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23 de mayo de 2014

Educación contra las mentiras

En 1991, el rapero KRS-One y Zizwe Mtafuta-Ukweli, en Estados Unidos, dieron forma a un ambicioso proyecto de regeneración social llamado HEAL (Human Education Against Lies), con el cual se pretendía combatir a lo que ellos llamaban Síndrome de Deficiencia del Sentido Común. Para este proyecto, el rapero neoyorkino convocó a algunos de los cantantes de este género más comprometidos con las luchas sociales y con ellos salió a la luz un excelente disco titulado HEAL, civilization vs technology. Además, KRS-One escribió un folleto de quince páginas que se repartió en sus conciertos. El disco es excelente ya que, además de las letras de alto contenido social, cuenta con la participación de gente como Big Daddy Kane, LL Cool J, Queen Latifa, Jam Master Jay, Ziggy Marley y el mismo KRS-One. Pero lo que a mí me llama la atención es el folleto, disponible en www.graffiti.org/ups/heal.
La idea de HEAL era el cambio de conciencia, sobre todo entre los jóvenes, ya que, según sus impulsores, la raíz de todo el problema está en el sistema educativo, en el sistema político y en el modelo económico de occidente, y es que este proyecto estaba pensado para luchar contra las mentiras a través de la literatura y la música como principales herramientas, esto con el fin de llegar a un sector social ya demasiado inmerso en las mentiras e ilusiones de la posmodernidad, y para ello, el punto de partida es el precepto que dice: “Antes de ser una raza, una religión o una ocupación, eres un ser humano”.
En el primer apartado, que trata sobre las modificaciones que es necesario hacer al sistema educativo, dice que desde temprana edad se nos enseña que debemos tener una respuesta para todo, pero no es una respuesta pensada porque, desde que entramos a la escuela, los profesores nos inyectan datos y fórmulas, después hacen preguntas sólo para corroborar si memorizamos las verdades que ellos nos recitaron, pero nunca nos enseñaron a cuestionar y criticar la realidad. Esto conduce a pensar que un sistema educativo basado en la memorización genera personas que no cuestionan, no critican nada, sólo viven como pequeñas piezas de un gran engranaje que no se detiene, ya que, aunque haya quien pueda decirnos que en la escuela podemos preguntar, eso es falso puesto que, en los salones de clases, los estudiantes sólo preguntan sobre lo que recuerdan que pueden preguntar, sin ir más allá. Como ejemplo de lo anterior basta ver a cualquier estudiante de secundaria o bachillerato haciendo un trabajo: no saben leer, no saben interrogar a sus libros, a sus maestros, y eso, lamentablemente, es algo que se lleva de por vida, pues hay profesionistas a quienes uno pregunta sobre algo relacionado con su trabajo y se limitan a encogerse de hombros y murmurar: “Así me lo dijeron”.
Para KRS-One todo esto se debe a que mediante una educación basada en las mentiras, una religión de esclavos y un sistema político que trata a las personas como mercancía, el ser humano se ha perdido en una suerte de animalidad que lo mantiene pasivo mientras sus derechos son violados, mientras la memoria histórica es borrada con datos falsos o seleccionados a modo de quien imparte la educación, en este caso el Estado. El problema, sostiene, es que estamos tan habituados a este estado de cosas, que muy difícilmente nos moveremos hacia la liberación; estamos tan acostumbrados a las mentiras que en cuanto alguien grita la verdad, de inmediato es acallado por el sistema y linchado por una sociedad que siente en peligro sus estructuras de confort; por eso al gobierno no le conviene que se insista en que estamos cada vez más jodidos como sociedad.
Todo esto viene a derivar en la falta de congruencia, desde la más básica como ser humanos y comportarnos de forma inhumana con otras personas, hasta esas grandes diferencias entre el discurso y los hechos, o entre un discurso bien elaborado y nuestra verdadera forma de pensar, lo cual nos aleja de inmediato de la realidad para sumergirnos en la burbuja del autoengaño en la que pensamos que hacemos lo correcto aunque no siempre sea así. 
Hoy más que nunca considero que este documento debe ser difundido y estudiado pues sería tonto pensar que sólo tiene vigencia en Estados Unidos; no, su importancia es a nivel global pues no critica los falsos valores norteamericanos (si es que algo así existe), sino que critica los preceptos erróneos de las sociedades contemporáneas, basados en el poder económico y político, en el dominio sobre el otro, en siempre conseguir más con el menor sacrificio y en producir más con la menor inversión.
Valdría la pena difundirlo porque actualmente, con la plataforma digital a que tenemos acceso, muchas veces estamos expuestos a información irresponsable, falsa o intrascendente cuyos autores propagan nada más porque tienen un espacio, un blog o un suplemento, sin considerar que posiblemente estén formando opiniones torcidas en el sector juvenil con posturas que a veces rayan en lo idiota.
Educar contra las mentiras es el fin de HEAL, como lo es educar contra la vanidad, la arrogancia, la discriminación, la incongruencia, la desinformación, la violencia y todo eso que sume a la humanidad en la bestialidad disfrazada de civilización. Es por eso que vale la pena difundirlo entre jóvenes, que son los más expuestos a la democratización de la ignorancia.

