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7 de febrero de 2014

El show presidencial

El presidente Peña Nieto se había comprometido a venir a Michoacán y esta semana por fin lo hizo, no sin la promesa (que para algunos suena como amenaza) de hacer doce visitas durante este año a fin de supervisar los trabajos del comisionado Alfredo Castillo. Claro que, a la usanza del presidencialismo mexicano, lo hizo cobijado por un fuerte dispositivo propio de quien teme por su seguridad y la de su séquito, para lo que la vialidad en toda esa zona de la capital michoacana se vio colapsada. El caso es que de nada sirve la visita de los mandatarios, pues no ven la realidad de las ciudades o poblados a donde acuden, ya que los responsables de la logística se encargan de montar toda una escenografía a fin de hacer confortable y agradable el paso de los convoyes.
    En su libro titulado Memorias, Gonzalo N. Santos (gobernador de San Luis Potosí de 1943 a 1949) cuenta que el 7 de julio de 1940, antes de acudir a votar, Lázaro Cárdenas daba vueltas por algunas calles de la Ciudad de México para darse una idea de cómo transcurrían los comicios para elegir a su sucesor en la Presidencia de la República. Al pasar frente a la casilla donde tenía que emitir su voto, notó que ésta era bien custodiada por personas afines al derechista Juan Andrew Almazán, candidato del Partido Revolucionario de Unificación Nacional. Los grupos de choque del gobierno que respaldaban a Manuel Ávila Camacho, bajo las órdenes del entonces subsecretario de Gobernación, Agustín Arroyo, de inmediato hicieron su jugada; fue así que entre ráfagas de ametralladora ahuyentaron a los que alcanzaron a correr, hirieron a unos y mataron a otros tantos almazanistas. Después de la refriega, la Cruz Roja recogió cadáveres y a los lesionados mientras los bomberos lavaban la sangre derramada. Cuando todo quedó inmaculado, cuenta Gonzalo N. Santos: “Ordené a los improvisados miembros de la casilla que pusieran la nueva ánfora de votos, pues iba a ser inexplicable que en ‘la sagrada urna’ sólo hubiera dos votos: el del General Lázaro Cárdenas, presidente de la República, y el de Arroyo Ch., subsecretario de Gobernación (…) ‘Qué limpia está la calle’, comentó Cárdenas al salir de la casilla. Yo le contesté: ‘Donde vota el presidente de la República no debe haber basurero’”.
    Este pasaje ejemplifica de manera extraordinaria esa idea de mostrar la mejor cara, el aspecto óptimo y el más perfecto orden cuando de la visita de un gobernante se trata. Es así que los convidados al festín lucen sus mejores galas y se ponen la sonrisa más amplia, las calles lucen impecables, totalmente libres de basura, pedigüeños, limpiaparabrisas y vendedores de chácharas en los cruceros, y entonces el mandatario exalta la belleza de la ciudad o el pintoresquismo del pueblo, no se diga si es uno de los que tienen el nombramiento de Mágico. Pero yo me pregunto qué sucedería si Peña Nieto viniera a Morelia casi de incógnito, quizá con su chofer y guardaespaldas, pero sin el convoy de soldados y federales, a lidiar con el tráfico y darle los cinco pesos al limpiaparabrisas que ni siquiera espera a recibir la respuesta negativa, simplemente arroja el chorro de agua jabonosa mientras exclama “¡a la vuelta me das si no trais carnal!”. Imaginemos cuál sería su reacción si de repente llegara a Tierra Caliente, donde la sociedad vive en la zozobra por no saber en qué momento se dará otro enfrentamiento.
