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2 de julio de 2012

Cine Arcadia: idolatría fálica


Dante solitario fui, y es que no hubo Virgilio alguno que se aventurase a por lo menos acompañarme en el descenso al Círculo que los sátiros y onanistas tienen en el Infierno moreliano. Nervioso y procurando no ser visto por alguien que pudiese identificarme, llegué a la marquesina para consultar la cartelera: Foxies, Horny Housewifes, Black Asses, Blondie Teens. Títulos que de entrada invitan al morbo y despiertan la concupiscencia de cualquier practicante de los placeres de Onán. Consulté el reloj y vi que Black Asses estaba por terminar, siguiendo Blondie Teens en el programa de permanencia voluntaria. Me sentí aliviado pues el porno con negras siempre me ha resultado sumamente desagradable; no es una cuestión racial, es sólo que para este tipo de cintas suelen contratar lo que a todas luces son prostitutas viejas y gordas de cualquier barrio bajo de Estados Unidos: migajonas.
Ya trece o catorce años antes había estado en ese lugar durante una expedición con dos compañeros del bachillerato. Aun recuerdo la trama de Sansón y Dalila: Sansón, un tipo fortachón de rasgos italoamericanos, al perder su frondosa cabellera, se ve condenado a la más atroz y frustrante impotencia sexual. Dalila, una rubia exuberante, se ve en la penosa necesidad de tener sexo con hombres y mujeres en escenas uno a uno, tríos y orgías a fin de satisfacer su muy natural apetito sexual. Al final de la cinta, aparece Sansón con una espesa melena rubia (peluca) y somete a Dalila a lo que en la cinta es la cogida de su vida dentro de los cánones, estereotipos y clichés de la pornografía norteamericana. Sabemos que el porno es puro cuento pero eran lo buenos tiempos de Private.
Mis compinches y yo vimos la película dejando una butaca de por medio entre cada uno. El Zurdo sonreía, La Parca ni siquiera parpadeaba y yo tragaba saliva pensando en llegar a casa para masturbarme, lo cual hice. No dudo que ellos lo hayan hecho también. Ahora, trece o catorce años después, ahí estaba, sin el afán masturbador de aquel entonces pero sí con el block de notas mentales listo para registrar todo lo que viera o escuchara.
Desde el momento en que me acerqué a la taquilla, sentí como si un hierro caliente se hubiera posado sobre mí y es que el encargado, cada que alguien le extiende los cuarenta pesos del boleto, parece poner sobre la frente del comprador las palabras “degenerado”, “pervertido”, “marica”, “sátiro”, “chacal” o “chaquetero”. A pesar de que su voz es prácticamente inaudible, esa mirada inquisidora y casi reprobatoria es más que elocuente. Eso o es mera impresión pues el que va al Cine Arcadia sabe que en cualquiera de las anteriores categorías puede encajar.
Entré a la sala, cinco o seis tipos estaban en fila india junto a la puerta. Cuando abrí, por algunos segundos me observaron como evaluándome; intencionalmente dejé la puerta abierta durante más o menos un minuto, a lo que unos reaccionaron adentrándose más en la sala, otros volteando hacia el muro y otros más buscando asiento en alguna butaca cercana. Eso me dio la sensación de que buscan el anonimato quizá por el temor a ser reconocidos o quizá para no ser identificados en la calle. Avancé hacia el interior de la sala, los muros color vino me impedían ver dónde había gente. Así caminé por el pasillo hasta las primeras filas, donde el resplandor de la pantalla podía salvarme de un tropezón mientras mis ojos se acostumbraban a la oscuridad.
Mientras en la pantalla un tipo flaco de tez cadavérica arrojaba semen sobre la cara de una negra fofa y vieja, recordé “Una ciudad maligna” el cuento de Charles Bukowski: “Frank Miró a su alrededor. Las cabezas parecían balancearse por todas partes. No había mujeres. Los tipos parecían estar chupándosela unos a otros. Chupaban y chupaban. Parecían no cansarse. Los que se sentaban solos estaban al parecer meneándosela.”
Y efectivamente así era, cada que alguien se sentaba en alguna de las butacas cercanas al pasillo, otro fulano se paraba a un costado recargado en la pared y se ponía a observarlo como esperando cualquier señal. Si el de la butaca no se levantaba, o si comenzaba a masturbarse, el del pasillo se sentaba junto a él y a los pocos minutos ya le estaba haciendo la tan ansiada  felatio. Al voltear hacia atrás me sorprendí con una visión que no esperaba: a lo largo del pasillo había algunas parejas masturbándose mutuamente y otras, incluso, ya en pleno coito. Para este momento y ante lo que mis ojos veían, cada vez me sentía más invadido por el hastío, el asco y la desolación que, mezclados, ya empezaban a provocarme una fuerte opresión en el pecho.
