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6 de enero de 2014

Renovación urgente

Cuando se fundó, el Partido de la Revolución Democrática representaba el sentir de muchos mexicanos que deseaban con todas sus fuerzas un cambio democrático en México, y con las subsecuentes candidaturas de Cuauhtémoc Cárdenas Solórzano, en 1994 y 2000, y la de Andrés Manuel López Obrador, en 2006 (2012 es tema aparte), el partido se constituyó como la tercera fuerza política del país. Esa consolidación del PRD desde su fundación costó mucha represión, hostigamiento y vidas humanas a lo largo de los años. Recuerdo las anécdotas de los miembros fundadores del partido en que cuentan cómo tenían que andar en grupo, incluso armados, pues en cualquier curva podían toparse con policías al servicio de otros intereses o con grupos caciquiles que podían no sólo amedrentarlos mediante amenazas, sino atentar contra sus vidas.
Durante muchos años fue un partido de sombrerudos, como solía decirse, pues sus bases estaban constituidas mayoritariamente por campesinos y líderes agrarios que veían en el PRD la herramienta para luchar contra el enemigo político de generaciones y generaciones de mexicanos: el PRI. Y es que muchos de mi generación, incluso de las anteriores, si algo escuchamos desde la infancia fue a nuestros padres quejarse del viejo dinosaurio, y ahora repetimos el ciclo pues nuestros hijos escuchan las mismas quejas que nosotros oímos de nuestros mayores; tan es así que de niño, yo escuchaba en la sobremesa cómo mis padres decían
que Salinas de Gortari era una rata que se había robado la Presidencia de la República recurriendo a las artimañas que desde la fundación del PRI se habían instaurado como formas de operación política. Ahora, más de dos décadas después, mi hija escucha conversaciones en las que se habla del nuevo viejo PRI y toda la corrupción que encarna, cómo Peña Nieto representa el cinismo, la ambición y el servilismo, y cómo sus alfiles en ambas cámaras (en contubernio con un prostibulario PVEM) son la manifestación corpórea de la más excrementicia podredumbre de la clase política mexicana.
Con su carga ideológica de partido de izquierda, el PRD creció con cierta ingenuidad encantadora que le daba el poder de convocatoria para llenar plazas pero sin saber cómo llenar urnas, y aún así consiguió importantes victorias electorales que al paso del tiempo se constituyeron como bastiones de su militancia, sobre todo si nos referimos al Distrito Federal y a Michoacán, siendo éste la cuna y el feudo de los Cárdenas. Pero hay un postulado que dice que cuando algo ya no puede superarse a sí mismo tiende a decaer, y es lo que ahora le ocurre al PRD.
En el PRI, los subgrupos pueden pelearse por algunas posiciones, pero por su tradicional verticalidad, a la hora de la hora se quedan derechitos y acatan las disposiciones cupulares; el PRD, casi por el contrario, está lleno de tribus demasiado acostumbradas a una convivencia más horizontal, y es por ello que si una corriente no obtiene una candidatura, puede boicotear a la otra incluso a riesgo de perder la elección o, en el mejor de los casos, querrá negociar a cambio de una curul plurinominal. Entonces, esta constante pugna entre corrientes (mote que a veces es más un adjetivo calificativo) ha hecho que en ese estira y afloja, las posiciones, las candidaturas, las consejerías estatales o nacionales, las regidurías y las pluris importen incluso más que la unidad que permite conseguir adeptos para ganar elecciones.
Es por eso que ha llegado el momento en el que al PRD le urge renovarse pues los denominados Chuchos no han hecho sino sepultar cada vez más al partido, y por esos errores, un sector de la militancia y un amplio espectro del electorado le han pasado a este instituto político una pesarosa factura; ello ha quedado evidenciado en los pobres, casi mediocres, resultados electorales que se han obtenido en los últimos comicios, pues la desunión al interior del partido ha sido un factor determinante para sumir al sol azteca en un estado de agonía. Claro que cualquier dirigente podrá contradecirme y presumir que sólo en Michoacán hay 80 mil afiliados, pero yo pregunto, ¿cuántos de esos atendieron el llamado de, por ejemplo, Jesús Zambrano para emprender una lucha real en defensa del petróleo?, ¿cómo hacerlo si el líder nacional no consultó a la militancia para sujetarse al Pacto por México? Pero no todo es malo, en nuestro estado al menos hubo dignidad y no se firmó el malogrado Acuerdo por Michoacán, que presentaba la misma tendencia que el documento firmado a nivel federal.
Estatutariamente y desde el plano ideológico, el PRD puede ser una herramienta social sumamente valiosa, pero para ello debe replantearse su forma de hacer política y redefinir el rumbo, pero eso sólo es posible con un trabajo de fondo. De nada sirve hacer campañas de afiliación y cubrir requisitos numéricos si no se ocupa, por ejemplo, de educar políticamente a su militancia reforzando las campañas de concientización y formación política para que un simpatizante promedio se convierta en un militante que se compromete con una causa porque la conoce a plenitud. De nada sirve ufanarse de ser un partido de izquierda si sus militantes no saben lo que la izquierda es, lo que significa, lo que representa y lo que puede detonar en el devenir político de México, como tampoco sirve autoproclamarse como un partido izquierdista si a la menor tentación se suscriben acuerdos de índole derechista con los pregoneros de la servidumbre neoliberal.
La dirigencia perredista debe despojarse del doble discurso y de la incongruencia para que el partido recupere la credibilidad perdida a pulso y por méritos propios. Es verdad que el momento político que vivimos parece ser distinto a las circunstancias de finales de los 80, pero en realidad los problemas son, si no los mismos, sí muy parecidos con un poder adquisitivo gravemente diezmado para la mayoría de los mexicanos, una clase política sumamente alejada de la sociedad a la que dice
representar, una economía en franca desaceleración, más y peores impuestos y todas esas minucias que hacen de México un país jodido.

Los principales actores del sol azteca tienen mucho trabajo por delante se quieren sacar del atolladero al partido, pues al igual que yo, hay mucha gente que no se va a otra fuerza política porque la chaqueta debe ser de un solo color, pero necesita volver a creer que puede ser posible el viejo lema del PRD: ¡democracia ya, patria para todos!


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