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23 de junio de 2009

Descentralizar desde fuera

Resulta ser que asistí como ponente al Seminario de Descentralización de Políticas Culturales, celebrado en Zamora, Mich. del 18 al 20 de junio de 2009. Cabe destacar que fue una experiencia enriquecedora pues este tipo de eventos son el foro perfecto para el intercambio de experiencias, opiniones e ideas que permitan trazar nuevas estrategias en la promoción cultural.

Siempre que se da un evento de esta naturaleza, es frecuente escuchar el coro de quejas sobre el escaso apoyo gubernamental a creadores y promotores culturales. Si bien es cierto que la crisis económica constituye un obstáculo para la difusión de las artes, también lo es el hecho de que somos una sociedad muy acostumbrada al paternalismo gubernamental por la vía del asistencialismo. En este tenor, bien valdría la pena ejercer una reflexión autocrítica a fin de eliminar paulatinamente uno de nuestros vicios sociales más arraigados.
El problema de la descentralización de las políticas culturales se bifurca en dos vertientes: por un lado, la actitud que tradicionalmente adopta el Estado de querer regir y administrar todos los aspectos de la vida social; por otro lado, el punto hasta el cual la sociedad se ha mantenido en el ostracismo. Siempre ha existido una cultura institucional, auspiciada por el erario público, lo cual históricamente ha generado mafias como la de Octavio Paz durante la segunda mitad del siglo pasado o la de ciertos poetas morelianos a nivel estatal. Pero también hay innumerables casos de creadores y promotores independientes que organizan encuentros, foros, exposiciones, muestras, conciertos, publicaciones y recitales pagados por cooperación, aportaciones de particulares y, muchas de las veces, con recursos de los propios promotores y artistas.
Ahora bien, ¿cómo descentralizar la política cultural? Lo primero es que cada uno en nuestros municipios y comunidades seamos actores que propiciemos el interés en la ciudadanía ya que ésta es, a final de cuentas, el eje rector de nuestras acciones y esfuerzos. Con esto quiero decir que es urgente despojarnos de la actitud salva-vidas: no le damos cultura el pueblo, hacemos cultura con el pueblo. Aunado a esto, es de suma necesidad hacer notar a presidentes municipales y regidores que la cultura no es un ornamento ni un lujo de ricos, sino un aspecto más del ser humano.
El segundo paso es que los propios artistas y promotores se descentralicen a sí mismos: en lugar de que los creadores emigren al nicho de las ciudades, por qué no quedarse en sus municipios y ahí abrir los talleres a fin de crear el publico para sus respectivas disciplinas; logrando esto, el trabajo se facilitará pues será la misma ciudadanía quienes ejercerán presión a los Ayuntamientos a fin de satisfacer esta necesidad. Pero así volvemos (o nos empeñamos en volver) al asunto económico. No obstante, ahí están las becas y demás estímulos institucionales para echar a andar los proyectos de creación y difusión de las artes que cumplan con los requerimientos estipulados en las convocatorias. Claro, sin olvidar que hay fundaciones y asociaciones civiles enfocadas en este rubro.
El tercer paso (que no es el último pues apenas es el inicio) lo constituyen el diálogo e intercambio entre municipios. Para ello es indispensable consolidar el trabajo de las redes regionales en un marco de cooperación y mutuo apoyo que a la vez sea incluyente respecto de las asociaciones civiles, patronatos y promotores independientes. Este trabajo conjunto será el marco más idóneo para la organización de eventos intermunicipales y el trazo de estrategias encaminadas a un replanteamiento de la política cultural. Sólo así se afectará el orden de la pirámide hasta derribarla en aras de que la organización vertical se transforme en horizontal.
Sólo si los promotores (institucionales e independientes) nos dedicamos más a una promoción estratégica de la cultura y no sólo a organizar festivales del 10 de Mayo, sólo si los creadores se descentralizan y los ayuntamientos coadyuvan a fomentar el interés en la población, la política cultural descentralizada será posible; de lo contrario, cualquier iniciativa de esta naturaleza estará condenada al más rotundo de los fracasos pues será sólo un discurso sin eco en la praxis.


Jorge A. Amaral
Zamora, Michoacán, 19 de junio de 2009.

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