    Durante la administración de Felipe Calderón eran notorias sus visitas a Morelia pues el Centro Histórico era un búnker, y tenía razón para temer pues, a pesar de ser oriundo de esta tierra, para un amplio sector de la población era -y lo sigue siendo- una persona non grata por haber emprendido una guerra que nadie le pidió y por el Michoacanazo, que no fue más que un acto de revancha política. Pero Peña Nieto, en un estado gobernado y legislado en su mayoría por su partido, el PRI, ¿a qué le puede temer en Michoacán si nos trajo la buena nueva de lo que ya se sabía que llegaría? Si como dicen sus correligionarios legisladores y demás miembros de la clase política estatal, Michoacán le agradece el apoyo y respalda las acciones emprendidas en la entidad, ¿no hubiera sido mejor que transitara por la ciudad dejándose ver por el pueblo que votó por él para recibir su cariño y respaldo como todo bien amado líder?, ¿acaso no sería bueno que acudiera a Tierra Caliente a escuchar de viva voz el clamor de los empresarios que están al borde de la quiebra, las familias fracturadas por la violencia y los presidentes municipales cautivos del miedo y la presión social?
    Como buen heredero del priismo, a Enrique Peña Nieto le gusta lucir poderoso; eso lo hemos visto desde su toma de posesión, cuando en torno a San Lázaro se montó un cerco infranqueable. Fuera de las vallas las manifestaciones fueron reprimidas con lujo de violencia aprovechando el caos generado por los grupos de choque que, hay que decirlo, se han vuelto una constante en casi todas las marchas de la Ciudad de México. Y mientras en las calles los manifestantes eran golpeados, al interior de la Cámara de Diputados, los legisladores del PRI también montaron un cerco en los pasillos para impedir cualquier intento de llegar a la tribuna por parte de los diputados de oposición, el escenario perfecto para montar un espectáculo mediático.
    Ahora, con la visita del jefe del Ejecutivo federal a Morelia, también se montó una escenografía en la que el actor principal se ajustó al libreto de anunciar recursos que ya estaban en gran parte etiquetados, como cuando su secretario de Hacienda y Crédito Público, Luis Videgaray, vino a proclamar la inyección de capital para la entidad, que no era más que lo que ya estaba gestionado con Banobras por concepto de empréstito y reestructuración de deuda. Y es así como vimos desfilar a las grandes personalidades haciendo nada, sólo turismo político en un entorno seguro y con una escenografía bien montada para que los afortunados de la primera fila intentaran estrechar la mano del dignatario y, claro, los de plano bendecidos pudieran tomarse la foto del recuerdo. Todo mientras parecen ignorar que a muchos kilómetros, de ahí los grupos de autodefensa siguen avanzando, las cabezas continúan apareciendo y las fosas clandestinas son descubiertas.
    Pero usted y yo somos ajenos a ese sainete, así que no nos queda más que ser cuidadosos ante la inseguridad, pacientes en el tráfico y eficientes en la relación tan inequitativa entre la quincena y los precios, eso si queremos salir adelante pues, créame, ni a usted ni a mí nos escuchará Peña Nieto, ni el “gobernador” Alfredo Castillo, ni el gobernador honorario Fausto Vallejo, vaya, ni siquiera el maestro Willy.