Los que ya son gobierno



 En Michoacán vemos lo que el gobierno hace, pero ignoramos lo que en el fondo ocurre, no sabemos con qué fundamento se toman ciertas decisiones de las que más tarde sólo padecemos las consecuencias. Hace más de un año, cuando surgieron los primeros grupos de autodefensa, de inmediato cosecharon la simpatía de los michoacanos que estaban hartos de los embates de la delincuencia, y no me refiero a los michoacanos de Morelia, que vemos todo de lejos y a través de los medios -muy viciados algunos de ellos-, me refiero a los michoacanos de esos municipios de Tierra Caliente que, dicho de manera vulgar, saben de qué lado masca la iguana en ciertos temas. Pero también se rumoró en la prensa que en realidad se trataba de grupos paramilitares o miembros de cárteles foráneos que querían apoderarse de Michoacán y por eso el abierto combate a Los Caballeros Templarios. Así que mientras eran peras o manzanas, los grupos de autodefensa crecieron ante la mirada distante del gobierno federal y la mirada impotente del estatal, que estaba más enfocado en la salud del gobernador que en la fragua en que se estaba convirtiendo la entidad.
Cierto, los grupos de autodefensa comandados por José Manuel Mireles, Hipólito Mora y Estanislao Beltrán crecieron, tomaron el control de decenas de municipios de Tierra Caliente, la Costa y la Meseta Purépecha, desplazaron a los miembros de la delincuencia organizada y acapararon la mirada internacional, tan es así que la Federación tuvo que intervenir anunciando con bombo y platillos millonarios recursos para el estado, con la obvia invasión de policías federales y soldados, justo como en el Operativo Conjunto Michoacán implementado por Felipe Calderón a inicios de su administración. Y así como con el operativo calderonista no ocurrió nada bueno, con las acciones peñistas no se han visto resultados positivos que verdaderamente sean palpables para la atribulada sociedad michoacana, pues aunque en algunas regiones, aseguran, se acabó con las extorsiones, las ejecuciones siguen a la orden del día, los enfrentamientos continúan ocurriendo y la economía estatal nomás no repunta más que en las estadísticas triunfalistas del gobierno.
Lo ocurrido el pasado 10 de mayo, establecido como fecha límite para el desarme de los grupos de autodefensa, evidencia lo que desde el principio se dejó ver porque al nombrar como comisionado para la Seguridad y el Desarrollo Integral de Michoacán a Alfredo Castillo Cervantes, la Federación, mientras argumentaba que la seguridad pública es facultad exclusiva del Estado, se daba la mano con los principales líderes de los grupos de autodefensa ante su incapacidad para frenarlos, y es que el simple intento de desarmarlos por la fuerza podía acarrear severas consecuencias nada deseables para un gobierno que se sustenta en la buena imagen. Lo malo fue que nunca contaron con que Hipólito Mora y Mireles no se sujetarían a los dictados de Alfredo Castillo, sino que lo encararon, lo contradijeron y al gobierno estatal y a muchos municipales los señalaron como lo que sabemos que son: imposiciones de los poderes fácticos que tenían en los ayuntamientos auténticas minitas de oro.
