modismos, modas; las noticias no son la excepción. Noticias escandalosas e impactantes que llegan a suplantar a otras y, a su vez, serán desplazadas por nuevos acontecimientos.
Supongamos un caso cuyo titular sería: “Juan de Las Pitas, asesinado a cosquillas en Amontonavit”. Ahora supongamos que Juan de Las Pitas era un hombre importante o poderoso, o bien que el asesinato con cosquillas sea algo desalmado por parte del agresor; eso causará gran impacto en la sociedad. En cuanto se vuelve noticia, empieza el bombardeo: encabezados en los diarios, cápsulas informativas en radio y TV; artículos, crónicas y fotografías en Internet; comentarios con el vecino, el carnicero y el taxista. La noticia ha nacido, caramelos para todos.
Una vez que la noticia se ha dado, hay que alimentarla para que tenga una larga y fructífera vida. Mientras la policía investiga el caso con el hermetismo acostumbrado, en televisión se inicia la indagación periodística. Así, hay enviados especiales haciendo guardia en las dependencias involucradas en el caso, los funcionarios son entrevistados, los testigos dan declaraciones, se investiga la vida de Juan de Las Pitas a fin de saber quién es el desalmado y porqué lo hizo. En el transcurso de una semana, quizá dos o sólo doce horas, ya ha sido entrevistada toda la familia de Las Pitas, vecinos, amigos, compañeros de trabajo o escuela. Al final de la jornada, el caso ya se comenta con políticos, periodistas, psicólogos, sociólogos, funcionarios, abogados, religiosos, cazafantasmas, artistas y transeúntes a fin de saber su opinión sobre el “brutal asesinato que ha paralizado al país”.
Las autoridades siguen investigando, caen dos o tres implicados en el caso, un “presunto” es aprehendido –para bien de todos, ya no anda suelto– pues le hacía cosquillas a su hijo. En cuanto la noticia toma fuerza, se le da un nombre pegajoso para que el televidente, minado por la cantidad de información que su cerebro debe procesar, recuerde al instante de qué está hablando el conductor del noticiero. Tal nombre puede tener como referente el lugar de la noticia o el nombre de la víctima; así podemos hablar del “Juanicidio”. Otras veces, al “presunto” se le pone un apodo, en nuestra noticia hipotética, hablaremos de “El Juanicida de Amontonavit”. La noticia adquiere rating.
En diversas televisoras se discute el tema desde todos los ángulos (en las dos más importantes de México, lo únicos tres ángulos son el amarillismo, el chantaje emocional y la mezcla de ambos). La autoridad local jura seguir diversas líneas de investigación para el desahogo de pruebas o algo así que puede durar meses, la autoridad estatal dice estar trabajando en estrecha colaboración con la federal a fin de mantener el Estado de Derecho.
Mientras las autoridades siguen las investigaciones sin llegar a algo concreto, los medios siguen entrevistando al Juanicida de Amontonavit para mostrar al televidente lo que llaman “radiografía de un asesino”, asedian a los familiares de Juan de las Pitas para concientizar a la sociedad de qué manera un asesinato puede dañar a una familia (algo novedoso en realidad). Los testigos cobran las entrevistas, dan autógrafos, el Juanicida de Amontonavit es aislado en una cárcel de máxima seguridad pues, aunque cometió un homicidio común y corriente, es toda una celebridad en las cárceles normales donde sus fans le darían una acalorada acogida. Derechos Humanos está al pendiente. Es una noticia en la plenitud de su vida.
Pero Roma no es eterna y el televidente, quien ya conoce santo y seña del Juanicidio, vida y obra de Juan de las Pitas, intimidades y secretos del Juanicida de Amontonavit, declaraciones de los testigos y los implicados, empieza a cansarse de que siempre se hable de lo mismo a todas horas: hace berrinche, está harto, cambia de canal, apaga la TV y le da por leer (sí, es posible). La noticia empieza a perder la atención del público. La noticia decae, envejece, la media hora que se le dedicaba en el noticiero se ha reducido a un comentario y dos o tres imágenes de archivo.
Pero, albricias, Amores que matan nunca mueren y el televidente, que quizá ya había leído dos páginas de un libro, se reconcilia con la televisión al escuchar otra noticia que con la difusión adecuada paralizará al país: “Eminente político le mienta la madre a una monja, Andrés Manuel tiene la culpa”. El conductor del noticiero, con la indignación en el ceño y un nudo en la garganta se pregunta hasta cuándo dejará de pasar es tipo de cosas. Caramelos para todos.