26 de enero de 2014

Pena capital, ¿en verdad es justa?

Cada vez que un mexicano transita por la última milla en Estados Unidos, se suscita el debate en torno a la pena de muerte. No diremos si el último connacional ejecutado en Texas era culpable o inocente o si su juicio estuvo lleno de irregularidades, por lo que hubiera podido ameritar la revisión del caso o cambiarle la pena de muerte por cadena perpetua. Vaya, ni siquiera diré su nombre para no distraerme.
De entrada, una persona que es detenida en otro país por un delito cometido en aquella nación tendrá –invariablemente- que ser juzgada con las leyes del país donde tuvo lugar la comisión del crimen, entonces no debe extrañarnos que un mexicano sea condenado a muerte en una nación cuya legislación lo permite y lo estipula en algunos estados. No digo que sea lo justo, sólo que es lo legal, y recordemos que muchas veces la legalidad no implica el ejercicio de la justicia y la ética. Esta idea es el principio básico de la soberanía de un país, pues así como ningún otro debe intervenir en su territorio geográfico, tampoco debe hacerlo en el plano legal o en el político. Claro, eso en un mundo ideal pues recordemos que Estados Unidos nunca se ha caracterizado por su respeto a la soberanía de otros países, entre ellos México.
Personalmente lo digo: no soy partidario de la pena de muerte pero sí de castigos severos que vayan de acuerdo con el delito cometido. Esta postura se debe a que en México (no sé hasta qué punto en Estados Unidos) la procuración de justicia y el sistema penitenciario han estado tan corrompidos que pueden darse dos extremos: uno, el del presunto culpable que puede pasar años en la cárcel simplemente a la espera de un veredicto o porque no habla español y en realidad pudo no haber sabido ni de qué se le acusaba; y por el otro, el de el delincuente que por sus influencias y su dinero no sólo consigue condenas laxas, sino hasta privilegios durante su reclusión, y el caso de El Chapo en el Penal de Puente Grande y su posterior fuga de éste son claros ejemplos de cómo puede estar corrompido el sistema penitenciario (léase Los señores del narco, de Anabel Hernández). Más ejemplos de estos niveles de corrupción e ineficiencia en la impartición de justicia los encontramos en las liberaciones de Florence Cassez, Raúl Salinas y Caro Quintero.
Decía entre paréntesis que no sé hasta qué punto esté corrompido el aparato de procuración de justicia en Estados Unidos, y es que no es que no sea corrupto, sólo que esa descomposición es motivada por diferentes intereses. Pongamos dos escenarios paralelos: en el primero de ellos está un pandillero, por poner un ejemplo, quien en medio de un asalto mató a un policía o lo asesinó en venganza. Todo el peso de la ley caerá sobre este preso sin importar si es hispano, negro, anglosajón o de cualquier raza, incluso puede ser un ciudadano decente y sobre él recaerá la pena más dura. El otro escenario es el de un narcotraficante mexicano, quizá un narcojunior como el hijo de El Mayo Zambada o el ahora famoso Chino Ántrax. Aunque personas como esas hayan hecho cosas de peores implicaciones sociales que el asesinato de un policía, el gobierno estadounidense no se deshará de ellos así nada más, sino que los resguardará de quienes podrían atentar contra sus vidas, y si los delitos no son tan graves y deciden cooperar, hasta los pueden acoger como testigos protegidos. Y es que el gobierno norteamericano le saca más provecho a estos detenidos interrogándolos que ejecutándolos, y eso porque pueden llevar a la CIA y la DEA a la localización de peces más gordos, y no importa que estén en territorio mexicano, Estados Unidos siempre tendrá la forma de violentar la soberanía nacional y venir por los capos que le interesan. Esto a pesar de que, paradójicamente, en ninguna cárcel mexicana haya recluida persona alguna por su participación en el operativo Rápido y furioso, mediante el cual se importaron desde Estados Unidos innumerables armas cuyos destinatarios eran los miembros de la delincuencia organizada, operación llevada a cabo con la anuencia y apoyo del gobierno norteamericano.
Volviendo al tema de la pena capital, más allá de las cuestiones políticas y diplomáticas no hay que olvidar que lo que se está determinando es la vida o la muerte de un ser humano. Cierto, casi cualquiera me podrá decir que se trata de delincuentes que no se tocaron el corazón para matar a alguien deliberadamente, pero aquí es donde entra lo que decía al principio, que no soy partidario de la pena de muerte pero sí de castigos acordes con el delito cometido, así que considere usted, querido lector, qué pena propondría para un pedófilo, un tratante de blancas, un violador, un traficante de menores o un desquiciado que violó y mató a una familia, ¿sería realmente justa la pena capital o en realidad sería un castigo amable?
Que no se confunda esto que sugiero con la Ley del Talión, no es así de simple. Cuando se juzga a alguien por homicidio hay que ver, primero, que sí, el homicidio es un delito, pero también hay que dejar bien claro en qué circunstancias se cometió y si el homicida muestra algún indicio de arrepentimiento y posibilidades de regeneración y adaptabilidad a la sociedad. Si es así, hay que darle las herramientas para su sano reintegro a la sociedad, así haya matado a un yonqui o al mismísimo Papa. Pero si es un enfermo que no tiene remedio, que si vuelve a salir a las calles posiblemente reincida, ¿qué caso tiene que el Estado lo mantenga?, quizá sólo para realizar estudios científicos, psiquiátricos y psicológicos a fin de detectar casos similares en un futuro; salvo eso, mantenerlo con vida es innecesario, y lo mismo aplica para delincuentes que sabemos que reincidirán por no conocer otra forma de vida.


Claro que en este punto estamos ante la disyuntiva entre la pena de muerte como acto de justicia o como venganza de Estado, incluso como un revancha de una sociedad agredida. El caso es que la pena de muerte en Estados Unidos curiosamente sigue vigente en estados como Texas, donde mayores facilidades tienen los ciudadanos para la adquisición y portación de armas de fuego, por lo cual es más fácil la comisión de asesinatos. Por otro lado, hemos de agradecer a nuestro mexicano catolicismo que dice que sólo Dios puede quitar la vida, pues como está el aparato gubernamental de procuración de justicia, la pena de muerte sería un grave riesgo, ya que así como hay miles de presos que en realidad son inocentes, ¿cuántos condenados en las mismas circunstancias pasarían a la inyección letal sin derecho a defenderse?