Hombres gordos, hombres viejos, hombres viejos y gordos, algunos jóvenes (la minoría), algunos con aspecto rural, otros de apariencia burocrática, lo evidentemente estudiantes y lo innegables obreros y jornaleros, el travesti que se paseaba con los tacones estridentes y el olor a sudor y mierda por toda la sala sin que nadie le prestara la más mínima atención y deduje la razón cuando fui a orinar. En el trozo de formica que separa los mingitorios del lavamanos, había escrita con marcador negro una leyenda: “¡Ojo! Las vestidas tienen SIDA”. Es difícil saber si es mero infundio o advertencia por parte de alguna víctima de contagio, quizá por ello anduviera como Cotiriné, el indio en la cárcel que describe Ricardo Garibay en De lujo y hambre.
En el sanitario, hombres recargados en los muros, observando detenidamente a todo aquel que entrara, buscando contacto visual, buscando espiarlo mientras orinaba. Tres de ellos, en particular, estaban tratando de atisbar por la puerta entreabierta del baño de mujeres, de donde salían pujidos y mentadas de madre.
­­­­–Qué, ¿función en vivo?
–Seeeee, una vieja y dos güeyes, se la están chingando entre los dos. ¿Quieres ver y yo te lo mamo?
–No.
La película de negras había terminado. Tenues luces amarillas iluminaban el pasillo. Nadie hacía nada. Algunos en la última fila platicaban animadamente y otros miraban hacia abajo. A dos filas de donde yo estaba parado, pude ver a un pedigüeño que vende paletas so pretexto de una operación en los ojos. Con razón los tiene enfermos este cabrón, pensé. El chiste de todo era estar alejados de la luz en el pasillo, a salvo de las miradas. Por el momento hasta pareció una sala normal.
Aprovechando el intermedio, entró uno de los trabajadores con escoba y recogedor en mano, recorrió los pasillos y algunas filas. Mientras en los cines convencionales los encargados de la limpieza recogen envases de refresco, envolturas de golosinas y recipientes para nachos y palomitas, el afanador del Cine Arcadia llevaba un recogedor rebosante de trozos de papel sanitario y preservativos. Por poco vomito al ver algunas manchas de mierda coronando el recogedor. Eso fue entre las butacas y pasillos, qué no recogerá en los baños.
Tras el conserje que salía de los sanitarios esparciendo aromatizante ambiental, salió el trío que estaba en el baño de mujeres. Uno sonreía, otro miraba a la mujer con desdén y ella sollozaba mientras le pedía al segundo que ya se fueran, que en la casa le hacía lo que fuera, lo que el quisiera pero que ya se fueran, a lo que él sólo respondió “eso querías, ahora te chingas méndiga puta”. Pasaron a mi lado y se sentaron en el centro de la sala, ninguno pasaba de los cuarenta.
Las luces se apagaron y empezó la siguiente película. Rubias hermosas con aspecto adolescente, hombres musculosos también jóvenes, tangas y faldas de colegiala: el sello del ya legendario Larry Flynt en la serie Barely Legal. El ir y venir de un lado a otro, entrando y saliendo del baño se reanudó y yo seguía recargado en el pasillo; después de ver el recogedor estaba más convencido de quedarme en pié y sin tocar nada. Todos los tipos que pasaban me lanzaban miradas salaces, como si el hecho de tener pene los hiciera especiales en algún sentido, yo me tronaba los dedos tratando de contener las ganas de lanzar algunos puñetazos. Uno de ellos en particular llamó mi atención pues, parado casi frente a mí, resoplaba de manera animal y se frotaba el pene a través de la ropa. Cuando reparé en las muecas que hacía y en su aspecto de gorila enano me resultó bastante cómico y patético, un completo imbécil. Chasqueó los dientes y apresurado se marchó cuando solté una serie de carcajadas que hicieron voltear a todos los que estaban cerca.
Busqué al trío, ahí seguían. Ella los masturbaba y un anciano, sentado en la fila delantera pero totalmente volteado hacia ellos, los observaba al tiempo que metía mano entre las piernas de la mujer, ninguno de los dos lo impedía. ¿Mujer infiel sorprendida in fraganti? ¿Esposa fantasiosa cuyo grave error habría sido sugerir la idea a su pareja? Difícil saberlo.
Homosexuales de closet, tipos tan feos que dudo que tengan una buena vida sexual (si la tuvieran no irían), chacales, sodomitas, cocksuckers. Pocos, muy pocos, prestan atención a la pantalla, están más ocupados en acechar y ser acechados en ese ambiente de decadencia y sordidez. Tipos que seguramente en la calle lucen de lo más normal, en el Cine arcadia dejan salir al sátiro o al homosexual que llevan dentro. En un momento dado me pregunté, bueno, si son homosexuales porqué no ir a La Rojas y ahí seducir a alguien. La respuesta ahora me resulta obvia: el Cine Arcadia es un armario gigante que les permite seguir con su vida diaria una vez que salen a la calle, incluso creo que hay tal libertinaje porque quizá lo que sucede en el Arcadia ahí se queda. Nunca en ningún lugar vi tal culto al falo al grado de que no importa el aspecto físico ni la edad, sólo buscan un pene para chupar o para tener dentro sin ver comprometida su hombría frente a la sociedad.
En esta reflexión estaba cuando sentí una mano posarse sobre mi espalda, me giré con violencia y lo increpé con palabras altisonantes. El tipejo corrió al baño y yo, ahogado por la nausea, salí y no me detuve hasta llegar al carro y dar marcha al motor. Sólo cuando llegué a casa pude parar de fumar.

