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26 de julio de 2013

Caminos de Michoacán, bloqueos que voy pasando

La noche del 5 de noviembre de 2010 había algo peculiar: ningún agente de Tránsito. Y es que cuando se tiene una ruta definida y cotidiana, ya el conductor sabe dónde hay agentes, dónde quitan placas, qué retornos cuidan en espera de los cafres y hasta en qué zonas de la ciudad operan en su cacería de conductores enfiestados. Pero esa noche nada, ningún elemento de corporación alguna.
Eran las 20:30 horas, yo salía rumbo a mi pueblo cuando, de repente, frente a las antiguas instalaciones de la Feria, me topé con un arroyo vehicular totalmente detenido. Lo primero que vino a mi mente fue la posibilidad de un accidente, y es que es bien sabido que el tramo que va del Pabellón Don Vasco al acceso al Fraccionamiento Santa Fe, en la salida a Salamanca, es zona de accidentes automovilísticos debido a quienes sin precaución alguna, toman esas curvas a velocidades de hasta 130 kilómetros por hora. Eso fue lo que pensé en aquel momento, pero a medida que el tiempo transcurría y la fila había avanzado escasos diez metros, comencé a preocuparme. Imaginé que se trataría de algún accidente grave, una carambola de tres carriles o algo así, lo pensé porque en ese tramo he visto de todo, incluso una vez estuve a punto de pasar con mi antiguo vocho sobre un cuerpo que yacía a un lado del camellón debido a una volcadura que se había suscitado segundos antes.
Los minutos pasaban hasta convertirse en media hora, yo trataba de sintonizar el reporte vial en alguna estación de radio y nada, música, noticias y hasta los esotéricos que tienen programas de radio, nadie decía nada. Había pasado ya una hora y decidí llamar a mi esposa, a quien le comenté lo del embotellamiento y le pedí que sintonizara alguno de los canales de televisión de Morelia a ver si algo informaban; mientras, yo seguía cambiando de estación cada cinco minutos. Pasó un cuarto de hora y por fin, al terminar un noticiero local, alcancé a escuchar que el locutor decía: “Con mucha calma queridos radioescuchas, si no tienen a qué salir, quédense donde están; si andan circulando por la ciudad, traten de llegar a su domicilio lo antes posible. No se confronten con nadie, manejen con precaución y seguiremos informando”. Volví a marcarle a mi esposa ya un poco más preocupado, le pedí sintonizar los canales de Morelia para saber qué ocurría.
Pasó otra hora, la fila avanzaba de cinco a diez metros cada 30 minutos, yo eventualmente prendía el carro para evitar que se descargara la batería por mantener la radio encendida; en esas estaba cuando vi que en el sentido contrario circulaban camionetas de soldados escoltando un camión de bomberos. En ese momento se reportó un locutor: “Nos han informado de balaceras en diversos puntos de la ciudad. Todas las salidas están bloqueadas. A través de las redes sociales nos informan que hay vehículos incendiados. Queridos radioescuchas, tengan precaución si están en los embotellamientos porque también nos informan que por los carriles contrarios, comandos fuertemente armados a bordo de camionetas pasan a gran velocidad rafagueando a los autos varados. También nos informan que todas las corporaciones policiacas están acuarteladas para evitar el derramamiento de sangre”.
Lo que el locutor acababa de decir, la verdad, me dio miedo. Y no es que yo me considere muy bragado, pero siempre he pensado que sólo el guajolote muere en la víspera. Sí, me dio miedo. Entonces hice lo posible por meterme a uno de los carriles centrales, pues yo estaba en el de la extrema izquierda; pensé “si pasan rafagueando, es más fácil salir librado si los del carril de alta me cubren un poco”.
Entre el estrés y el temor realmente necesitaba un cigarro. Metí la mano al bolsillo cuando, oh sorpresa, me quedaba uno. Lo prendí, le di tres caladas, lo apagué y lo puse en el tablero. Mi plan era darle dos fumadas pequeñitas cada hora pues no sabría cuánto tiempo estaría ahí. Para ese momento ya no me importaba la hora, pues entre más se consulta el reloj, el tiempo transcurre con mayor lentitud. Ya me había terminado el agua que habitualmente cargo en el carro y ahora, además de la carencia de cigarros, la preocupación, el temor y la incertidumbre, tenía ganas de orinar. Aguanté y aguanté durante lo que calculé como media hora hasta quedar entre una camioneta de redilas y un camión de pasajeros, destapé la botella vacía y vertí medio litro. El cigarro aún sobrevivía y los reportes de la radio iban de lo más alarmista a lo más inverosímil: se hablaba de bombardeos, decenas de muertos, código negro o rojo (no recuerdo pero era un color preocupante).
La fila avanzó con gran lentitud hasta que por fin, a unos metros de un tráiler que había sido incendiado, los militares estaban desviando el flujo vehicular hacia las calles aledañas a la carretera. Rodear esas dos manzanas se sintió como rodear Morelia, pero sabía que quizá estaba en la recta final del bloqueo. Pasé junto al camión que, destrozado por las llamas, permanecía atravesado en todos los carriles. Estaba relativamente a salvo. Recuerdo bien que al pasar bajo el letrero de “Morelia les desea buen viaje”, yo sólo exclamé una sentida mentada de madre hacia quienes lo habían hecho y hacia quienes lo habían permitido.
En esa carretera desierta, le saqué las dos o tres fumadas que le quedaban a mi cigarro, imprimí mayor velocidad y no la reduje hasta llegar a mi pueblo.
Traigo a colación esto porque lo que se vive actualmente en el estado evidencia la debilidad de las instituciones, es prueba fehaciente del Estado fallido que heredamos de Felipe Calderón y que la administración de Peña Nieto no ha sabido sacar adelante, pues es grande la problemática y escasa al capacidad de acción frente a la incertidumbre económica, las carencias educativas y la zozobra que invade a la sociedad en materia de seguridad pública. En lo local no estamos mejor, ya que son diversos los factores que abonan a la inestabilidad en Michoacán: la reciente solicitud de licencia aprobada a Fausto Vallejo que ha venido a provocar que tengamos dos gobernadores: el constitucional que no gobierna y el interino que hace como que gobierna; el ya tan trillado tema de la deuda, la tasa de desempleo que no tiene visos de disminuir. Ahora, si a todo lo anterior le sumamos los hechos violentos de las últimas dos semanas, parece ser que vivimos en una tierra sin ley donde cada quien ha de rascarse con sus propias uñas, pero dice el gobierno que la violencia significa que su “estrategia” está funcionando, ¿les creemos?