17 de enero de 2014

La debilidad del Estado

Sin duda alguna Michoacán está en la crisis más severa por la que ha atravesado quizá en toda su historia, es un hecho del que todos nos damos cuenta aunque haya quienes fingen no entender la magnitud del problema. Lo que actualmente se vive en el estado es una bomba de tiempo cuyo cronómetro se encendió durante la administración de Lázaro Cárdenas Batel, pues ya desde aquel entonces se hablaba de grupos al margen de la ley que ganaban terreno en algunas esferas de la vida política de la entidad. Con Leonel Godoy el escenario no cambió para bien, pues mientras la Federación hacía sus ilusorios esfuerzos por combatir al crimen organizado, la realidad se imponía con trágicos argumentos. Es así que esta bomba de tiempo al parecer le está tronando a Fausto Vallejo y la onda expansiva rebasa no sólo al gobierno estatal, sino al mismo Estado mexicano.
El problema de fondo en esta situación no está en el crimen organizado o en los grupos de autodefensa, ese fenómeno es únicamente un síntoma de la enfermedad, una tos en medio de la pulmonía. El problema de fondo está en la debilidad que con los años se ha ido acentuando en las estructuras gubernamentales por diversos factores. Rememoremos un poco.
Al Capone
En Estados Unidos, a partir de la década de los 20, entre la prohibición del alcohol y la recesión económica la mafia italiana aprovechó la coyuntura para hacer prósperos negocios mediante el contrabando de licor, lo que dio origen a algunos de los imperios criminales más poderosos de nuestro ilustre país vecino, los cuales también ofrecían “protección” (de ellos mismos, claro está) a los comerciantes establecidos en sus áreas de influencia, pero también comenzaron a controlar el flujo de apuestas, la prostitución y todo cuanto se comercializara en el mercado negro. Pero para conseguirlo tuvieron que incluir en su juego a jueces y policías que de otra forma hubieran estorbado a sus intereses, de tal manera que mediante sobornos o amenazas fueron consiguiendo favores políticos que les permitían mantener sus operaciones, tiempo después diversificadas hacia los sindicatos porque entendieron que controlando los gremios, podían amagar a los empresarios con huelgas si no accedían a sus exigencias.
Hasta ahí se trataba de negocios vistos como inofensivos, pues no tenían mayor impacto social, pero durante la guerra de Vietnam, al tener Estados Unidos una gran cantidad de soldados que por diversas razones se habían vuelto adictos a más de alguna droga proporcionada por el mismo gobierno en los frentes de batalla, los miembros de la mafia vieron una gran oportunidad de mercado en el comercio de estupefacientes, y fue aquí donde entró México al escenario con la producción de mariguana y goma (heroína) para el trasiego hacia Estados Unidos. En este punto el gobierno norteamericano, a través de la CIA, coadyuvaba en el tráfico de enervantes a cambio de que los capos latinoamericanos, sobre todo mexicanos y colombianos, hicieran aportaciones económicas a diversos grupos como la contra nicaragüense, cuyo fin era combatir al Frente Sandinista de Liberación Nacional, pues a los intereses de Estados Unidos no convenía la presencia de grupos comunistas en América Latina. Así pues, el poder y las grandes fortunas de Amado Carrillo o de Pablo Escobar son incomprensibles sin la CIA como factor determinante.
“México, tan lejos del cielo y tan cerca de Estados Unidos”, dicen que decía Porfirio Díaz y no es para menos, pues si hago este breve recuento es porque el crimen organizado en nuestro país no se puede entender sin la influencia del vecino del norte, en tanto que es el principal destino de la droga que se produce o que pasa por nuestro territorio, y además constituye el principal proveedor de armas que los grupos delictivos utilizan en la República Mexicana.
Amado Carrillo
En México, por otro lado, históricamente ha habido poblados o regiones enteras, sobre todo en Sinaloa, Durango, Guerrero, Michoacán y otros estados donde la única vía para obtener ingresos es la producción de estupefacientes o el tráfico de estos; entonces mucha gente desde la infancia sabe que en su camino sólo habrá dos alternativas: entrar al narcotráfico en cualquiera de sus facetas o morir de hambre, la decisión es obvia, más si no se conoce otra realidad.
Pero igual que en el caso de la mafia italiana en Estados Unidos, el crimen organizado en México necesitaba la protección de las autoridades en turno, es por eso que desde sus inicios, los grupos de narcotraficantes comenzaron a crear a su alrededor redes de complicidad y corrupción con policías, militares, gobernadores, presidentes municipales y secretarios de Estado a quienes siempre se han destinado enormes cañonazos de dinero a cambio de encubrimiento, información y seguridad para sus operaciones. Ese fenómeno trajo consigo el debilitamiento de las instituciones como garantes de la seguridad, la legalidad y la procuración de justicia.
Desde la época dorada de capos como Caro Quintero, Ernesto Fonseca y Amado Carrillo, el crecimiento de la corrupción ha sido desmesurado, de tal manera que es inversamente proporcional a la solidez de las instituciones, tan es así que en la actualidad el Estado mexicano se ha visto rebasado por los poderes fácticos, y no hablo sólo de la delincuencia organizada como siempre la asumimos, sino por la otra delincuencia organizada que son las cúpulas políticas del poder y los grandes consocios nacionales y extranjeros que han hecho del gobierno su marioneta desde el arribo de la tecnocracia con Miguel de la Madrid.