Ahora, con Hipólito Mora desvirtuado por los señalamientos de sicarios disfrazados de autodefensas y una mujer biónica que presenció y escuchó todo a 500 metros de distancia y en una oscura noche, con José Manuel Mireles diezmado en su salud a raíz del accidente aéreo que sufrió y con la acusación (un tanto vacía) de haber participado en cinco homicidios, Alfredo Castillo ahora tiene en Papá Pitufo al alfil perfecto pues éste sí se ajustó a lo que el comisionado, por órdenes de sus jefes, determinó: legalizar a un grupo señalado como refugio de sicarios, dotándolo de placas, uniformes, patrullas y armas.
“¡Ya somos gobierno!”, exclamó Estanislao Beltrán al conformase oficialmente la Fuerza Rural, y esa es una frase muy peligrosa por sus serias connotaciones. Ser gobierno es tener el poder para hacer y decidir, aún sobre otros, y si además se tiene el cobijo del aparato de Estado, ese poder es un arma de doble filo pues además de ayudar a recuperar la paz de la entidad, también ayuda a enriquecerse, a emprender cacerías de brujas y terminar convirtiéndose en lo que se supone que combatirían, y para darse cuenta de ello basta echar un vistazo a la historia de las revoluciones que terminan en dictaduras, como la del PRI en México y la de Fidel Castro, en Cuba. Por eso, ahora que Papá Pitufo ya es “gobierno”, preocupa lo que vaya a ocurrir con la Fuerza Rural, pues no sabemos si ahora ellos serán los nuevos halcones del crimen organizado (de La Tercera Hermandad, por ejemplo). Y si Estanislao Beltrán piensa que ya con ese uniforme podrá combatir abiertamente a la delincuencia organizada, está muy equivocado pues un policía rural no tiene las facultades para combatir delitos federales ya que tendrá aún menos rango que un municipal, y no importa que la Fuerza Rural esté adscrita a la Policía Estatal, con el Mando Unificado Policial están en el mismo barco. Así que con la legalización de los grupos de autodefensa la Federación mata varios pájaros de una pedrada: en primer lugar, mantiene cerca a valiosos colaboradores (ahora subordinados) en las regiones más peligrosas del estado; en segundo término, los legaliza para regularlos y así impedir su crecimiento tanto en armamento como en número de elementos, y en tercer lugar, al darles el estatus de rurales, los limita para actuar como lo habían venido haciendo y que afectó demasiado a la buena imagen del gobierno federal, pues hacia el exterior daba la impresión (que aquí ha sido una realidad) de que había un vacío de poder, un Estado fallido imposible de remediar para los golden boys del gabinete federal.
“¡Ya somos gobierno!”, dijo Estanislao Beltrán enfundado en el uniforme color azul marino y con ese semblante meditabundo, casi triste, de quien sabe que muy posiblemente se ha vendido barato. Sólo espero que el poder no lo corrompa, que haya valido la pena perder autosuficiencia (la institucionalización siempre es un acto de sujeción) y que los discursos de Castillo Cervantes no sean nada más un canto de sirena, más aún si tomamos en cuenta que 2015 es año electoral y que, de seguir así las cosas, el ambiente va a estar sumamente caldeado y de verdad, como siempre digo, no está el horno para bollos.