Los ojos del camaleón
vigilan tus movimientos,
leen en tus labios
lo que quisiera escuchar.
El camaleón, desde el anonimato,
observa cómo se levantan los ídolos
que tu memoria inmediata
se encargará de demoler.
Escondido o al acecho,
el camaleón mira a todos lados,
no lo puedes engañar.
Pero llega un momento
en el que estás demasiado cerca,
sus ojos te miran fijamente
y no puedes adivinar
se desea besarte
o está ahí para verte partir.
Afuera está la herida pero no quiero
salir a su encuentro: debo continuar
enfermo siempre.
Francisco Hernández
I
Hay mañanas
que duelen en la garganta;
al abrir los ojos,
las flores de un mal sueño
me ponen en los labios
lo amargo de las abejas muertas.
II
Esta es una de esas mañanas
en que me hago polvo
al amparo de mi sombra
para evadir la tentación
de apedrear la cara del día.
III
Haré un recuento de las noches
para saber en qué momento
la mañana se volvió aguja
y desde cuando el no decir
es el mejor pretexto
para quedarme hasta la tarde.
No te odio, la verdad, lo que pasa es que tú eres como uno de esos cuadros del pintor sin oreja: estridente, insoportable y sobrestimada; entiende mi situación: no puedo verte y respirar al mismo tiempo”. Le dije eso un día en que me sentía especialmente hasta la madre: esa sensación de ser un mojón mareado cuando es arrojado al mundo. No era la primera vez que se lo decía. Cuando me portaba brutalmente honesto con ella y le hacía toda una lista de sus defectos, en lugar de enojarse y mandarme al demonio, acariciaba mi mejilla y ponía su cara de “otro gran día de mierda, amorcito mío”. No soportaba tanta ternura, tanta devoción, tanto amor que se entrega sin más “porque eres un gran hombre y no sé qué me diste que me enamoré de ti como una loca y jamás voy a dejarte ni hacer nada que te lastime pero escúchame bien imbécil: si algún día te cacho en una movida, te castraré y colgaré tus morenos y peludos huevos en la entrada para que tintineen al abrir la puerta.” Así era la vida con Carolina: yo me quejaba de no soportarla y ella me amenazaba con toda clase de mutilaciones pero, al final del día, nos apareábamos como perros en celo.
Retrospectiva Hardcore tirándole a Gonzo
Ella había llegado a mi vida en uno de esos momentos en los que necesitamos de una pilmama, alguien que, de ser necesario, nos limpiaría el culo con la devoción de una madre.
Siempre nos encontrábamos en el mismo camión a la misma hora. Nos mirábamos el uno al otro sin sonreír y como preguntando qué tanto nos mirábamos. Así de patéticos éramos hasta que un día le agarré las nalgas, ella me mentó la madre, yo se las volví a agarrar, se bajó del camión, yo la seguí, la detuve, la besé, me besó, nos metimos a un hotel (ninguno de los dos llevábamos ropa interior), cogimos como locos toda la tarde, la invité a cenar, me llevó a su casa, volvimos a copular, me quedé a vivir con ella.
Así de fortuito fue el principio de nuestra relación. Después de varios meses, todo era agarrarle las nalgas y fornicar, ya no como locos pero sí conociéndonos cada vez más y mejor.
¡Corte! ¡Se imprime!
Casi todos sabemos querer /pero pocos sabemos amar...
Alguna vez me preguntó si la amaba, yo le respondí que, de haberla amado, no me la habría tirado a la primera oportunidad; la habría cortejado, le hubiera mandado rosas y poemas, le hubiera pedido que fuera mi novia, la hubiera llevado al cine o a algún baile, le hubiera propuesto matrimonio y hubiéramos vivido relativamente felices para siempre. “¿Eso significa que no me amas?” preguntó y se dio la vuelta. “Sí te amo, pero no como toda esa bola de imbéciles que creen que saben lo que es amar, quizá yo tampoco lo sepa pero tengo mi manera de hacerlo sin caer en la continuación del cliché”. Solía pensar que, como nunca me entendía, esa mujer era estúpida pues tenía que explicarle todo en la...