Es por eso que a Fausto Vallejo, aunque es el gobernador del estado, no podemos exigirle un remedio a corto plazo a la situación que se vive en la entidad dado que tales circunstancias son consecuencia de la histórica debilidad gubernamental y de la falta de oportunidades de desarrollo y progreso que padece la ciudadanía. Tampoco podemos soñar y esperar resultados de la Federación, pues desde hace décadas el gobierno de la República ha tenido enquistada en su estructura a la delincuencia organizada, y mientras no tengamos un presidente capaz, decidido, patriota y rodeado de funcionarios honestos y competentes en todo el aparato gubernamental, los problemas de esta naturaleza seguirán. Y así como para el calderonismo el talón de Aquiles estuvo entre Chihuahua y Tamaulipas, y para Peña es la Tierra Caliente de Michoacán, para los siguientes gobernantes pueden ser otras regiones, otros estados, y el país seguirá cayéndose a pedazos mientras los grandes empresarios (lícitos e ilícitos) seguirán repartiéndose el botín.

12 de enero de 2014

Detrás de nosotros

Hace 20 años México y el mundo se conmocionaron con la aparición pública del Ejército Zapatista de Liberación Nacional (EZLN), el 1º de enero de 1994, en el estado de Chiapas, y hablo de la entidad porque no fue un movimiento privativo de San Cristóbal de las Casas, sino que en él estaban representadas todas las etnias de aquel estado. No me ocuparé de los pormenores de esa lucha que inició mucho antes porque otros, quizá más sapientes y experimentados que yo, ya lo habrán hecho. Más bien escudriño en mis libreros y saco de entre mi pequeño acervo un libro que fue mi regalo de cumpleaños en el año 2000. En la portada de color verde y entre hojas de alguna planta se lee el título Detrás de nosotros estamos ustedes, autoría del subcomandante Marcos, editado ese año por Plaza Janés y con prólogo de Eduardo Galeano.
Detrás de nosotros estamos ustedes es un compendio de comunicados, cartas y discursos de Marcos a manera de crónica del zapatismo, el encuentro con la pobreza, los posicionamientos políticos, las simpatías con intelectuales como Carlos Monsiváis o movimientos sociales, la masacre de Acteal perpetrada por un comando paramilitar el 22 de diciembre de 1997. En fin, este libro nos permite un acercamiento a un Marcos político -que siempre lo ha sido- y al líder guerrillero dueño de una prosa poética si hay tiempo para ello, dura si es necesario y siempre en busca de diálogo. Pero también nos permite asomarnos al Marcos que pese al papel protagónico que jugó, tuvo la humildad para ser subcomandante, pues el grado de comandante fue y ha sido para los indígenas a los que el EZLN dio una voz acallada durante siglos de opresión, miseria, hambre y marginación; los ignorados, los esclavizados, los pequeños que juntos se volvieron grandes, los que mediante la lucha zapatista dijeron “aquí estamos, no nos hemos ido, no hemos muerto y aquí seguiremos”.
Entre los comunicados y discursos formales de Marcos, en este libro podemos conocer a dos heterónimos del líder guerrillero: Durito y El Viejo Antonio. El primero, un escarabajo, hace las veces de Pepe Grillo del subcomandante, es el que ha viajado y departido, por ejemplo, con José Saramago y Joaquín Sabina; el que azuza a Marcos para tener más arrojo, el que lo regaña si es necesario, el que lo mismo es pirata que caballero andante. Este personaje representa la voz de los pequeños que no se doblegan, esos que mediante la lucha ponen a temblar las más sólidas estructuras del neoliberalismo.
“El tiempo está a favor de los pequeños”, dice la canción de Silvio Rodríguez y Don Durito de la Lacandona lo sabe y lo pone de manifiesto. Es por eso que este escarabajo encarna también la voz de la otredad en el discurso de Marcos, porque los otros, al mirarnos, nos ven como otros siendo ellos un nosotros y nosotros hacemos otro tanto, pero a final de cuentas las diferencias no son tantas si reconocemos que aquí y allá somos lo mismo, somos humanos, ciudadanos del mundo sin importar el color, la lengua o el poder adquisitivo, pero los otros nos diferencian y nosotros les hacemos lo mismo porque no reconocemos que en la otredad también debe haber diálogo y equidad.
Siendo un pirata, Durito representa el afán combativo que permite enfrentarse al sistema para cimbrar la pirámide del poder, y eso se debe a que este personaje tiene la audacia, la valentía y la belicosidad para ir al abordaje y emprender cualquier conquista. En su otra faceta, cual Quijote de La Mancha es un deshacedor de entuertos, un valiente guerrero que con romanticismo defiende a los indefensos, libera a los cautivos y lucha por los más altos valores de la justicia como se estila en la andante caballería. Visto desde un punto de vista literario, este heterónimo creado por Marcos da un toque de antisolemnidad a lo que el guerrillero escribe en tanto que constituye un cambio de aliento que viene a romper un poco con la tensión que priva entre los posicionamientos políticos y la controversia que estos hayan podido provocar en su momento.
El otro interlocutor de Marcos, El Viejo Antonio es, podría decirse, diametralmente opuesto a Durito porque encarna la voz de los pueblos originarios que se manifiesta en su cosmovisión, dado que las palabras de este hombre de la Selva Lacandona llevan la sabiduría vertida en el Popol Vuh sobre el origen del mundo, de los hombres y de algunos de sus vicios y virtudes. Hombre paciente que sabe escuchar a la noche, la lluvia y a la ceiba, sirve a Marcos para expresar la compenetración de los indígenas con su entorno natural, que es la base del social, y no como en nuestras sociedades supuestamente civilizadas, en las que la sobrevivencia del entorno natural depende del entorno social. Un ejemplo de ello es el proyecto del Libramiento Sur, el cual implica afectar severamente un pulmón de la ciudad simple y sencillamente porque muchas personas de aquel lado de Morelia necesitan un acceso rápido, cuando la relación de valor debería ser a la inversa.
El Viejo Antonio, en términos políticos, ha representado en Marcos la capacidad para escuchar a los otros para entonces mandar sus señales a fin de entablar un diálogo más eficiente con la sociedad, pues así como a la selva no podemos imponerle una infraestructura que la dañe si es que deseamos conservarla, a los demás no podemos imponerles nuestras reglas pues aquello ya no será diálogo, será más bien confrontación y sometimiento del más fuerte al más débil, y el zapatismo jamás ha pugnado por ello.