26 de marzo de 2012

Vespertino lluvioso

I
La oscuridad de las calles
se alimenta del miedo
a morir diluido
en cualquier alcantarilla.

Cae la tarde y con ella
la zozobra y el temor
de ser un cero más
en las cifras del sexenio.

II
Llueve,
pero qué te extraña
si siempre ha llovido,
si siempre nos ha llovido,
si desde que nacimos
el cielo se ha ensañado
con nuestros anhelos.

Para los herederos
De de mil novecientos diez
sólo fuimos un rebaño
fácil de complacer,
alienar y sacrificar.

Qué les extraña
a los Sicilia/Le Barón
si estos doce años
sólo hemos sido
ganado humanar,
cifras macroeconómicas
y carne de cañón.

III
La tarde se despide
con el frío de la lluvia.
El café se abarrota
de hipsters cerveceros,
freak show de vanidades:
mucha pose y poco arte,
mucha mota y poco rock.

Y qué le vamos a hacer.
Los anteriores al 19-85
no éramos tan pendejos…
o quizá lo éramos
pero nos vestíamos mejor
y nos desnudábamos despacio.

Ningún pasado fue mejor
pero el presente es insulso
y el futuro poco alentador.

IV
La noche
cae en aguacero.
La calle y sus peatones
yacen empapados.
Eso es lo visto.
Pero no sabemos
cuántas adolescentes
quedan embarazadas
a salvo de la lluvia,
imposible adivinar
si en el cinito porno
alguien se descubre
a través del anciano
que se la quiere chupar
o si la puta de la escuela
echa espuma por la boca
en un fallido intento
de recuperar la sobriedad.

Las recámaras ocultas
en este laberinto
esconden mil secretos
que desde la calle no se ven.

V
La tarde se anochece
y la lluvia se detiene.
Demasiadas lágrimas
inundan la ciudad.