Clásica Forma De Diálogo.
–... la continuación del cliché puesto que se dejan ir por cualquier cosa que los impresione que, por lo regular, es otra letanía tan predecible como El Chavo Del 8.
–Por ejemplo...
–“Soy tu amigo más incondicional, anda, llora en mi hombro, ese hijo de puta no te merece”, los darketos de verano, los anarquistas de banqueta, los marxistas de café, “Hasta La Victoria Siempre”, “Todos Somos Narcos” –o Marcos–, “viva el amor”, “si Dios quiere”...
–No entiendo bien.
–Vuelve a escucharme que te lo repetiré en la...
Aún Más Clásica Forma De Diálogo.
–... la continuación del cliché puesto que se dejan ir por cualquier cosa que los impresione que, por lo regular, es otra letanía tan predecible como El Chavo Del 8 –le dije.
–Por ejemplo... –inquirió ella frunciendo el ceño.
––“Soy tu amigo más incondicional, anda, llora en mi hombro, ese hijo de puta no te merece”, los darketos de verano, los anarquistas de banqueta, los marxistas de café, “Hasta La Victoria Siempre”, “Todos Somos Narcos” –o Marcos–, “viva el amor”, “si Dios quiere” y toda esa serie de patrañas que impresionan al vulgo –concluí dando un puñetazo en la mesa del comedor.
Nunca conoces a alguien sino hasta que compartes el hábitat con esa persona, animal o cosa (o todas las anteriores compartiendo la misma masa corporal). Yo estaba acostumbrado a acostarme a las tres de la mañana y no despertar sino hasta las diez de la madrugada pero, al vivir con ella, mi tiempo de descanso se vio perturbado pues ella se levantaba a las ocho y, aún antes de bostezar y estirarse, Carolina ponía a todo volumen el famoso Tributo a Paquita la del Barrio.
–¿Tienes que escuchar ese pinche disco todos los días a la misma hora?
–¿Tanto trabajo te cuesta lavar tus calzoncillos que tienes que dejarlos en el cesto para que yo los lave por ti?
Esa era nuestra manera de dar los buenos días y yo no discutía, era culpable: de mis ganas, estrenaría calzoncillos cada vez que me baño. Como si Tributo a Paquita la del Barrio hubiese sido poco, una vez agarró mi cassette de Chava Flores, el de las borracheras, para grabar no sé qué ñoñadas de Maná. Esa fue la gota que derramó el vaso. La llamé a la sala, saqué su disco de Tributo a Paquita la del Barrio y lo tallé contra la pared, quedó inservible.
Close Up a la K–ra de K–rolina
El ceño fruncido, mordiendo sus labios, ojos llorosos, temblor en el párpado derecho, orejas rojas, narinas abiertas como de primate, nariz arrugada, mejillas apretadas, venita de la sien saltada (a punto de reventar), dificultad para respirar y pasar saliva, nudo en la garganta: RABIA.
–¿Porqué me odias tanto? –Me preguntó con la voz quebrada.
–No te odio, la verdad, lo que pasa es que tú eres como uno de esos cuadros del pintor sin oreja: estridente, insoportable y sobrestimada; entiende mi situación: no puedo verte y respirar al mismo tiempo.
En Lo Que Pudo Haber Terminado 1
Eso fue lo último que le dije antes de que ella aventara mis cosas a la calle y me corriera de su casa. Dicen que ahora vive con un ingeniero y que el tipo la golpea; yo nunca llegaría a tanto, ni siquiera ahora que dicen los doctores que soy bipolar y que, de no seguir el tratamiento, voy que vuelo para esquizofrénico.
En Lo Que Pudo Haber Terminado 2
Eso fue lo último que le dije antes de que ella se abalanzara contra mí con unas tijeras en la mano y yo, en un acto–reflejo, la jalara del cabello y la estampara contra la pared varias veces hasta que ya no supe qué hacer y llamé una ambulancia.
En lugar de meterme a donde merezco, me llevaron al psiquiátrico donde las enfermeras, en una actitud de solidaridad de género, dicen que soy un animal y que eso de la bipolaridad con principios de esquizofrenia en realidad fue una triquiñuela del abogado nomás para evitar que me violaran en la cárcel, a lo cual me hubiera acostumbrado.
