I
Qué acto tan animal
entraña la vida,
divina bestialidad,
primigenia pureza
derramada sobre un ser
que respira y se mueve
sin saber del mundo de afuera.
Ahí, tendidas frente a frente
en perfecta comunión,
yo paso a segundo término
pues entre ustedes
hay una íntima ontología
de la cual soy relegado.
II
Pequeña criatura,
nos reconocemos,
en la cara que me cortaron
para ponértela a ti.
En tus ojos encuentro
la identidad,
somos parte de un todo
que se regenera
con tu florecimiento
y mi decadencia.
III
Amanece por fin,
en la habitación
el sol se asoma
por la ventana
de tu sonrisa.
Te regalo el mundo,
es tuyo,
sólo tienes que ir por él.
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