6 de diciembre de 2011

BLACK SUNDAY BLUES

Levantarme un domingo

con los músculos magullados

y una cornada bajo el brazo

mientras decenas de ángeles

me muestran la belleza

que nunca tocaré.

Levantarme un domingo

y andar dieciocho horas

con la dureza de la cama a cuestas;

no escribir, no hablar,

no tener fuerzas para romper la maldición

que me obliga a guardar silencio.

Levantarme un domingo negro

y dejar que todo pase

hasta que mi estela de humo

se disipe al anochecer.

22 de noviembre de 2011

Nacido para la espera: NÚMEROS ROJOS

Nacido para la espera: NÚMEROS ROJOS

NÚMEROS ROJOS


Los años de andar errático
de pronto pasan la factura,
debo no niego, pago no tengo;
pero doy en prenda las horas,
algunos discos gastados
y los sueños húmedos
que me han cimbrado la piel.

Salvo los tesoros
quye no son negociables,
tengo la mitad de la noche
durmiendo bajo la almohada,
la luna que le robé
a una antigua novia,
la lluvia sin sombrilla
y el empaque de las sorpresas.

Guardo algunos libros de Neruda
para las noches de vigilia
y fotografías en sepia
para oler el pasado.

Le pago a la vida
con este valle donde crecí
y el lago salado
donde jamás nadé.

"Toma chocolate,
paga lo que debes".
Aquí traigo un montón de ripios
(palabra tan horrible)
y los ugares comunes
que guardo en la cajuela
por si dejaran de serlo.

¿Cuánto valdrán
mis lentes viejos?
¿Cuánto ofrece la vida
por los primeros cuadernos,
las cicatrices marchitas
y las corbatas que uso
como disfraz de señor importante?

Sólo eso tengo,
lo demás lo gasté
en mi propio semblante.
Si eso bastara,
súbanlo al camión;
si no es suficiente,
a chingar a su madre,
me declaro desauciado.

31 de enero de 2011

El Día de la Chingada Partes 1, 2 y 3 de no sé cuántas, todo corregido y/o aumentado


1

Hay días que le hacen honor a su nombre pues llevan las características de su lugar en la semana, aunque hay los que se rebelan a su naturaleza y de esa forma tenemos martes que quieren parecer domingo, sábados como lunes y viernes que huelen a miércoles; pero siempre acaban por ajustarse a las reglas y no les queda más que la frustración.

En los libros de profecías de diferentes sabios y yonquis se hablaba de un día que no parecería ninguno, que no tenía la importamadrista espiritualidad del viernes, ni la pereza del lunes, ni el hastío del jueves, no era festivo como el domingo ni tenía ese sabatino olor a supermercado. Las profecías lo describían como una masa informe de tiempo en el que nada de lo que se hiciera o dijera tendría repercusiones a futuro y las consecuencias de actos y decisiones del pasado ese día se tomarían unas vacaciones. En muchas culturas se conocía esta profecía y cada una lo llamaba según su lengua o idiosincrasia, en México se le llamó el Día de la Chingada, por ser el lugar a donde se mandan las cosas y personas que ya no sirven, que ya no queremos ver más o que simplemente ya no son de interés.

Pero las profecías también hablaban de un hombre que ese día cambiaría el orden mundial de las cosas, o ya de jodido, la realidad del país donde viviera. De entrada, los especialistas en la materia descartaron la idea de un anticristo, pues eso ya estaba muy visto y a final de cuentas era muy subjetivo; también se descartó una posible Parusía pues tampoco se trataba del Juicio Final. Este hombre del que hablaban las profecías saldría del anonimato a hacer cosas extraordinarias ­­–para bien o para mal–, para luego perderse en la multitud. En México, tomando recursos lingüísticos ya conocidos y fáciles de usar, a este hombre simplemente se le llamó el Hijo de la Chingada.