En lo que pudo haber terminado 3
Eso fue lo último que le dije antes de que, para tranquilizarme, me fuera al café en lo que ella hacía su berrinche. Regresé a las diez de la noche con toda la intención de recogenciliarme pero no fue así; en cuanto entré, me llamó a la cocina y me dijo que estaba harta de mis arranques y que me dejaba por un skato–informático-amantedelarte celoso y obsesivo pero con alma de niño. Lloré un rato y salí para siempre; lo malo es que ni mis libros recogí y la Ingrata pérjida me provoca ardor en el estómago, un nudo en la garganta y enrojecimiento ocular.
(Partida en tres movimientos)
I
La tarde muere, se desangra.
los estigmas parecen ser más fuertes
y muere como un cristo olvidado
en la intemperie del universo.
El cielo es una herida punzante
en estas tardes de Blues.
Mientras otros le cantan a la Patria,
yo escucho el silencio de un cigarro
que ha estado prendido el tiempo
que llevo tratando de apagarlo.
II
Una ráfaga azul me alza en vilo
al calor de mi desnudez,
el mundo huye de mí
como quien sabe que está de más
y se marcha sin palabras.
Contemplo un retrato que no tengo
y, en él, los ojos jamás vistos.
III
El tuétano de mi alma enmohecida
es el Ego, el fuego y el ruego
de ver estallar al sol:
sí, Señor Dios, lo acepto,
soy tan egoísta
que Usted y Yo
no podemos existir al mismo tiempo.
Históricamente, el naco ha sido identificado con la gente soez, los léperos, peladitos: gente ignorante, pobre y sin la educación ni los refinamientos propios de las personas respetables. Tras la fragmentación de la clase media en media-baja, media-media y media-fregadona y media como vástagos de la Revolución, fenómeno social aunado al ascenso de los nuevos ricos, la nacada también se diversificó: parcialmente y de forma gradual, la casta y el poder adquisitivo dejaron de ser filtros sociales. Derivada de “chinaco” (otros dicen que de “totonaco”), la palabra “naco”, en la última década ha adquirido un nuevo valor dejando de ser peyorativa para convertirse en la denominación de un conjunto de características que, en medio de la discriminatoria cultura mexicana, constituyen una forma de ser.
El fracaso de la naca cursilería.
Hay una anécdota sobre las clases que un reconocido filosofo impartía: de un lado del aula ponía a los más avanzados y del otro a los peores estudiantes haciéndolos debatir algún problema filosófico. El resultado en pocas palabras: los tontos querían verse listos y terminaban pareciendo más tontos; los listos, en su afán de seguir siendo listos, acababan luciendo más tontos que los tontos. El naco promedio, en su intención de no serlo, lo acentúa aún más; y el fresa, para alejarse de su contraparte, se ridiculiza al máximo. Al final, ambos fracasos son de una hilaridad digna de la más profunda ironía.
El naco es un cursi: de acuerdo con las acepciones que Álvaro Enrigue[1] extrae de la edición de 1869 del Diccionario de la Real Academia[2], donde se define al cursi como “la persona que presume de fina y elegante sin serlo’ y ‘lo que con apariencia de elegancia o riqueza es ridículo y de mal gusto”. Estas acepciones se dan no sólo en el ámbito personal o psicológico, la cursilería se encuentra en la música, en la literatura, el cine y en otras manifestaciones humanas de diversa índole. Siendo exageradamente adornado sin ser consciente de su fallido intento, se entiende que el naco, igual que el cursi, lo es sin querer ni saber: simplemente es exagerado, estrambótico en el vestir, el hablar, en sus gustos y valoraciones estéticas. El naco quiere ser elegante, auténtico y espontáneo pero no sabe dirigir sus pasos y magnifica la elegancia con lo chillante y ostentoso. En oposición a la cursilería involuntaria e inconsciente del naco, encontramos la extravagancia voluntaria y consciente del fresa, quien es estrambótico porque, igual o más que él, los demás lo son: el estar out no es in[3].
La chequera trascendida, descontextualización.