La importancia de Detrás de nosotros estamos ustedes y de otros materiales bibliográficos de esta naturaleza estriba, como lo decía más arriba, en que constituyen la bitácora y crónica del zapatismo, un movimiento que tomó las armas con las ganas de no usarlas, armas que, como diría Marcos, no quieren ser disparadas porque el EZLN ha sido ante todo un movimiento social y político que busca la dignidad, el respeto y la memoria, no para arribar al poder destronando al gobierno ya que el oprimido, cuando detenta el poder, no tarda en corromperse para terminar siendo opresor. No, el EZLN ha sido liberador pero no en el plano bélico, sino que ha sido de liberación de conciencias, pues antes del 1º de enero de 1994 la palabra “indígena” se asumía como un insulto y ahora, 20 años después, es un rasgo de identidad de los pueblos originarios que, no obstante los logros del zapatismo, siguen requiriendo de la lucha de ellos que es de todos para alcanzar la justicia, la equidad y la posibilidad de un mejor futuro.

Celebremos pues 20 años del zapatismo contemporáneo en el plano público, pero hagámoslo enarbolando los ideales básicos del Ejército Zapatista de Liberación Nacional: democracia, libertad y justicia.


6 de enero de 2014

Renovación urgente

Cuando se fundó, el Partido de la Revolución Democrática representaba el sentir de muchos mexicanos que deseaban con todas sus fuerzas un cambio democrático en México, y con las subsecuentes candidaturas de Cuauhtémoc Cárdenas Solórzano, en 1994 y 2000, y la de Andrés Manuel López Obrador, en 2006 (2012 es tema aparte), el partido se constituyó como la tercera fuerza política del país. Esa consolidación del PRD desde su fundación costó mucha represión, hostigamiento y vidas humanas a lo largo de los años. Recuerdo las anécdotas de los miembros fundadores del partido en que cuentan cómo tenían que andar en grupo, incluso armados, pues en cualquier curva podían toparse con policías al servicio de otros intereses o con grupos caciquiles que podían no sólo amedrentarlos mediante amenazas, sino atentar contra sus vidas.
Durante muchos años fue un partido de sombrerudos, como solía decirse, pues sus bases estaban constituidas mayoritariamente por campesinos y líderes agrarios que veían en el PRD la herramienta para luchar contra el enemigo político de generaciones y generaciones de mexicanos: el PRI. Y es que muchos de mi generación, incluso de las anteriores, si algo escuchamos desde la infancia fue a nuestros padres quejarse del viejo dinosaurio, y ahora repetimos el ciclo pues nuestros hijos escuchan las mismas quejas que nosotros oímos de nuestros mayores; tan es así que de niño, yo escuchaba en la sobremesa cómo mis padres decían
que Salinas de Gortari era una rata que se había robado la Presidencia de la República recurriendo a las artimañas que desde la fundación del PRI se habían instaurado como formas de operación política. Ahora, más de dos décadas después, mi hija escucha conversaciones en las que se habla del nuevo viejo PRI y toda la corrupción que encarna, cómo Peña Nieto representa el cinismo, la ambición y el servilismo, y cómo sus alfiles en ambas cámaras (en contubernio con un prostibulario PVEM) son la manifestación corpórea de la más excrementicia podredumbre de la clase política mexicana.
Con su carga ideológica de partido de izquierda, el PRD creció con cierta ingenuidad encantadora que le daba el poder de convocatoria para llenar plazas pero sin saber cómo llenar urnas, y aún así consiguió importantes victorias electorales que al paso del tiempo se constituyeron como bastiones de su militancia, sobre todo si nos referimos al Distrito Federal y a Michoacán, siendo éste la cuna y el feudo de los Cárdenas. Pero hay un postulado que dice que cuando algo ya no puede superarse a sí mismo tiende a decaer, y es lo que ahora le ocurre al PRD.