21 de julio de 2013

Fanfarrias por favor

Ha caído otro pez gordo, fanfarrias por favor. La reciente aprehensión de un conocido capo de la droga ha despertado muchas dudas y suspicacias, tanto por el hermetismo con que inicialmente se manejó la información como por una serie de inconsistencias rayanas en la contradicción: la versión de que se desplazaba por una brecha con sólo dos acompañantes, cuando se sabe que estos personajes suelen tener escoltas de mínimo diez hombres fuertemente armados; que si un helicóptero lo tomó por sorpresa y le “marcó el alto”, así de fácil; que si no lo esposaron porque ya con tal dispositivo de seguridad habría sido un exceso (palabras más, palabras menos de nuestro ilustre procurador); y va otra: si con una mano en la cintura se “robaron” el supuesto cadáver de su antecesor y con todo y camioneta se les hizo ojo de hormiga, no entiendo cómo fue que no se intentó rescatar al jefe de esa agrupación delictiva (recordemos los penales
de donde comandos de este cártel han sacado reos vaya usted a saber para qué cosa). Y va el pilón en todo este sospechosismo que me invade: por menos que eso han bloqueado Monterrey, Zacatecas, Matamoros y otras ciudades, y ahora nada; y no es que quiera que suceda, pero hicieron quedar mal a los que ya vaticinaban un estado de sitio en Nuevo Laredo, en cuyas cercanías fue detenido “sin un solo disparo” esta nueva estrella de El Canal de las Estrellas. Y acabamos de llegar a otra duda razonable: ¿Sin un solo disparo? No sé usted, estimado lector, pero yo no les creo y le digo por qué: Proceso, número 1913, 30 de junio de 2013: “Los mercenarios de élite”, extracto del libro Escuadrones de la muerte en México, de Ricardo Monreal, en el que se registra el testimonio del miembro de un cuerpo de élite de la Marina en torno al operativo de cacería de Ezequiel Cárdenas Guillén, en 2010: “Fueron cuatro horas de persecución y enfrentamiento, hubo cerca de 50 muertos entre sicarios del Cártel del Golfo, marinos y militares (el reporte oficial señaló sólo diez muertos)”. Con ese antecedente es inverosímil que haya sido “sin un solo disparo”, o como dijo Edgardo Buscaglia en entrevista con Carmen Aristegui, el jueves pasado: fue una entrega pactada. Y si fue esto último, no es de extrañar que el detenido se convierta en un testigo protegido como esos que fabricaba Maricela Morales: a modo y conveniencia del Estado para incriminar enemigos políticos o miembros del Ejército que se han vuelto indeseables al régimen.
En fin, son muchas las preguntas pero la más urgente de todas es ¿ahora qué? Recién lo aprehendieron y seguramente ya tiene un sucesor, el grupo sigue operando y el gobierno se embelesa en su actitud triunfalista por haber detenido a un capo importante. ¿Y con eso se acabarán los delitos que este grupo ha cometido?, lo dudo, pues no se ha tocado la estructura financiera ni se ha tocado a los yonkis de Estados Unidos que consumen droga que llega desde Sudamérica, las redes de trata de personas, extorsión y secuestro permanecen intactas, las rutas de trasiego de estupefacientes siguen ahí, esperando al nuevo mandamás.
Si realmente se quisiera acabar con esta problemática, el gobierno de México no se conformaría con meter a la cárcel a los delincuentes, pues esa es sólo una parte de la solución. En El almuerzo desnudo, William Burroughs lo deja muy claro: “La pirámide de la droga: cada nivel devora al de abajo (no es casualidad que los de arriba sean siempre gordos y los adictos de la calle siempre flacos) (…) Si se quiere alterar o anular una pirámide de números en relación serial, se altera o se elimina el número base. Si queremos aniquilar la pirámide de la droga, tenemos que empezar por la base de la pirámide: el adicto de la calle, y dejarnos de quijotescos ataques a los llamados ‘de arriba’, que son todos reemplazables de inmediato. El adicto de la calle que necesita de la droga para vivir es el único factor insustituible en la ecuación de la droga. Cuando no haya adictos que compren droga, no habrá tráfico. Pero mientras exista necesidad de droga, habrá alguien que la proporcione”.
El narcotráfico es un delito y el castigo es la cárcel, no así el consumo de drogas, esa es una adicción y ha de evitarse y prevenirse no con penalizaciones judiciales, sino con atención médica para quienes ya tienen el problema, con mejor educación en las escuelas y en los hogares para evitarlo a aquellos que son más propensos: niños y adolescentes, con mejores programas que verdaderamente sean sociales, no dádivas asistenciales, con mayor énfasis en la promoción de actividades culturales y deportivas que si bien no constituyen una panacea, sí coadyuvan en el combate a las adicciones y la delincuencia pues, como siempre digo, una mente ocupada no piensa estupideces. ¿Por qué mejor, en lugar de fanfarrias y triunfalismos efímeros, no hace nuestro gobierno algo que realmente impacte en la sociedad? Claro, la Cruzada Nacional contra el Hambre; ¿y si en lugar de combatir el hambre combatimos el desempleo, la corrupción y la ignorancia? La solución no está en combatir la pobreza extrema, la solución es combatir la riqueza extrema, desmesurada y grosera de unos cuantos que en la vorágine del capitalismo pasan encima de quien sea y de cuantos sean con tal de mantenerse entre los diez más ricos de este país, donde más de la mitad de la población viven la pobreza y un amplio porcentaje subsiste en condiciones infrahumanas.
Si se combatiera la base real del problema no habría estos encumbrados del crimen organizado, no existirían esos potentados empresariales y políticos, muchas veces tan delincuentes como los que cargan cuernos de chivo.
La falta de valores, la escasa formación ética y moral de los mexicanos, la voracidad del mercado y el afán de entrar en esa bola de nieve llamada consumismo, son algunas de las bases sobre las que se sustenta la existencia del crimen organizado. Por lo pronto, las dudas siguen surgiendo por doquier, habrá que ver en los siguientes días de qué será cortina de humo la captura del capo más sanguinario de México y si con esto realmente se hace mella en la estructura del grupo delictivo que más terror ha sembrado en el país en la historia de la delincuencia nacional.
Para concluir, dejo un spot que espero ver algún día en la televisión. Un político con acento rural y guayabera blanca muy al estilo Jolopo en Acapulco, le muestra un grupo de detenidos a un niño:
-Mire m’ijo, hemos agarrado a todos estos narcos.
-¿Y El Chapo apá?
-Mire m’ijo, hemos agarrado a todos estos narcos.