El dinero no lo es todo. La naquedad ya no es exclusiva de los pobres, la fresez tampoco lo es de los ricos. Con algunos de los nuevos ricos que pasan de la vecindad a la residencia, también llega la opulencia que de inmediato quiere dejar atrás su complejo de inferioridad igualándose a quienes siempre estuvieron ahí, aquellos que se incomodan ante la opulencia que se manifiesta en una avalancha de adquisiciones que se sobreponen a la arquitectura o el contexto. Para quienes siempre estuvieron ahí, eso es un insulto al buen gusto; para el advenedizo, es un sueño realizado que poner en tela de juicio sería ocioso pues, si bien es cierto que la sociedad posee una cierta arquitectónica, cada quien hace de la casa en que vive su casa.
Pero también está el pobre que no por ello se resigna a quedar fuera: el fresa de barrio que compra ropa parecida a la de las boutiques más exclusivas, busca la música de moda en los puestos de Discos Apócrifo, come tacos de incógnito o porque “no había de otra”, presume el coche o la casa que un “conocido” (no especifica qué tan lejano) acaba de comprar, con pasión relata que fue al lugar de moda pero con esa misma intensidad omite el detalle de la terrible sed que sufrió pues todo en la carta excedía su límite de gastos. En fin, las similitudes entre ser naco rico y fresa pobre son más fuertes de lo que podría pensarse y radican el algo básico: la descontextualización. Pero en estos tiempos y dada la popularidad de la tolerancia, preguntarse cómo se han de comportar el pobre y el rico puede ser interpretado como discriminatorio y políticamente incorrecto.
El lanzamiento al estrellato del naco.
La mediatización en todos los ámbitos de la sociedad ha sido un factor determinante. Los medios de comunicación, en aras del rating, constantemente buscan ofrecer al espectador un entretenimiento no sólo ameno y actual sino también catártico. “Quienes manipulan la cultura de la pobreza declaran como mejor folclor al recién elaborado y lo ensalzan, desplegando su escasísima imaginación sobre un territorio inerme: la idea que las masas tienen de sus gustos y antecedentes[4]”. Así vemos que un pueblo no sólo tiene al gobierno que se merece, también el entretenimiento es a su justa medida. Y es que el espectador, cuando escucha música, lee una revista, ve la televisión o una película, no sólo busca entretenimiento sino que consciente o inconscientemente se busca a sí mismo. Quiere ver un poco de su realidad pues en el fondo se alegra de no ser el único que vive de tal o cual forma y cuando no busca su realidad busca la imagen de sus esperanzas, sus sueños y las circunstancias en las que le gustaría estar; de ahí el auge de la pornografía, además de los cuentos de hadas llevados a la TV, al cine y a la música. Y tomando en cuenta que México no es un país culto, la mayoría del entretenimiento que funciona es aquel donde somos pobres pero honrados, un mundo en el que los ricos también lloran.
La mediatización del naco empieza en la Época de Oro del cine mexicano, su emblema, Nosotros los pobres, Ustedes los ricos y Pepe El Toro; en la trilogía de Ismael Rodríguez se popularizó aun más la visión del pobre solidario, virtuoso y amable, visión que Buñuel criticaría fuertemente en Los Olvidados. La parodia del naco se dará con las subsecuentes películas, las rutinas de los programas cómicos en la TV. En los noventas, la naquedad cómica cayó un poco en desuso, la burla se había trasladado a la contraparte teniendo al fresa como blanco de mofas y sátiras. Tal cambio de hilos se debió al rencor social acumulado por generaciones clasemedieras que ridiculizaban al yupi cosmopolita que no podían ser.
Históricamente, este no poder ser ha devenido en un intenso sentimiento de inferioridad que, para extirparlo, quien lo padece busca, a partir de su propia identidad, asemejarse a aquellos que cree superiores. Así, para Michael Maccoby, La Malinche fue el origen de estas conductas estableciendo un patrón de “profundización de las heridas de la inferioridad al imitar a los poderosos, primero a los españoles, después a los franceses y más recientemente a los norteamericanos[5]”. Pero al hablar de sentimientos de inferioridad, lo que Maccoby dice no sólo es aplicable al naco; su contraparte, en el afán de ser cosmopolita, un digno hijo de la globalización, pasa la vida imitando modas extranjeras. Más adelante, Maccoby dice que el mexicano está simbolizado por el pelado, el don nadie, cuyo profundo sentimiento de inferioridad se esconde parcialmente tras el alarde[6]. Maccoby incurre en una endeble generalización, el mexicano no es un ser que se pueda englobar bajo una sola categoría, lo recién citado correspondería, más que nada, a una vaga definición de lo naco, una de tantas facetas que lo mexicano puede tener; pero podemos asentir a lo que dice si entendemos que el naco es un ser que alardea, que exagera.