Todos los gobiernos del mundo empezaron a tomar precauciones: los israelíes aumentaron algunos metros más al cerco contra los palestinos, el gobierno de Venezuela nacionalizó cada negocio o empresa particular, por grande o pequeña que fuera; el gobierno de Estados Unidos deportó a toda persona que tuviera nombre, apellido o fisionomía árabe. En México, dada la connotación negativa que tiene lo relacionado con la Chingada, de inmediato se contrataron más soldados y policías federales a fin de evitar que el crimen organizado (y el desorganizado también) operara en la impunidad, esto es, sin dar la respectiva participación financiera a quienes dictaminaban lo bueno y lo malo. Asimismo, se creó la Fiscalía Especializada en Asuntos de la Chingada, que operaba con recursos destinados originalmente a las becas de los artistas que se amamantaban en la ubre del Estado.

Es por ello que el Consejo de Ancianos, o Suprema Corte de Justicia, como les gusta ser llamados para darse importancia, dictaminó que sería anticonstitucional dar mérito a cualquier actividad realizada ese día. Esta medida, poco pensada pero muy debatida, causó mella entre los políticos mesiánicos que ya pretendían colgarse la aureola. Así, a tontas y a locas y sin nada certero, todos se preparaban para el Día de la Chingada, el Hijo de la Chingada y lo que pudiera ocurrir.

2

El Hombre S, igual que todos, también quería estar listo para lo que las profecías dictaban, pero no sabía qué pasaría, por lo tanto, no sabía cómo prepararse o siquiera si debía hacerlo. Únicamente se limitó a comprar víveres, cigarros, café, una botella de ron y un revólver con dos balas: una para él y otra para su esposa en caso de ser necesario tomar medidas drásticas.

El Hombre S tenía una personalidad entre gris y desdibujada; era de esos antropoides que entran y salen de los bares, oficinas, burdeles, cafés o de cualquier otro sitio sin ser sentidos; de esas personas a las que, de no ser por la inevitable invasión al campo visual, nadie vería. Eso, en lugar de afectarlo, le agradaba pues le daba la oportunidad de ser el perfecto voyerista social, quedarse dormido en las asambleas y la iglesia, contemplar a las mujeres aun cuando éstas fueran acompañadas.

La esposa del Hombre S era todo lo contrario: ni siquiera tenía qué hablar, su presencia ya era escandalosa, sus facciones y complexión le daban cualidades de fenómeno rayando en esperpento. Esta mujer (llamémosla de alguna manera), se alegraba de la personalidad gris del Hombre S pues él nunca le robaba cámara; ella, en cambio, si hablaba o cantaba, todos volteaban a verla, si bailaba todos reían hasta revolcarse en el suelo, lo cual ella interpretaba como tenerlos a sus pies.

Aunque en cualquier reunión, la mujer hacía y decía puras idioteces que a cualquiera en su situación habrían avergonzado, además del profundo pero pasivo odio que sentía hacia su mujer, el Hombre S ya se había acostumbrado a que su mujer hiciera estupideces mientras él hacía lo que le daba la gana.

El Hombre S era un maestro de preparatoria que vivía con la comodidad de estar solo, sin exigencias de nadie. Había terminado la universidad con la idea de colocarse en un trabajo de donde fuera inamovible. En tanto que era disciplinado y nada conflictivo, pronto se ganó la simpatía del Sindicato, por lo que al paso de un año, ya tenía una plaza y un salario seguro. La Mujer, había estudiado psicología en una universidad privada; hija única, estaba acostumbrada a tener toda la atención sobre sí, a cumplir o que le cumplieran todos sus caprichos por idiotas que éstos fuesen. De joven, había sido bonita, pero el exceso de maquillaje y la mala alimentación, a los treinta años la tenían hecha un esperpento: gorda, fofa y su cara la hacía lucir diez años mayor.

El Hombre S era de ideas pragmáticas: “trabaja, cobra, come y bebe café; de todos modos no cambiarás el mundo con romanticismos absurdos”. Ella, por el contrario, aspiraba a relacionarse sentimental mente con artistas e intelectuales pues eran los únicos que podían su carácter revolucionario y feminista. Bastaba con que un hombre flirteara con ella para de inmediato asumir aquello como un “macho haciendo alarde de sus genitales y cosificando a la mujer”.