12 de julio de 2013

Coletazos del dinosaurio

“Está de la chingada”, dijo Gustavo Madero el jueves 4 de julio en entrevista con Carmen Aristegui, cuando la periodista le preguntó cuál era su panorama de cara a las elecciones del pasado 7 de julio. La importancia a nivel nacional del pasado proceso electoral en catorce estados del país radica en que puede servir para vislumbrar lo que seguramente serán las elecciones de 2015 en otros estados, incluido Michoacán, y el proceso federal de 2018.
 Once asesinatos, un levantón, más de quince denuncias de amenazas y siete atentados (es lo contabilizado), además del robo de urnas y paquetería electoral más la reciente presunta desaparición de 92 morelenses en el estado de Veracruz, quienes habrían sido contratados por el PRI para cuidar casillas. Todos estos ilícitos contra candidatos, militantes, coordinadores de campaña, operadores políticos y familiares de personas involucradas en dicho proceso electoral y de distintos partidos dan un horizonte desalentador. Ya desde las pasadas elecciones de 2011 vimos cómo los poderes fácticos (como se les llama ahora para no comprometerse), en contubernio con el PRI y viceversa, enturbiaron lo que se suponía era un proceso ciudadano para elegir a los titulares de puestos de elección popular; y el proceso, como siempre, fue todo, menos del pueblo.
Lo que llama la atención de los últimos sucesos es que los focos rojos fueron aquellos estados gobernados por el PRI y las alianzas encabezadas por el longevo partido institucional, excepto Oaxaca y Sinaloa. En este tenor, no estamos más que frente a lo que ya se avecinaba desde 2011. En aquel entonces, quienes nos oponíamos al regreso del dinosaurio al Solio de Ocampo, lo hacíamos a sabiendas de que no era tanto que les interesaran las presidencias municipales, sabíamos que eso de un gobernador municipalista era, por decirlo de alguna forma, puro cuento (y los resultados ahí están, en los ayuntamientos que carecen de recursos para lo más básico: seguridad, infraestructura, generación de empleos). Sabíamos que para regresar a Los Pinos, y más con un candidato ignorante, acartonado y sin propuestas, debían empezar por lo más bajo de la pirámide gubernamental: los municipios, los cuales permiten ganar gubernaturas y curules que coadyuvan en el acceso a la silla grande; de arriba hacia abajo es prácticamente imposible consolidarse entre el grueso de la sociedad y eso lo sabe cualquier operador político: las gorras, el cemento, las despensas, el fertilizante, las bolsas, las tortas y todos los artículos promocionales se reparten entre el pópulo, no entre la cúpula, pues a ellos les llega otro millonario tipo de aliciente.
El pasado domingo pudimos ver al dinosaurio redivivo, ese mismo que es capaz de usar toda una maquinaria de Estado y de choque a fin de proteger sus feudos, a fin de mantener intocados los intereses electorales basados en la ambición por el poder y el dinero, por eso no es de extrañar que en los estados gobernados por el PRI todas las tendencias los favorecieran. A lo largo de las últimas semanas pudimos apreciar cómo el dinosaurio lanzaba coletazos para quitar de en medio cualquier estorbo, aún a costa de la legalidad y la integridad de muchas personas, eso nunca les ha interesado cuando de defender sus cotos de poder se trata y basta revisar la historia.
Si en 2011 y 2012 veíamos a un PRI que emergía de las catacumbas como un zombi pero con mucho dinero de quién sabe dónde, ahora lo vemos perfectamente restablecido en lo que siempre fue. Lamentablemente mucha gente no entendió -o no quiso entender- lo que implicaba el regreso del tricolor a Los Pinos, y ahora que está de vuelta y bien consolidado en los estados de la República y todo el aparato gubernamental de la Federación, será una odisea volver a sacarlo pues sabemos que el autoritarismo y el cinismo sustentan su forma de gobernar.
Por otro lado, ¿qué garantía tenemos de que con otro partido habría sido distinto?, y pregunto esto porque vimos que la oposición era nada más en las boletas pues, en cuanto se convocó, corrieron a firmar el Pacto por México, que sólo fue un acuerdo de sujeción; y cuando sus militantes reclamaron tal mansedumbre, los líderes nacionales del PRD y el PAN intentaron legitimarse diciendo “sí, el Pacto es de ellos, pero ahí hay propuestas de nosotros”, migajas, diría yo. ¿Y el afamado Adéndum?, caray, no es otra cosa que una forma elegante de decir “en eso no quedamos, corazón”.
Hace un tiempo alguien me hablaba de Morena, de cuando esta organización fuera partido político. Respetable opinión pues ojalá en Morena hubiera puros López Obrador, y aún así tengo mis reservas. Pero creo que la solución no es otro partido político cuando los que ya están (con sus estructuras anquilosadas unos y como negocio familiar otros) resultan tan costosos, cuando el IFE, el TEPJF y sus homólogos estatales salen tan caros a los ciudadanos. No. La solución sería que los partidos existentes realmente fueran congruentes, que la izquierda partidista no fuera sólo discursiva y estatutaria, que realmente fuera de acción y gobernanza; que Acción Nacional realmente constituyera el contrapeso (dejémoslo así) que fue hace algunas décadas y no sólo un sirviente empresarial, corporativo y eclesiástico. La solución no está en crear más partidos, la solución sería que los que hay realmente representaran los intereses de la ciudadanía y no una bolsa de trabajo para sus militantes durante las campañas.
En ese sentido, bien valdría la pena exigir el derecho a las candidaturas independientes, pero como ya se ha visto en Michoacán, parece que sale más fácil y barato fundar otro partido que ser candidato independiente. Sí, por donde se vea y como dijo Gustavo Madero: está de la chingada.

28 de junio de 2013

La gratuidad de las buenas conciencias

Vivimos en una sociedad rica en buenas conciencias, en mentes piadosas preocupadas por el mundo que le dejamos a nuestros hijos, por los más altos valores de la convivencia humana, la responsabilidad social y el respeto a las instituciones que enarbolan al Estado mexicano.
Sucede que cuando se es figura pública no se está precisamente bajo los reflectores, se está bajo la lupa de inquisidores de la moral que señalarán cualquier actitud fuera de la sacrosanta investidura para de inmediato lanzar críticas punzocortantes bajo el pretexto de lo políticamente correcto y las buenas costumbres (“¿Quiere alguien pensar en los niños?”, diría la esposa del reverendo Alegría).
El 21 de este mes se difundió la noticia de que la entonces subprocuradora regional de Zitácuaro, María de la Luz Hernández Pacheco, había sido separada del cargo por indicación expresa del gobernador Jesús Reyna: “Revisando lo ocurrido, he instruido al procurador para que inicie una investigación y separe de su cargo a la subprocuradora de Zitácuaro”, escribió el interino en su cuenta de Twitter. El motivo todos lo sabemos: un desayuno en la oficina para celebrar el Día de las Madres. En el festejo, en un ambiente de maternal chacoteo y entre fuertes dosis de café y grandes cantidades de jugo de naranja, un policía municipal se prestó al relajito y le hizo un torpe baile a la entonces subprocuradora simulando un striptease. Ahora imaginemos al alma caritativa que tuvo a bien grabar con el celular y subirlo a YouTube para espanto y horror de quienes pusieron el grito en el cielo ante tan abominable acto (y no me refiero sólo al baile del poli). Seguramente, entre risas y complicidad, en el fondo de un posible resentimiento pensaba: “Esto es una joya, ya te torcí”.
De nada le valió ser maestra en Derecho, ni el hecho de que antes de ser subprocuradora fuera secretaria técnica de la Secretaría de Seguridad Pública, ni que haya sido primera visitadora de la CEDH, un currículum que muchos funcionarios de la actual administración estatal quisieran. De nada le sirvió eso a María de la Luz Hernández Pacheco, pues desde una doble moral tan gratuita como intransigente, Reyna pidió su destitución para beneplácito de aquellos que dijeron: “Sí, la señora manoseando al pobre policía (porque sin la compasión estas lamentaciones carecen de sentido) y la pobre gente haciendo fila para que la atendieran”. De todos modos hacemos fila aunque no estén festejando nada.
Ahora, yo me pregunto: ¿Y si hubiera sido un subprocurador festejando el Día del Padre en el table?, ¿las reacciones hubieran sido iguales? No, si el supuesto no tuviera enemigos, si no hubiera asegurado la limpieza de la dependencia -como sí lo hizo la ex subprocuradora-, no si el funcionario tiene amigos poderosos que con una llamada lo sacan de cualquier aprieto, no si es un liderazgo en el partido que gobierna. Y si la presión social es mucha, no lo despiden, simplemente lo esconden en el área más administrativa de cualquier otra dependencia o lo ponen, aunque sea, de asesor del asesor con tal de mantenerlo en la nómina.
El caso es que ignoramos la cantidad de historias ocultas en la clase política y por eso sobredimensionamos unas cuantas y nos desgarramos las vestiduras y tomamos parte del linchamiento público, olvidando que no somos quiénes para lanzar la primera piedra. Hechos como el de la Subprocuaduría Regional de Zitácuaro se dan a conocer o se critican por venganza política, una guerra sucia contra quien estorba a ciertos intereses.
Pero yo me pregunto: ¿Cuántos políticos pederastas habrá en México?, ¿cuántos funcionarios gastan miles de pesos en prostitutas, alcohol y cocaína?, ¿en cuántas administraciones municipales morelianas han proliferado los table dance?, ¿cuántos políticos han cometido verdaderos delitos y el fuero los mantiene a salvo?, ¿cuántos desfalcos, cuánto encubrimiento, cuánta simulación?, ¿cuánta complicidad a cambio de jugosas propinas para otorgar contratos y licitaciones?, ¿cuántos juniors están en puestos importantes sólo porque el papá tiene poder político?, ¿cuántas plazas conseguidas sólo porque el papá tiene vara alta en la SEP?, ¿cuántas mordidas para conservar la licencia o de plano operar sin ella?, ¿cuántos funcionarios de los tres niveles gastan miles de pesos en una comida con sus nalgonas y achichincles y nada más piden la factura para recuperar el gasto?. ¿Cuántos Granier, cuántas Gordillo, cuántos Corderos, cuántos Barbaján, cuánta doble moral?, ¿cuántas telenovelas y cuánto futbol para no hacernos, para no hacerles, para no encarar a los políticos y gritarles a la cara estas preguntas?