2 de mayo de 2014

A pesar de Maciel, santo nuevo

A Fernanda, que hoy cumple

La canonización de Juan Pablo II puso otra vez sobre los reflectores la relación de encubrimiento entre el ahora santo y Marcial Maciel en torno a los actos de pederastia en que muchos miembros de Los Legionarios de Cristo, empezando por el propio sacerdote mexicano, han incurrido. En muchos países son numerosos los testimonios de víctimas de abuso sexual, son muchas las denuncias y pocas las acciones, tan es así que recientemente, el Papa Francisco, a nombre de la Iglesia católica, pidió perdón públicamente en un acto que causó revuelo internacional, como cuando Juan Pablo II hizo lo propio porque El Vaticano no intercedió durante el Holocausto.
Pero a pesar de que la Iglesia ha comenzado a reconocer los abusos cometidos por sus prelados, nada se ha hecho por transparentar la capacidad financiera de Los Legionarios de Cristo, quienes a lo largo de América Latina y en varios países europeos poseen cuantiosas propiedades y redes de escuelas privadas de todos los niveles, operadas a través de fundaciones que se publicitan como de apoyo a los sectores vulnerables, o bien los exclusivos colegios (donde han estudiado los hijos de Carlos Slim o Jorge Hank Rhon) que funcionan como máquinas de hacer dinero, pero también como centros de reclutamiento de quienes habrán de engrosar sus filas y sus arcas.
Un pequeño ejemplo del poder económico y de reclutamiento de Los Legionarios de Cristo lo constituyen los diez campus de la Universidad Anáhuac en la Ciudad de México, Veracruz, Querétaro, Puebla, Quintana Roo, Tamaulipas y Oaxaca; las quince universidades que poseen en Chile, España, Italia y Estados Unidos, alrededor de 150 colegios, 21 institutos y decenas de escuelas llamadas Mano Amiga, operadas por la Fundación Altius, una de tantas caras económicas de la orden fundada por Marcial Maciel, como diversas empresas inmobiliarias y organizaciones como Un Kilo de Ayuda y Promotora Social México. Todas, en su conjunto, entre 2007 y 2012 -sólo por ejemplificar- sumaron capitales de hasta dos mil 300 millones de pesos anuales.
Hay una frase de Marcial Maciel que define perfectamente el esquema empresarial diseñado por el líder legionario y su círculo cercano: no hay mejor negocio que los pobres. Este precepto se pone de manifiesto con el modo de operar de las fundaciones de Los Legionarios de Cristo, que reciben cientos de millones de pesos como donativos deducibles de impuestos bajo la cara de ser instituciones de ayuda. Pero ahí no para el asunto ya que las instituciones financieras que son propiedad de Promotora Social México ofrecen préstamos a personas que por su bajo nivel adquisitivo o por trabajar en la informalidad no son susceptibles de recibir un crédito en un banco convencional, esto a cambio de intereses muy superiores a los que se manejan en el mercado crediticio, es así que el deudor terminará pagando mucho más de lo que un banco cobraría como interés, sin contar la deuda original.
Otra forma de explotar el mercado de la clase media, cada vez más pobre, es a través de la Fundación Altius con sus colegios Mano Amiga. El esquema es muy simple. Si estos colegios estuvieran enfocados a las personas pudientes, como otros con que también cuenta la orden religiosa, su mercado sería muy reducido, pero si a los sectores populares en las zonas urbanas les ofrecen un colegio privado, con la aparente ventaja educativa y de estatus social que ello representa, recibiendo donativos de la iniciativa privada y cobrando colegiaturas de acuerdo con el resultado de un estudio socioeconómico, su clientela será sumamente amplia, sobre todo si consideramos el muy deficiente nivel que muchas escuelas del sector público padecen, además del hartazgo de los padres de familia que se han cansado de las huelgas y las marchas, sumado a la campaña de desprestigio de que el magisterio (primordialmente el democrático) ha sido víctima por parte del gobierno y muchos medios de comunicación. Entonces la lógica es hasta obvia, y más en una sociedad predominantemente católica como la nuestra: si pago mil pesos al mes pero me garantizan que no hay huelgas, que se les enseña inglés y computación y aparte se les inculcan valores religiosos, no hay ni que pensarlo.
Pero con todo y que Juan Pablo II encubrió los abusos de Marcial Maciel, a quien definió como “un guía eficaz de la juventud”, durante la visita del entonces Papa a México, en 1994; con todo y que desoyó el clamor de las víctimas, acallado por el poderío económico de los conocidos entre sus detractores como Millonarios de Cristo, a pesar de haber presentado pruebas contundentes no sólo de la pederastia en la Iglesia, sino de la adicción de Maciel a la morfina y sus derivados; con todo y eso, el grueso del catolicismo celebró la canonización de El Papa Viajero. Y es que mejor decisión no se pudo haber tomado en el contexto actual.
En El Vaticano son conscientes de que los abusos sexuales por parte de prelados y sacerdotes, además del ritmo de vida actual, han mermado la cantidad de fieles, y es que la Iglesia católica, en tanto que institución, se había venido anquilosando en el conservadurismo de sus preceptos frente, por ejemplo, a la lucha de las mujeres por el derecho a decidir un aborto, el debate sobre la legalización de la mariguana en algunos países, la legalización de los matrimonios entre personas del mismo sexo y demás cuestiones que han hecho que las sociedades contemporáneas se replanteen muchos valores, volteando incluso hacia otros cultos. Es por eso que (ya desde la investidura del Papa Francisco se veía venir) la Iglesia católica necesita mantener a salvo la fe de su grey, y quién más que el vicario de Cristo más querido, más admirado, más venerado y más cercano para los católicos, Juan Pablo II, quien por sus constantes viajes alrededor del mundo y su mediación política como jefe del Estado Vaticano cosechó, a lo largo de su pontificado, la simpatía y el cariño de millones de personas.
Es así que a pesar de la negra historia de Los Legionarios de Cristo y la ominosa reputación de Marcial Maciel, a quien Karol Wojtyla siempre protegió y encubrió, el catolicismo tiene un controvertido santo nuevo pues no hay que olvidar que más allá de las fallas humanas, al hablar de religión, no podemos pasar por alto el sustento de todo culto: la fe, y esa se respeta porque no admite cuestionamientos, ya que estos son ajenos al plano dogmático.