Antes de casarse, los dos frecuentaban el mismo café. Durante años coincidieron a la misma hora: ella en su mesa con sus amigas y él en la suya sólo para leer el periódico o cualquier volante que le dieran en la calle. Si no tenía nada qué leer, simplemente bebía el café a sorbos y perdía la mirada en cualquier punto de la nada. Aunque ninguno de los dos era su mutuo tipo, se sentían algo así como atraídos: para ella, él era un tipo interesante, posiblemente escritor o intelectual; para él, ella era una mujer sencilla, sin complicaciones, que sólo iba al café a hacer la comidilla de cualquier incauto que le diera de qué hablar. Sin embargo, ni él era escritor ni mucho menos intelectual y ella sólo iba al café para hablar con sus amigos de romances ocasionales y sexo sin orgasmos. Lo único que tenían en común era que ninguno de los dos tenía nada mejor qué hacer más que estar en un café matando el tiempo. Otra cosa que tenían en común era que siempre se estaban espiando el uno al otro con la idea de que el observado no se daba cuenta.

Así fue durante años hasta que un día en que el Hombre S se había tomado tres tazas de café, y aprovechando que ella estaba sola, se armó de valor para acercarse y le dijo:

—En todos los años que tengo viniendo a este café, tú eres la única que a veces voltea a verme y yo soy el único que no ve con desprecio tus arranques de furor.

En cualquier otra situación, ella habría tenido la reacción acostumbrada: soltar una carcajada, insultar y mandar al carajo a quien se le acercara con una perorata de donjuanismo. Pero prefirió seguir escuchando.

­—Tú no eres precisamente bonita, yo estoy entre feo y antipático así que dejémonos de estupideces: vamos a mi casa o a la tuya, tengamos sexo, vivamos juntos y ya.

— ¿Y ya?

—Y ya.

Ella aceptó que el Hombre S tenía razón y decidió arriesgar el todo por el todo, total, si no se sentía a gusto, simplemente podía regresar a su casa, a su rutina. Nunca sintió la necesidad de hacerlo y se quedó con él en un espacio de confort, compartiendo el espacio y la comida.

3

Una tarde, como de costumbre cuando ninguno de los dos estaba en el café (jamás iban juntos), estaban en la sala del departamento que cohabitaban. Él leía el periódico y ella la edición especial de Mujer de hoy, dedicada únicamente al Día de la Chingada.

­­­— ¿Y qué haremos el Día de la Chingada que anuncian en la televisión?

—Ah, no sé. Dicen que ese día no se trabaja, supongo que quedarnos aquí para hacer limpieza general, mira que ya hace falta: el otro día metí la mano atrás del ropero y la saqué toda empolvada. Tú no lo notas porque nunca estás en la casa.

—Pero si tengo tres días que no salgo.

―Ah, no me di cuenta. Oye, ¿y si yo fuera la Hija de la Chingada?

―Ya lo eres y no te has dado cuenta.

―Hablo en serio, pendejo. Hablo de que si yo estuviera destinada a hacer cosas maravillosas por la humanidad.

― ¿Cómo las teiboleras?

―No, más bien como tu chingada madre. Hablo en serio. Imagínate: vendrían periodistas a entrevistarme, hombres a invitarme a salir, señoras de sociedad a proponerme que me uniera a sus fundaciones benéficas, el Premio Nobel de la Paz, fama, fortuna…

―Bueno: las entrevistas serían demasiado aburridas, ¿hombres? Brincos dieras; fundaciones de señoras de sociedad: esas fundaciones las patrocinan sus maridos para mantenerlas ocupadas mientras ellos andan con modelos de veinte años; el Premio Nobel de la paz, ¿qué harás? ¿Dejar de ir a fiestas para que la gente se divierta tranquilamente? Además, no sé si no te has dado cuenta, pero en la tele hablan de “El Hijo de la Chingada”, no de “La Hija de la Chingada”; de esas ya tenemos muchas.

―Pues según esta revista, eso de “El Hijo” es sólo un producto más del machismo. Aquí dice que se tratará de una mujer pues en la actualidad somos nosotras quienes estamos dominando el panorama; ¿no has oído hablar de las mujeres alfa?