23 de junio de 2013

El nuevo narcocorrido

Hace unas semanas, en diversos medios locales se publicó la nota sobre un adolescente de secundaria que tras propinarle una golpiza a uno de sus compañeros, pretendió extorsionar a su joven víctima. Inicio recordando esta penosa nota porque de inmediato, muchas voces se alzaron contra el bullying, contra nuestro fallido sistema educativo, criticando el hecho de que el suceso tuvo lugar en una colonia más o menos marginal de la ciudad de Morelia, esgrimiendo críticas contra el deficiente sistema de valores éticos y morales que se le está inculcando a nuestros niños y jóvenes. Estos pueden o no ser factores determinantes, aunque la propensión existe, y más si tomamos en cuenta qué clase de entretenimiento tienen los niños y adolescentes de algunos sectores de la población.
De unos años para acá, el narcocorrido, aquel género iniciado en los años 70 con Los Tigres del Norte, dio un giro radical que ayudó a que cobrara nuevo auge entre varios estratos sociales, no sólo el rural o el urbano económicamente vulnerable. Desde la década pasada, el narcocorrido dejó de narrar la trágica muerte de un traficante (recordemos que a Emilio Varela lo mató Camelia La Texana y que La Banda del Carro Rojo murió masacrada por los Rinches de Texas). Con el surgimiento de grupos como Los Razos, Los Originales de San Juan o Los Tucanes de Tijuana, tomó auge una idea: el crimen paga y a veces en dólares, muchos dólares.
Aunque con el duranguense y otras abominaciones gruperas el corrido se vio opacado, en 2009 surgió un subgénero de la música vulgar mexicana: el llamado Movimiento Alterado.
Con ritmos que asemejan mucho al zydeco (género folclórico del sureste de Estados Unidos cuyo distintivo es el virtuosismo de los acordeonistas) y letras agresivas, el Movimiento Alterado -nacido en Sinaloa- muestra lo más crudo del crimen organizado: balaceras, degollados, desmembrados, ejecuciones, levantones, extorsión, secuestro y todo ese largo etcétera del que a veces los medios no dan cuenta. Como muestra, basta escuchar “Las sombras de la muerte”, de Gabriel Silva: “Espectáculos de bombardeadas / incorporan satánicas granadas / torturas y rafagueadas / colección de cabezas mochadas / dejando en historias los hechos / pa’ que queden bien grabadas” (aclaro: sic).
Y ojalá sólo describieran esto, lamentablemente, como decía más arriba, el narcocorrido da la idea de que el crimen paga en dólares, y basta con que un adolescente sepa que no tiene oportunidades de progresar por la vía legal para, más tarde que temprano, caer seducido ante el embrujo del dinero fácil, la vida rápida y entrar a ese universo donde a todo se le acomoda el prefijo “narco”: narcocamionetas, narcofiestas, narcodólares, narconovias, narcocasas. Existencia rápida en la que saben que su vertiginosa vida útil será de cuando mucho cinco años, pues al cabo de ese tiempo o antes, o van a dar a la cárcel o acaban nutriendo aún más las cifras negras de los últimos siete años.
Ahora, ¿qué pasa con estos cautivos de la pobreza y la ignorancia que desde muy temprana edad delinquen?: es demasiado fácil que caigan en las garras de delincuentes que con mucha facilidad y algo de dinero los convertirán en halcones, después empezarán a distribuir al menudeo; si todo sale según la regla, pronto serán pistoleros entrenados por el mismo grupo delictivo que los reclutó (recordemos al Monchis, el tristemente célebre Niño Sicario), dando a estos desposeídos una identidad regional casi de manera religiosa, tal es el caso de Michoacán y sus grupos locales, como lo describe este corrido de la Banda Imperio: “Los Templarios sólo quieren / lo mejor para su gente, / combatir las extorsiones / y evitar que los secuestren. / Morelia está controlado / y también Apatzingán, / ya llegaron Los Templarios / y nadie los va a sacar”.

Al tener acceso a toda esta música a través de Internet, sumado a que los padres muchas veces no tienen el criterio para imponer reglas en cuanto a qué escuchan, qué leen (si es que lo hacen) y qué ven sus hijos, sucede algo similar a lo que le pasaría a un niño que desde los seis años ve pornografía: en el mejor de los casos será un masturbador compulsivo, pero también puede ser un violador. Igual sucede al exponer a los menores a este tipo de manifestaciones de la creatividad y el show bussiness: o termina imitando este tipo de actividades, como el púber de secundaria del que hablaba al inicio, o termina reclutado por algún grupo delictivo. Aunque tampoco hay que ser tan alarmista, pues en la mayoría de los casos, estos adolescentes sólo terminan siendo personas con pésimos gustos musicales y nula sensibilidad hacia la nota roja.

20 de junio de 2013

Reglamentar más el transporte de carga

Tomado de El Universal
 http://www.eluniversal.com.mx/notas/929708.html
La tragedia ocurrida en días pasados en la Autopista Siglo XXI, cuyo lamentable saldo fue de siete personas muertas y catorce heridas, prende los focos de alarma en torno a una problemática cada vez más evidente en las carreteras y principales vialidades de las ciudades mexicanas: el doble remolque. Cualquiera que transite por una carretera en un auto compacto y sea rebasado por uno de estos desarmadores, sabe lo peligrosos que pueden ser pues el peso de estas unidades y las velocidades que alcanzan en rectas y pendientes imposibilitan al chofer, por muy experimentado que sea, a frenar repentinamente en caso de que algo se atraviese por su camino.
Recuerdo que hace algunos años, en un bloqueo que transportistas de carga hicieron en la capital del estado, los trabajadores del volante pedían a las autoridades regular el uso del doble remolque. En aquel entonces, ellos se quejaban de que con esta manera de transportar mercancía, las únicas ganadoras eran las empresas, pues se ahorraban el costo de una unidad, con lo cual, muchos operadores veían mermadas las ganancias de su trabajo. Después de los hechos ocurridos hace algunas semanas en el Estado de México, lo sucedido recientemente en San Ángel Zurumucapio y otros más que ahora se me escapan de la memoria, sería urgente que se impulsara una legislación que de veras regule la manera, a veces irresponsable, en que se transportan mercancías por las carreteras de todo el país.
Cierto, seguramente algunos opinólogos y reacios críticos del magisterio democrático han de estar rumiando su rencor social y diciendo “se lo merecen”, lo cierto es que eran ciudadanos ejerciendo su derecho a manifestarse contra aquello que consideran injusto (que en este caso lo es), pero lo mismo pudo suceder con los miembros de una peregrinación, un poblado de tantos que hay junto a las carreteras, una escuela, un retén policiaco o un grupo de automovilistas varados por cualquier contingencia ambiental.