En el PRI, los subgrupos pueden pelearse por algunas posiciones, pero por su tradicional verticalidad, a la hora de la hora se quedan derechitos y acatan las disposiciones cupulares; el PRD, casi por el contrario, está lleno de tribus demasiado acostumbradas a una convivencia más horizontal, y es por ello que si una corriente no obtiene una candidatura, puede boicotear a la otra incluso a riesgo de perder la elección o, en el mejor de los casos, querrá negociar a cambio de una curul plurinominal. Entonces, esta constante pugna entre corrientes (mote que a veces es más un adjetivo calificativo) ha hecho que en ese estira y afloja, las posiciones, las candidaturas, las consejerías estatales o nacionales, las regidurías y las pluris importen incluso más que la unidad que permite conseguir adeptos para ganar elecciones.
Es por eso que ha llegado el momento en el que al PRD le urge renovarse pues los denominados Chuchos no han hecho sino sepultar cada vez más al partido, y por esos errores, un sector de la militancia y un amplio espectro del electorado le han pasado a este instituto político una pesarosa factura; ello ha quedado evidenciado en los pobres, casi mediocres, resultados electorales que se han obtenido en los últimos comicios, pues la desunión al interior del partido ha sido un factor determinante para sumir al sol azteca en un estado de agonía. Claro que cualquier dirigente podrá contradecirme y presumir que sólo en Michoacán hay 80 mil afiliados, pero yo pregunto, ¿cuántos de esos atendieron el llamado de, por ejemplo, Jesús Zambrano para emprender una lucha real en defensa del petróleo?, ¿cómo hacerlo si el líder nacional no consultó a la militancia para sujetarse al Pacto por México? Pero no todo es malo, en nuestro estado al menos hubo dignidad y no se firmó el malogrado Acuerdo por Michoacán, que presentaba la misma tendencia que el documento firmado a nivel federal.
Estatutariamente y desde el plano ideológico, el PRD puede ser una herramienta social sumamente valiosa, pero para ello debe replantearse su forma de hacer política y redefinir el rumbo, pero eso sólo es posible con un trabajo de fondo. De nada sirve hacer campañas de afiliación y cubrir requisitos numéricos si no se ocupa, por ejemplo, de educar políticamente a su militancia reforzando las campañas de concientización y formación política para que un simpatizante promedio se convierta en un militante que se compromete con una causa porque la conoce a plenitud. De nada sirve ufanarse de ser un partido de izquierda si sus militantes no saben lo que la izquierda es, lo que significa, lo que representa y lo que puede detonar en el devenir político de México, como tampoco sirve autoproclamarse como un partido izquierdista si a la menor tentación se suscriben acuerdos de índole derechista con los pregoneros de la servidumbre neoliberal.
La dirigencia perredista debe despojarse del doble discurso y de la incongruencia para que el partido recupere la credibilidad perdida a pulso y por méritos propios. Es verdad que el momento político que vivimos parece ser distinto a las circunstancias de finales de los 80, pero en realidad los problemas son, si no los mismos, sí muy parecidos con un poder adquisitivo gravemente diezmado para la mayoría de los mexicanos, una clase política sumamente alejada de la sociedad a la que dice
representar, una economía en franca desaceleración, más y peores impuestos y todas esas minucias que hacen de México un país jodido.

Los principales actores del sol azteca tienen mucho trabajo por delante se quieren sacar del atolladero al partido, pues al igual que yo, hay mucha gente que no se va a otra fuerza política porque la chaqueta debe ser de un solo color, pero necesita volver a creer que puede ser posible el viejo lema del PRD: ¡democracia ya, patria para todos!