―Pero esa revista sólo habla de cosméticos y “las diez mejores formas de reconquistar a tu pareja”, y hasta la fecha tú no has aplicado ninguna de esas diez. A ver, según ese mamotreto que tienes en las manos, ¿qué va a pasar ese día?

―Pues sólo dice que alguien va a cambiar todo.

― ¿Y para eso sacaron un número especial?

―También dice que la Hija de la Chingada…

―Ah, lo dan por hecho…

―Vendrá a reivindicar los derechos de las mujeres, a dignificar la esencia femenina que es una la misma para todas las mujeres del mundo.

―Entonces, ¿todas son iguales?

―Sí, lo que las hace diferente es el nivel de misoginia que reina en su entorno.

―Y en caso de ser tú la “Hija de la Chingada”, ¿qué vas a hacer?

―Eso ni los especialistas lo saben, sólo sé que daría a las mujeres libertad para tomar nuestras propias decisiones, para ser nosotras mismas sin vivir bajo el yugo de esta falocracia que es nuestra sociedad. Se acabarían los maridos mantenidos, los golpeadores, los abusadores.

A partir de ese momento, la muer se soltó en una perorata sobre los derechos de las mujeres y cómo éstas han vivido subyugadas por los hombres, y cómo el mundo sería un lugar mejor si todas las mujeres fueran como las de las de Sex and the city. Con sólo mencionar ese programa, el Hombre S sintió nauseas, se levantó y se fue al café. La muer ni siquiera lo notó, hasta que preguntó “¿tengo o no tengo razón?” a lo que no hubo nadie que le respondiera.