Es hora de que así como la sociedad civil se ha organizado para pedir agua, que se combata a la delincuencia, empleo y un largo, larguísimo etcétera, también comience a hacerlo para exigir más seguridad en las carreteras frente a la irresponsabilidad de los conductores y la avaricia de las empresas que, con tal de ahorrarse los gastos que implica un camión, sobrecargan unidades y las lanzan al camino, con lo que arriesgan a la ciudadanía y a sus propios trabajadores.

18 de marzo de 2013

Jesús Reyna, el ex casi gobernador, en Jiquilpan

Resulta ser que en su calidad de encargado del despacho en ausencia del gobernado Fausto Vallejo, el secretario de Gobierno, Jesús Reyna, llegó a Jiquilpan a conmemorar un aniversario más de la Expropiación Petrolera.
Jesús Reyna en Jiquilpan
Desde hace algunas semanas, los priistas han venido insistiendo en la necesidad de la Reforma Energética, que para ellos sólo se dará abriendo Pemex a la inversión privada, incluso extranjera; es decir, privatizando a la para-estatal. En el acto conmemorativo celebrado en la tierra natal de Lázaro Cárdenas, Reyna señaló que "se deben dejar atrás fetichismos históricos y trabajar en lograr el beneficio en los diversos estratos sociales y no sólo en algunas élites". 
¿A qué élites se refiere el secretario de Gobierno michoacano? ¿A las de Romero Deschamps? ¿A las de otros líderes sindicales que durante años se han dedicado a saquear los recursos del sindicato? ¿A las de los funcionarios que en su momento han enriquecido groseramente a través de Pemex?
Si actualmente la premisa del PRI es privatizar Petróleos Mexicanos, ¿porqué están conmemorando un aniversario más de que el petróleo pasó a ser del Estado mexicano?, ¿porqué tener la desvergüenza, la desfachatez, el cinismo de ir a Jiquilpan y plantarse en el monumento a Lázaro Cárdenas y una vez ahí tener la payasada de colocar una ofrenda floral y montar una guardia de honor? ¿No es eso también un "fetichismo histórico"?, ¿no es como el asesino que va y pone flores en la tumba de su víctima?
Y porqué, me pregunto yo como lo hacen muchos mexicanos, en lugar de pensar en abrir Pemex a la inversión privada, no terminar con los privilegios de sus directivos y líderes sindicales, me gustaría saber cuánto le cuesta a Pemex mantener los lujos de su líder sindical y achichincles, cuánto le cuesta a Pemex mantener el estilo de vida de su Mesa Directiva, cuánto le cuesta a Pémex ser el principal contribuyente fiscal de este país, más incluso que Carlos Slim, los Azcárraga y los Salinas (Pliego y De Gortari).
Porqué en lugar de seguirle el juego a los poderes fácticos internacionales, no sanear como se debe las finanzas dela empresa que siendo la más productiva del país, es la más saqueada, como la mujer atractiva a la que todo mundo le agarra las nalgas.
Es por eso que los políticos son una suerte de clowns maltrechos, patéticos, imposibles de caricaturizar porque ya en sí son una caricatura.