25 de abril de 2014

Los nuevos desempleados




El reciente despido de 97 agentes estatales en un proceso que a todas luces se presenta como irregular, pone de manifiesto el punto hasta el cual las instituciones están minadas por la corrupción y el grado de colusión con el crimen de los mandos medios y superiores, que son quienes muchas veces se quedan con el botín. Todo este asunto es bastante extraño porque, aunque muchos de ellos mostraron sus certificados como policías acreditables y otros adujeron que ni siquiera se les ha aplicado dicha prueba, fueron despedidos con el argumento de que no habían pasado estos exámenes. El asunto es que con esa acción ahora tenemos a 97 flamantes desempleados más (felicidades, señor gobernador, es usted un campeón), desempleados que, hay que decirlo, conocen el manejo de armas y vehículos, tienen capacitación y experiencia en este tema y no requieren ser adiestrados por quien pudiera contratarlos con diversos fines, y no hablo de otras corporaciones de seguridad públicas o privadas puesto que, además de ser despedidos, estos elementos fueron boletinados para impedirles trabajar.
Ante este panorama, ¿qué les espera a los 97 agentes cesados?, cuando sabemos que muchos, que tienen más de 20 años de servicio, muy difícilmente encontrarán empleo en otra cosa, pero que por la misma naturaleza de su labor conocen gente que conoce gente, así que no sería tan difícil enrolarse en un grupo ilícito. No es que esté dando por hecho que eso sucederá, pero si les ofrecen apenas diez o 20 mil pesos como indemnización por los años de servicio y prácticamente diciéndoles, mediante amenazas, “y di que te fue bien”, recordemos que, como dicen en mi pueblo, el hambre es canija y más el que se la aguanta, y mucha gente, con tal de asegurar el sustento para su familia, es capaz de muchas cosas.
Por otro lado, el hecho de que sus mandos medios exigieran a cada elemento una cuota de 200 pesos por concepto de mordidas, nos hace pensar que quizás el agente de Tránsito que detiene a un conductor con cualquier pretexto no es el malo de la historia, sino que es una víctima más. En este sentido vale preguntar quiénes son esos mandos medios y si el dinero recaudado por medio del soborno se queda ahí o va a parar a otras esferas de poder, si llega hasta los mandos superiores (secretario de Seguridad Pública incluido) o, como en otros tantos rubros, se destina a grupos delictivos que operan en el estado. Todo eso sin contar la venta de plazas o el dinero exigido por el cambio de lugar de trabajo o el uso de unidades.
Cierto es que hubo mucha gente que celebró el despido de estos 97 policías y es lógico, pues este sector, con los normalistas, democráticos y la delincuencia organizada, es de los menos estimados por la sociedad, fama ganada a pulso por la corrupción que históricamente ha imperado en todas las corporaciones policiacas, los abusos, las violaciones a los derechos humanos, la colusión con bandas criminales y demás tropelías en que muchos policías incurren, pero también hay policías buenos, y lo sé porque he cultivado algunas amistades en el gremio, lo que me ha convencido de que a pesar de la podredumbre en las instituciones de seguridad de este país, no todos los elementos son El Negro Durazo.
Ante este panorama, lo que a los ciudadanos nos corresponde es, en caso de ser detenidos por un agente estatal, actuar como con los niños que piden limosna. Sabemos que los niños y ancianos que laboran en el mercado de la mano estirada muchas veces son explotados, por lo que el dinero no es para el famoso taco que quieren, sino para vivales que se aprovechan de ellos y los mandan a pedir limosna, poniéndoles incluso una tarifa diaria; ante esto, los ciudadanos hemos aprendido a no darles dinero para no seguir solapando a vividores que los regentean como si de prostitutas se tratara. Lo mismo debemos hacer cuando un agente nos detenga: sabemos que el dinero del soborno no es algo extra que él se “gana”, sino que es para un mando medio o superior que desde su escritorio dispone de los empleados de todos nosotros y de los bienes públicos para enriquecerse o enriquecer a otros, por lo que lo más justo, como siempre ha sido, es que en lugar de reaccionar con el típico “écheme la mano oficial”, con madurez cívica recibamos de buen grado nuestra infracción si es que incurrimos en una falta a la normatividad vial (y vaya que en esta ciudad sobran los infractores) y paguemos nuestra multa en el lugar donde a esos vividores con poder les resultará más difícil robar.
Ahora lo que corresponde es que, derivado de las quejas que estos policías interpusieron ante la Comisión Estatal de Derechos Humanos, se inicien investigaciones para castigar a quienes son señalados como destinatarios del dinero producto de los sobornos, pero para eso se requiere que el Poder Ejecutivo y el Judicial hagan su trabajo pues, aunque llenen el estado de policías de la capital del país o del Estado de México, nada cambiará porque lo podrido está aquí.

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