25 de noviembre de 2010

COMUNICADO

Reproduzco aquí un comunicado distribuido por la Familia Michoacana. Lo hago con total imparcialidad y con el único fin de informar sobre una situación que ya sucede en todo el estado y que para nadie es ajena. Lor errores gramaticales y ortográficos se han respetado, no le he corregido, recortado ni aumentado nada. lo dejo a su consideración.
MORIR ES NADA CUANDO POR LA PATRIA SE MUERE - MORELOS
AL PUEBLO DE MEXICO
LA FAMILIA MICHOACANA INFORMA A LA SOCIEDAD EN GENERAL, QUE FIEL A SUS IDEALES Y CON LA FIRME CONVICCIÓN DE SERVIR A LA SOCIEDAD, VE CON TRISTEZA LA FALTA DE INTERES MOSTRADO POR LOS ORGANOS DE GOBIERNO CORRESPONDIENTES, A LA PROPUESTA HECHA EN LOS PRIMEROS DIAS DE NOVIEMBRE DEL PRESENTE AÑO, POR TAL MOTIVO SEGUIREMOS INSISTIENDO EN NUESTRAS PROPUESTAS DE DIALOGO CON LAS INSTANCIAS CORRESPONDIENTES , SIENDO NUESTRO PRINCIPAL OBJETIVO EL BUSCAR UNA SOLUCIÓN A LOS PROBLEMAS SOCIALES QUE PREVALECEN EN NUESTRA COMUNIDAD Y SIN IMPORTAR QUE NOS SIGAN CALIFICANDO COMO DELINCUENTES, TAMBIEN EN LA TAMBIEN EN LA INDEPENDENCIA Y EN LA REVOLUCION MEXICANA, ASI FUERON CALIFICADOS TODOS LOS QUE LUCHARON POR SUS IDEALES Y DERECHOS; SIN EMBARGO ESAS MISMAS PERSONAS QUE FUERON TACHADAS DE DELINCUENTES SON CONSIDERADOS HÉROES DE LA NACION.
POR TAL MOTIVO NO CLAUDICAREMOS EN NUESTRA LUCHA POR HACER OÍR NUESTRAS DEMANDAS, QUE NO SON PARA BENEFICIO PERSONAL, SI NO PARA BIEN DE TODA LA SOCIEDAD MICHOACANA, POR ESO SEGUIREMOS HACIENDO UN LLAMADO A LA RECONCILIACIÓN CON LAS DIFERENTES DEPENDENCIAS DE GOBIERNO Y CON TDA LA SOCIEDAD, DE LA CUAL TAMBIEN NOSOTROS FORMAMOS PARTE Y COMO LO ESTABLECE LA CONSTITUCIÓN TENEMOS LOS MISMOS DERECHOS.
ES MUY IMPORTANTE HACER UN ANÁLISIS DETALLADO SOBRE NUESTRA PROPUESTA, NO QUEREMOS QUE CONVIERTAN AL ESTADO DE MICHOACAN, EN ALGO PARECIDO A CIUDAD MIER, TAMAULIPAS, UN MONTERREY, NUEVO LEON, O EN EL PEOR DE LOS CASOS UNA CIUDAD JUÁREZ CHIHUAHUA.
LA FAMILIA MICHOACANA DEJA CLARO, QUE EN CASO DE NO OBTENER UNA RESPUESTA POSITIVA A NUESTRA PROPUESTA DEL ANTERIOR COMUNICADO POR PARTE DE LAS AUTORIDADES GUBERNAMENTALES, DEJAREMOS DE REALIZAR ACTIVIDADES ALTRUISTAS Y DE APOYO SOCIAL DE BUENA VOLUNTAD DE NUESTRA PARTE, A PARTIR DEL 1ro. DE DICIEMBRE DEL AÑO 2010 Y HASTA EL ÍA 1ro. DE ENERO DEL AÑO 2011; ESTO CON LA FINALIDAD DE QUE LA SOCIEDAD EN GENERAL VALORE Y JUZGUE POR SI MISMA, SI ES O NO NECESARIA NUESTRA PRESENCIA.
NOS DESLINDAMOS DE TODO TIPO DE ACTO OCURRIDO EN EL PERIODO ANTES MENCIONADO, POR LO QUE NO SERÁ RESPONSABILIDAD DE LA FAMILIA MICHOACANA LOS ACTOS QUE PUEDAN OCURRIR EN ESTE TIEMPO. DEJANDO POR COMPLETO LA RESPONSABILIDAD DE LA SEGURIDAD DE NUESTRO ESTADO DE *MICHOACAN*, A LAS AUTORIDADES COMPETENTES.
POR ULTIMO, DEJAR BIEN CLARO QUE LA FAMILIA MICHOACANA NO ES UN CARTEL DE MALEANTES O DELINCUENTES, MAS BIEN ES UNA UNION DE HOMBRE Y MUJERES NIÑOS Y FAMILIAS ENTERAS LUCHANDO A FAVOR DE LOS DERECHOS, MISMOS QUE LES HAN SIDO ARREBATADOS EN LOS ÚLTIMOS AÑOS.

* POR UN MICHOACAN Y UN MÉXICO CON JUSTICIA SOCIAL *
ATENTAMENTE:
* MEJOR MORIR DE PIE QUE MORIR DE RODILLAS *. E. ZAPATA
*LA FAMILIA MICHOACANA*
*EL RESPETO AL DERECHO AJENO ES LA PAZ *. Benito Juárez.
*SOLAMENTE AQUEL QUE CONSTRUYE FUTURO, TIENE DERECHO A JUZGAR EL PASADO* Francisco Villa.

19 de octubre de 2010

Sin raíz


Vengo de una raza
de ajajayes enchidos
a la menor provocación,
vengo de un corrido
donde hasta la muerte sabe,
vengo de ese maizal
que alimenta a los concebidos
en la estrechez de un escarabajo,
crecí entre un lago de sal
y la fecundidad de un valle
donde se canta con tequila
la lírica trágica
de quien no teme a nada.
Llevo en la muerte ese gusto
que sólo Dios del cielo me lo quita.

No obstante todo eso,
por mis oídos entra un rap
y de mis labios sale un blues,
mi hija baila Soul
y escucha rocanrol…
por alejarme del árbol
ella deberá hallar
su propia raíz.

Desde el 12 de marzo de 2009, eres el visitante número...

Clan Amaral

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Blasón del Clan Amaral