2 de julio de 2012

Cine Arcadia: idolatría fálica


Dante solitario fui, y es que no hubo Virgilio alguno que se aventurase a por lo menos acompañarme en el descenso al Círculo que los sátiros y onanistas tienen en el Infierno moreliano. Nervioso y procurando no ser visto por alguien que pudiese identificarme, llegué a la marquesina para consultar la cartelera: Foxies, Horny Housewifes, Black Asses, Blondie Teens. Títulos que de entrada invitan al morbo y despiertan la concupiscencia de cualquier practicante de los placeres de Onán. Consulté el reloj y vi que Black Asses estaba por terminar, siguiendo Blondie Teens en el programa de permanencia voluntaria. Me sentí aliviado pues el porno con negras siempre me ha resultado sumamente desagradable; no es una cuestión racial, es sólo que para este tipo de cintas suelen contratar lo que a todas luces son prostitutas viejas y gordas de cualquier barrio bajo de Estados Unidos: migajonas.
Ya trece o catorce años antes había estado en ese lugar durante una expedición con dos compañeros del bachillerato. Aun recuerdo la trama de Sansón y Dalila: Sansón, un tipo fortachón de rasgos italoamericanos, al perder su frondosa cabellera, se ve condenado a la más atroz y frustrante impotencia sexual. Dalila, una rubia exuberante, se ve en la penosa necesidad de tener sexo con hombres y mujeres en escenas uno a uno, tríos y orgías a fin de satisfacer su muy natural apetito sexual. Al final de la cinta, aparece Sansón con una espesa melena rubia (peluca) y somete a Dalila a lo que en la cinta es la cogida de su vida dentro de los cánones, estereotipos y clichés de la pornografía norteamericana. Sabemos que el porno es puro cuento pero eran lo buenos tiempos de Private.
Mis compinches y yo vimos la película dejando una butaca de por medio entre cada uno. El Zurdo sonreía, La Parca ni siquiera parpadeaba y yo tragaba saliva pensando en llegar a casa para masturbarme, lo cual hice. No dudo que ellos lo hayan hecho también. Ahora, trece o catorce años después, ahí estaba, sin el afán masturbador de aquel entonces pero sí con el block de notas mentales listo para registrar todo lo que viera o escuchara.
Desde el momento en que me acerqué a la taquilla, sentí como si un hierro caliente se hubiera posado sobre mí y es que el encargado, cada que alguien le extiende los cuarenta pesos del boleto, parece poner sobre la frente del comprador las palabras “degenerado”, “pervertido”, “marica”, “sátiro”, “chacal” o “chaquetero”. A pesar de que su voz es prácticamente inaudible, esa mirada inquisidora y casi reprobatoria es más que elocuente. Eso o es mera impresión pues el que va al Cine Arcadia sabe que en cualquiera de las anteriores categorías puede encajar.
Entré a la sala, cinco o seis tipos estaban en fila india junto a la puerta. Cuando abrí, por algunos segundos me observaron como evaluándome; intencionalmente dejé la puerta abierta durante más o menos un minuto, a lo que unos reaccionaron adentrándose más en la sala, otros volteando hacia el muro y otros más buscando asiento en alguna butaca cercana. Eso me dio la sensación de que buscan el anonimato quizá por el temor a ser reconocidos o quizá para no ser identificados en la calle. Avancé hacia el interior de la sala, los muros color vino me impedían ver dónde había gente. Así caminé por el pasillo hasta las primeras filas, donde el resplandor de la pantalla podía salvarme de un tropezón mientras mis ojos se acostumbraban a la oscuridad.
Mientras en la pantalla un tipo flaco de tez cadavérica arrojaba semen sobre la cara de una negra fofa y vieja, recordé “Una ciudad maligna” el cuento de Charles Bukowski: “Frank Miró a su alrededor. Las cabezas parecían balancearse por todas partes. No había mujeres. Los tipos parecían estar chupándosela unos a otros. Chupaban y chupaban. Parecían no cansarse. Los que se sentaban solos estaban al parecer meneándosela.”
Y efectivamente así era, cada que alguien se sentaba en alguna de las butacas cercanas al pasillo, otro fulano se paraba a un costado recargado en la pared y se ponía a observarlo como esperando cualquier señal. Si el de la butaca no se levantaba, o si comenzaba a masturbarse, el del pasillo se sentaba junto a él y a los pocos minutos ya le estaba haciendo la tan ansiada  felatio. Al voltear hacia atrás me sorprendí con una visión que no esperaba: a lo largo del pasillo había algunas parejas masturbándose mutuamente y otras, incluso, ya en pleno coito. Para este momento y ante lo que mis ojos veían, cada vez me sentía más invadido por el hastío, el asco y la desolación que, mezclados, ya empezaban a provocarme una fuerte opresión en el pecho.
Hombres gordos, hombres viejos, hombres viejos y gordos, algunos jóvenes (la minoría), algunos con aspecto rural, otros de apariencia burocrática, lo evidentemente estudiantes y lo innegables obreros y jornaleros, el travesti que se paseaba con los tacones estridentes y el olor a sudor y mierda por toda la sala sin que nadie le prestara la más mínima atención y deduje la razón cuando fui a orinar. En el trozo de formica que separa los mingitorios del lavamanos, había escrita con marcador negro una leyenda: “¡Ojo! Las vestidas tienen SIDA”. Es difícil saber si es mero infundio o advertencia por parte de alguna víctima de contagio, quizá por ello anduviera como Cotiriné, el indio en la cárcel que describe Ricardo Garibay en De lujo y hambre.
En el sanitario, hombres recargados en los muros, observando detenidamente a todo aquel que entrara, buscando contacto visual, buscando espiarlo mientras orinaba. Tres de ellos, en particular, estaban tratando de atisbar por la puerta entreabierta del baño de mujeres, de donde salían pujidos y mentadas de madre.
­­­­–Qué, ¿función en vivo?
–Seeeee, una vieja y dos güeyes, se la están chingando entre los dos. ¿Quieres ver y yo te lo mamo?
–No.
La película de negras había terminado. Tenues luces amarillas iluminaban el pasillo. Nadie hacía nada. Algunos en la última fila platicaban animadamente y otros miraban hacia abajo. A dos filas de donde yo estaba parado, pude ver a un pedigüeño que vende paletas so pretexto de una operación en los ojos. Con razón los tiene enfermos este cabrón, pensé. El chiste de todo era estar alejados de la luz en el pasillo, a salvo de las miradas. Por el momento hasta pareció una sala normal.
Aprovechando el intermedio, entró uno de los trabajadores con escoba y recogedor en mano, recorrió los pasillos y algunas filas. Mientras en los cines convencionales los encargados de la limpieza recogen envases de refresco, envolturas de golosinas y recipientes para nachos y palomitas, el afanador del Cine Arcadia llevaba un recogedor rebosante de trozos de papel sanitario y preservativos. Por poco vomito al ver algunas manchas de mierda coronando el recogedor. Eso fue entre las butacas y pasillos, qué no recogerá en los baños.
Tras el conserje que salía de los sanitarios esparciendo aromatizante ambiental, salió el trío que estaba en el baño de mujeres. Uno sonreía, otro miraba a la mujer con desdén y ella sollozaba mientras le pedía al segundo que ya se fueran, que en la casa le hacía lo que fuera, lo que el quisiera pero que ya se fueran, a lo que él sólo respondió “eso querías, ahora te chingas méndiga puta”. Pasaron a mi lado y se sentaron en el centro de la sala, ninguno pasaba de los cuarenta.
Las luces se apagaron y empezó la siguiente película. Rubias hermosas con aspecto adolescente, hombres musculosos también jóvenes, tangas y faldas de colegiala: el sello del ya legendario Larry Flynt en la serie Barely Legal. El ir y venir de un lado a otro, entrando y saliendo del baño se reanudó y yo seguía recargado en el pasillo; después de ver el recogedor estaba más convencido de quedarme en pié y sin tocar nada. Todos los tipos que pasaban me lanzaban miradas salaces, como si el hecho de tener pene los hiciera especiales en algún sentido, yo me tronaba los dedos tratando de contener las ganas de lanzar algunos puñetazos. Uno de ellos en particular llamó mi atención pues, parado casi frente a mí, resoplaba de manera animal y se frotaba el pene a través de la ropa. Cuando reparé en las muecas que hacía y en su aspecto de gorila enano me resultó bastante cómico y patético, un completo imbécil. Chasqueó los dientes y apresurado se marchó cuando solté una serie de carcajadas que hicieron voltear a todos los que estaban cerca.
Busqué al trío, ahí seguían. Ella los masturbaba y un anciano, sentado en la fila delantera pero totalmente volteado hacia ellos, los observaba al tiempo que metía mano entre las piernas de la mujer, ninguno de los dos lo impedía. ¿Mujer infiel sorprendida in fraganti? ¿Esposa fantasiosa cuyo grave error habría sido sugerir la idea a su pareja? Difícil saberlo.
Homosexuales de closet, tipos tan feos que dudo que tengan una buena vida sexual (si la tuvieran no irían), chacales, sodomitas, cocksuckers. Pocos, muy pocos, prestan atención a la pantalla, están más ocupados en acechar y ser acechados en ese ambiente de decadencia y sordidez. Tipos que seguramente en la calle lucen de lo más normal, en el Cine arcadia dejan salir al sátiro o al homosexual que llevan dentro. En un momento dado me pregunté, bueno, si son homosexuales porqué no ir a La Rojas y ahí seducir a alguien. La respuesta ahora me resulta obvia: el Cine Arcadia es un armario gigante que les permite seguir con su vida diaria una vez que salen a la calle, incluso creo que hay tal libertinaje porque quizá lo que sucede en el Arcadia ahí se queda. Nunca en ningún lugar vi tal culto al falo al grado de que no importa el aspecto físico ni la edad, sólo buscan un pene para chupar o para tener dentro sin ver comprometida su hombría frente a la sociedad.
En esta reflexión estaba cuando sentí una mano posarse sobre mi espalda, me giré con violencia y lo increpé con palabras altisonantes. El tipejo corrió al baño y yo, ahogado por la nausea, salí y no me detuve hasta llegar al carro y dar marcha al motor. Sólo cuando llegué a casa pude parar de fumar.

26 de marzo de 2012

Vespertino lluvioso

I
La oscuridad de las calles
se alimenta del miedo
a morir diluido
en cualquier alcantarilla.

Cae la tarde y con ella
la zozobra y el temor
de ser un cero más
en las cifras del sexenio.

II
Llueve,
pero qué te extraña
si siempre ha llovido,
si siempre nos ha llovido,
si desde que nacimos
el cielo se ha ensañado
con nuestros anhelos.

Para los herederos
De de mil novecientos diez
sólo fuimos un rebaño
fácil de complacer,
alienar y sacrificar.

Qué les extraña
a los Sicilia/Le Barón
si estos doce años
sólo hemos sido
ganado humanar,
cifras macroeconómicas
y carne de cañón.