De la naco–filia al naco–estereotipo.
Lo que originalmente era un insulto se convirtió en bandera y el naco se construyó una identidad a partir de lo que sus atacantes consideraban una vergüenza. Aquellos desposeídos se conformaron en sus propios círculos:
Si la nación no los admitía, construirían una identidad con saldos, despojos, expropiaciones visuales. Esta es la primera cultura urbana, el equilibrio entre el triunfo de los menos y la desposesión de los más, los requisitos que desde fuera parecen de un oportunismo inaudito, la miseria que iba adquiriendo miseria y puntos de vista (...) En pleno analfabetismo, en condiciones de máxima insalubridad sin servicios sanitarios, en tugurios inconcebibles, las masas armaron su guía de sentimientos, y su verdadera “identidad nacional” correspondió al barrio, a la región capitalina, al gremio de la actividad lícita o “ilícita”, para de allí expandirse e incorporar símbolos, poemas, modernizaciones[7].
Ya en el alba del celebrado Nuevo Milenio, se vuelve a ver al naco de forma condescendiente: déjalo, es naquito pero buena gente. Más tarde, el naco pasa de ser objeto de condescendencia a símbolo de un estrato sociocultural y de ahí a formar parte del folclor nacional, sobretodo en las ciudades. El naco adquiere una voz, una cara y una indumentaria que lo distinguen de los fresas, los darketos, los cholos, Skatos y demás grupos (incluso los sin-grupo), surge toda una industria musical, textil, mediática, editorial y de servicios de los que el naco dispone para afirmarse. Acentúa su caló (mezcla de un español cómodo y un inglés castellanizado así como la mala pronunciación de las palabras), busca una música sin ripios elevados. Cuando canta, cuando habla, cuando es, lo hace a calzón quitado; no seduce con frases lindas o fragmentos de poemas; seduce con la risa, la simpleza y recitando –casi cantando– piropos que ponen de manifiesto el efecto erotizante que el sexo opuesto tiene sobre él.
Es así como el mexicano promedio, ávido de pertenecer a algo, se proclama solidario con el naco y se une a él en un grito de guerra que amenaza con expresar su identidad nacional: si lo mexicano es naco y lo mexicano es chido, entonces verdad de Dios que todo lo naco es chido[8]. Así pues, aquellos que alguna vez lo atacaron se reivindican gritando “¡Si yo soy rete naco!” y ahora vemos legiones de naquedad por todas partes: desde las colonias populares hasta la Silla Presidencial, desde la cantina de mala muerte hasta el antro de moda, desde Las Chambeadoras hasta los libros aleccionadores de todos los tamaños y precios, desde la estación radiofónica local que transmite música popular hasta los programas de televisión con cobertura internacional. Finalmente, la cuestión es: si la visión que del mexicano se tenía en el extranjero era la del ranchero dormido junto a un cactus, ¿de ahora en adelante el estereotipo nacional será el del hombre de mundo que dice “jelou” cuando entra al “Museo de la Ubre”, donde ni vacas hay?
[1]ENRIGUE, Álvaro, Notas para una historia de lo cursi, Letras Libres, septiembre 2001, año III, Número 53, pág. 45.
[2] Álvaro Enrigue recurre a la edición del Diccionario de 1869 por ser el año en que la Real Academia Española admitió la palabra “cursi”.
[3] Aunque la diferenciación Out e In ya no se utiliza, he decidido recurrir a ellas puesto que este argot cambia constantemente y la expresión que hoy se use en un año será un arcaísmo, estará out... cuestión de modas.
[4] MONSIVÁIS, Carlos. Amor Perdido, Biblioteca Era, México DF, 1977, pp. 94.
[5] MACCOBY, Michael, El carácter nacional del mexicano, Anatomía del mexicano, Ed. Plaza Janés, México DF, 2003, pp. 249.
[6] Maccoby, Op. Cit.
[7] MONSIVÁIS, Carlos, La identidad nacional ante el espejo, Anatomía del Mexicano, Plaza Janés, México DF, 2003, pp 298-299
[8] El guacarock de la Malinche, Botellita de Jerez.