III
La tarde se despide
con el frío de la lluvia.
El café se abarrota
de hipsters cerveceros,
freak show de vanidades:
mucha pose y poco arte,
mucha mota y poco rock.

Y qué le vamos a hacer.
Los anteriores al 19-85
no éramos tan pendejos…
o quizá lo éramos
pero nos vestíamos mejor
y nos desnudábamos despacio.

Ningún pasado fue mejor
pero el presente es insulso
y el futuro poco alentador.

IV
La noche
cae en aguacero.
La calle y sus peatones
yacen empapados.
Eso es lo visto.
Pero no sabemos
cuántas adolescentes
quedan embarazadas
a salvo de la lluvia,
imposible adivinar
si en el cinito porno
alguien se descubre
a través del anciano
que se la quiere chupar
o si la puta de la escuela
echa espuma por la boca
en un fallido intento
de recuperar la sobriedad.

Las recámaras ocultas
en este laberinto
esconden mil secretos
que desde la calle no se ven.

V
La tarde se anochece
y la lluvia se detiene.
Demasiadas lágrimas
inundan la ciudad.

6 de diciembre de 2011

BLACK SUNDAY BLUES

Levantarme un domingo

con los músculos magullados

y una cornada bajo el brazo

mientras decenas de ángeles

me muestran la belleza

que nunca tocaré.

Levantarme un domingo

y andar dieciocho horas

con la dureza de la cama a cuestas;

no escribir, no hablar,

no tener fuerzas para romper la maldición

que me obliga a guardar silencio.

Levantarme un domingo negro

y dejar que todo pase

hasta que mi estela de humo

se disipe al anochecer.

22 de noviembre de 2011

Nacido para la espera: NÚMEROS ROJOS

Nacido para la espera: NÚMEROS ROJOS

NÚMEROS ROJOS


Los años de andar errático
de pronto pasan la factura,
debo no niego, pago no tengo;
pero doy en prenda las horas,
algunos discos gastados
y los sueños húmedos
que me han cimbrado la piel.

Salvo los tesoros
quye no son negociables,
tengo la mitad de la noche
durmiendo bajo la almohada,
la luna que le robé
a una antigua novia,
la lluvia sin sombrilla
y el empaque de las sorpresas.

Guardo algunos libros de Neruda
para las noches de vigilia
y fotografías en sepia
para oler el pasado.

Le pago a la vida
con este valle donde crecí
y el lago salado
donde jamás nadé.

"Toma chocolate,
paga lo que debes".
Aquí traigo un montón de ripios
(palabra tan horrible)
y los ugares comunes
que guardo en la cajuela
por si dejaran de serlo.

¿Cuánto valdrán
mis lentes viejos?
¿Cuánto ofrece la vida
por los primeros cuadernos,
las cicatrices marchitas
y las corbatas que uso
como disfraz de señor importante?

Sólo eso tengo,
lo demás lo gasté
en mi propio semblante.
Si eso bastara,
súbanlo al camión;
si no es suficiente,
a chingar a su madre,
me declaro desauciado.

31 de enero de 2011

El Día de la Chingada Partes 1, 2 y 3 de no sé cuántas, todo corregido y/o aumentado


1

Hay días que le hacen honor a su nombre pues llevan las características de su lugar en la semana, aunque hay los que se rebelan a su naturaleza y de esa forma tenemos martes que quieren parecer domingo, sábados como lunes y viernes que huelen a miércoles; pero siempre acaban por ajustarse a las reglas y no les queda más que la frustración.

En los libros de profecías de diferentes sabios y yonquis se hablaba de un día que no parecería ninguno, que no tenía la importamadrista espiritualidad del viernes, ni la pereza del lunes, ni el hastío del jueves, no era festivo como el domingo ni tenía ese sabatino olor a supermercado. Las profecías lo describían como una masa informe de tiempo en el que nada de lo que se hiciera o dijera tendría repercusiones a futuro y las consecuencias de actos y decisiones del pasado ese día se tomarían unas vacaciones. En muchas culturas se conocía esta profecía y cada una lo llamaba según su lengua o idiosincrasia, en México se le llamó el Día de la Chingada, por ser el lugar a donde se mandan las cosas y personas que ya no sirven, que ya no queremos ver más o que simplemente ya no son de interés.

Pero las profecías también hablaban de un hombre que ese día cambiaría el orden mundial de las cosas, o ya de jodido, la realidad del país donde viviera. De entrada, los especialistas en la materia descartaron la idea de un anticristo, pues eso ya estaba muy visto y a final de cuentas era muy subjetivo; también se descartó una posible Parusía pues tampoco se trataba del Juicio Final. Este hombre del que hablaban las profecías saldría del anonimato a hacer cosas extraordinarias ­­–para bien o para mal–, para luego perderse en la multitud. En México, tomando recursos lingüísticos ya conocidos y fáciles de usar, a este hombre simplemente se le llamó el Hijo de la Chingada.

Todos los gobiernos del mundo empezaron a tomar precauciones: los israelíes aumentaron algunos metros más al cerco contra los palestinos, el gobierno de Venezuela nacionalizó cada negocio o empresa particular, por grande o pequeña que fuera; el gobierno de Estados Unidos deportó a toda persona que tuviera nombre, apellido o fisionomía árabe. En México, dada la connotación negativa que tiene lo relacionado con la Chingada, de inmediato se contrataron más soldados y policías federales a fin de evitar que el crimen organizado (y el desorganizado también) operara en la impunidad, esto es, sin dar la respectiva participación financiera a quienes dictaminaban lo bueno y lo malo. Asimismo, se creó la Fiscalía Especializada en Asuntos de la Chingada, que operaba con recursos destinados originalmente a las becas de los artistas que se amamantaban en la ubre del Estado.

Es por ello que el Consejo de Ancianos, o Suprema Corte de Justicia, como les gusta ser llamados para darse importancia, dictaminó que sería anticonstitucional dar mérito a cualquier actividad realizada ese día. Esta medida, poco pensada pero muy debatida, causó mella entre los políticos mesiánicos que ya pretendían colgarse la aureola. Así, a tontas y a locas y sin nada certero, todos se preparaban para el Día de la Chingada, el Hijo de la Chingada y lo que pudiera ocurrir.

2

El Hombre S, igual que todos, también quería estar listo para lo que las profecías dictaban, pero no sabía qué pasaría, por lo tanto, no sabía cómo prepararse o siquiera si debía hacerlo. Únicamente se limitó a comprar víveres, cigarros, café, una botella de ron y un revólver con dos balas: una para él y otra para su esposa en caso de ser necesario tomar medidas drásticas.

El Hombre S tenía una personalidad entre gris y desdibujada; era de esos antropoides que entran y salen de los bares, oficinas, burdeles, cafés o de cualquier otro sitio sin ser sentidos; de esas personas a las que, de no ser por la inevitable invasión al campo visual, nadie vería. Eso, en lugar de afectarlo, le agradaba pues le daba la oportunidad de ser el perfecto voyerista social, quedarse dormido en las asambleas y la iglesia, contemplar a las mujeres aun cuando éstas fueran acompañadas.

La esposa del Hombre S era todo lo contrario: ni siquiera tenía qué hablar, su presencia ya era escandalosa, sus facciones y complexión le daban cualidades de fenómeno rayando en esperpento. Esta mujer (llamémosla de alguna manera), se alegraba de la personalidad gris del Hombre S pues él nunca le robaba cámara; ella, en cambio, si hablaba o cantaba, todos volteaban a verla, si bailaba todos reían hasta revolcarse en el suelo, lo cual ella interpretaba como tenerlos a sus pies.

Aunque en cualquier reunión, la mujer hacía y decía puras idioteces que a cualquiera en su situación habrían avergonzado, además del profundo pero pasivo odio que sentía hacia su mujer, el Hombre S ya se había acostumbrado a que su mujer hiciera estupideces mientras él hacía lo que le daba la gana.

El Hombre S era un maestro de preparatoria que vivía con la comodidad de estar solo, sin exigencias de nadie. Había terminado la universidad con la idea de colocarse en un trabajo de donde fuera inamovible. En tanto que era disciplinado y nada conflictivo, pronto se ganó la simpatía del Sindicato, por lo que al paso de un año, ya tenía una plaza y un salario seguro. La Mujer, había estudiado psicología en una universidad privada; hija única, estaba acostumbrada a tener toda la atención sobre sí, a cumplir o que le cumplieran todos sus caprichos por idiotas que éstos fuesen. De joven, había sido bonita, pero el exceso de maquillaje y la mala alimentación, a los treinta años la tenían hecha un esperpento: gorda, fofa y su cara la hacía lucir diez años mayor.

El Hombre S era de ideas pragmáticas: “trabaja, cobra, come y bebe café; de todos modos no cambiarás el mundo con romanticismos absurdos”. Ella, por el contrario, aspiraba a relacionarse sentimental mente con artistas e intelectuales pues eran los únicos que podían su carácter revolucionario y feminista. Bastaba con que un hombre flirteara con ella para de inmediato asumir aquello como un “macho haciendo alarde de sus genitales y cosificando a la mujer”.

Antes de casarse, los dos frecuentaban el mismo café. Durante años coincidieron a la misma hora: ella en su mesa con sus amigas y él en la suya sólo para leer el periódico o cualquier volante que le dieran en la calle. Si no tenía nada qué leer, simplemente bebía el café a sorbos y perdía la mirada en cualquier punto de la nada. Aunque ninguno de los dos era su mutuo tipo, se sentían algo así como atraídos: para ella, él era un tipo interesante, posiblemente escritor o intelectual; para él, ella era una mujer sencilla, sin complicaciones, que sólo iba al café a hacer la comidilla de cualquier incauto que le diera de qué hablar. Sin embargo, ni él era escritor ni mucho menos intelectual y ella sólo iba al café para hablar con sus amigos de romances ocasionales y sexo sin orgasmos. Lo único que tenían en común era que ninguno de los dos tenía nada mejor qué hacer más que estar en un café matando el tiempo. Otra cosa que tenían en común era que siempre se estaban espiando el uno al otro con la idea de que el observado no se daba cuenta.

Así fue durante años hasta que un día en que el Hombre S se había tomado tres tazas de café, y aprovechando que ella estaba sola, se armó de valor para acercarse y le dijo:

—En todos los años que tengo viniendo a este café, tú eres la única que a veces voltea a verme y yo soy el único que no ve con desprecio tus arranques de furor.

En cualquier otra situación, ella habría tenido la reacción acostumbrada: soltar una carcajada, insultar y mandar al carajo a quien se le acercara con una perorata de donjuanismo. Pero prefirió seguir escuchando.

­—Tú no eres precisamente bonita, yo estoy entre feo y antipático así que dejémonos de estupideces: vamos a mi casa o a la tuya, tengamos sexo, vivamos juntos y ya.

— ¿Y ya?

—Y ya.

Ella aceptó que el Hombre S tenía razón y decidió arriesgar el todo por el todo, total, si no se sentía a gusto, simplemente podía regresar a su casa, a su rutina. Nunca sintió la necesidad de hacerlo y se quedó con él en un espacio de confort, compartiendo el espacio y la comida.

3

Una tarde, como de costumbre cuando ninguno de los dos estaba en el café (jamás iban juntos), estaban en la sala del departamento que cohabitaban. Él leía el periódico y ella la edición especial de Mujer de hoy, dedicada únicamente al Día de la Chingada.

­­­— ¿Y qué haremos el Día de la Chingada que anuncian en la televisión?

—Ah, no sé. Dicen que ese día no se trabaja, supongo que quedarnos aquí para hacer limpieza general, mira que ya hace falta: el otro día metí la mano atrás del ropero y la saqué toda empolvada. Tú no lo notas porque nunca estás en la casa.

—Pero si tengo tres días que no salgo.

―Ah, no me di cuenta. Oye, ¿y si yo fuera la Hija de la Chingada?

―Ya lo eres y no te has dado cuenta.

―Hablo en serio, pendejo. Hablo de que si yo estuviera destinada a hacer cosas maravillosas por la humanidad.

― ¿Cómo las teiboleras?

―No, más bien como tu chingada madre. Hablo en serio. Imagínate: vendrían periodistas a entrevistarme, hombres a invitarme a salir, señoras de sociedad a proponerme que me uniera a sus fundaciones benéficas, el Premio Nobel de la Paz, fama, fortuna…

―Bueno: las entrevistas serían demasiado aburridas, ¿hombres? Brincos dieras; fundaciones de señoras de sociedad: esas fundaciones las patrocinan sus maridos para mantenerlas ocupadas mientras ellos andan con modelos de veinte años; el Premio Nobel de la paz, ¿qué harás? ¿Dejar de ir a fiestas para que la gente se divierta tranquilamente? Además, no sé si no te has dado cuenta, pero en la tele hablan de “El Hijo de la Chingada”, no de “La Hija de la Chingada”; de esas ya tenemos muchas.

―Pues según esta revista, eso de “El Hijo” es sólo un producto más del machismo. Aquí dice que se tratará de una mujer pues en la actualidad somos nosotras quienes estamos dominando el panorama; ¿no has oído hablar de las mujeres alfa?

―Pero esa revista sólo habla de cosméticos y “las diez mejores formas de reconquistar a tu pareja”, y hasta la fecha tú no has aplicado ninguna de esas diez. A ver, según ese mamotreto que tienes en las manos, ¿qué va a pasar ese día?

―Pues sólo dice que alguien va a cambiar todo.

― ¿Y para eso sacaron un número especial?

―También dice que la Hija de la Chingada…

―Ah, lo dan por hecho…

―Vendrá a reivindicar los derechos de las mujeres, a dignificar la esencia femenina que es una la misma para todas las mujeres del mundo.

―Entonces, ¿todas son iguales?

―Sí, lo que las hace diferente es el nivel de misoginia que reina en su entorno.

―Y en caso de ser tú la “Hija de la Chingada”, ¿qué vas a hacer?

―Eso ni los especialistas lo saben, sólo sé que daría a las mujeres libertad para tomar nuestras propias decisiones, para ser nosotras mismas sin vivir bajo el yugo de esta falocracia que es nuestra sociedad. Se acabarían los maridos mantenidos, los golpeadores, los abusadores.

A partir de ese momento, la muer se soltó en una perorata sobre los derechos de las mujeres y cómo éstas han vivido subyugadas por los hombres, y cómo el mundo sería un lugar mejor si todas las mujeres fueran como las de las de Sex and the city. Con sólo mencionar ese programa, el Hombre S sintió nauseas, se levantó y se fue al café. La muer ni siquiera lo notó, hasta que preguntó “¿tengo o no tengo razón?” a lo que no hubo nadie que le respondiera.

Desde el 12 de marzo de 2009, eres el visitante número...

Clan Amaral

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