De celebridades y otras joyas

Abatimiento de Pablo Escobar
I
Que un capo sea conocido por la opinión pública no es nuevo ni inaudito, porque pueden darse casos como el de Pablo Escobar, quien además de ser el narcotraficante más célebre, poderoso y temido de su época, era una figura pública bajo la delgada máscara de empresario y político, llegando incluso a ser senador en Colombia, además de sus facetas como filántropo y dueño de equipos de futbol. Con una vida mediática, su muerte también lo fue, a tal grado que aún en la actualidad es un referente en lo que a narcotráfico se refiere, siendo motivo de libros biográficos e inspiración para filmar series de televisión, documentales y películas cuyos personajes tienen a Pablo Escobar como modelo.
Juan Nepomuceno Guerra. De pie, García Ábrego.
Fiesta en el Restaurante Piedras Negras
En México también ha habido casos de narcotraficantes que han adquirido notoriedad por el poder político y económico que han llegado a acumular, o porque de plano ponen en jaque a las instituciones de seguridad y procuración de justicia de éste y de aquel lado de la frontera norte. En la primera mitad del siglo pasado, en Matamoros, Tamaulipas, un hombre forjó su fortuna con el contrabando de alcohol y mariguana a Estados Unidos y dólares y neumáticos a México, así como por haber matado, en abril de 1960, al comandante Octavio Villa Coss, hijo del caudillo revolucionario Pancho Villa; al ser detenido, se cuenta que otro hombre se declaró culpable para que el capo quedara en libertad. Juan Nepomuceno Guerra durante décadas consolidó su organización criminal (entonces conocida como Cártel de Tamaulipas) y una red de corrupción a su servicio, entre quienes había jueces, agentes aduanales, gobernadores, presidentes municipales y mandos policiacos. De esa forma creó un imperio en el que tenía nexos con Joaquín Hernández Galicia, La Quina, líderes de la CTM y el padre de Carlos Salinas de Gortari, Raúl Salinas Lozano.
Juan García Ábrego
Este hombre que terminó sus días a los 83 años de edad en una silla de ruedas a consecuencia de la amputación de ambas piernas, era temido y respetado en Tamaulipas, y la ciudadanía y las autoridades sabían que, al más puro estilo de los mafiosos italianos, su centro de operaciones estaba en un restaurante de su propiedad, el Piedras Negras; desde ahí movía los hilos de una estructura que pasó a llamarse Cártel del Golfo, cuyo heredero fue su sobrino, Juan García Ábrego. El resto de la historia lo conocemos por la serie de sucesiones en el liderazgo de la organización desde Osiel Cárdenas Guillén hasta Eduardo Costilla y demás cabecillas que han caído abatidos o en manos de las autoridades sin haber adquirido la fama de García Ábrego o los Cárdenas Guillén (Osiel y Ezequiel).
Al otro lado del país, durante la década de los 80 y ya entrados los 90, una estirpe puso a temblar a México teniendo como epicentro la ciudad de Tijuana, Baja California. Ampliamente estudiados por el periodista Jesús Blancornelas, los hermanos Arellano Félix hicieron de esa ciudad fronteriza la más violenta de la geografía nacional pues, al igual que Ciudad Juárez o la zona conocida como La Frontera Chica, en Tamaulipas, es paso obligado de migrantes ilegales, estupefacientes y armas.
Siendo originarios de Jalisco y con socios y pistoleros originarios de Sinaloa, la organización delictiva de los Arellano Félix ayudó a reforzar la identidad multifacética que ya tenía Tijuana, pues cuenta un integrante de
Los Arellano Félix
Nortec Collective (agrupación de músicos, DJs y artistas visuales de esta ciudad) que por influencia de los narcotraficantes sinaloenses asentados en esa frontera, por toda la ciudad proliferaron los restaurantes de mariscos alegrados por bandas de viento al más puro estilo de los establecimientos de Mazatlán. Pero los hermanos Arellano Félix llegaron a la cúspide de su fama el 24 de mayo de 1993, cuando en un supuesto enfrentamiento entre sus pistoleros y los del Cártel de Sinaloa para asesinar al líder de éste, Joaquín El Chapo Guzmán, murió el cardenal Juan Jesús Posadas Ocampo en el estacionamiento de la terminal aérea de Guadalajara, Jalisco. A partir de ese momento los Arellano Félix y El Chapo se convirtieron en los hombres más buscados de México, capturando al sinaloense en su intento de fugarse hacia Centroamérica.
Sin ser el primer narcotraficante famoso tras las rejas pues ya habían sido aprehendidos El Güero Palma, Don Neto y Caro Quintero, entre otros, Joaquín Guzmán Loera se convirtió en toda una celebridad al ser presentado bajo una pertinaz llovizna enfundado en su uniforme color café, propio de los presos del más célebre penal de México desde la década de los 90: Almoloya, que tiempo después pasaría a ser hogar de Mario Aburto, Raúl Salinas, El Mochaorejas y demás estrellas del hampa.
Pero el boom mediático de El Chapo llegó cuando al más puro estilo hollywoodense se fugó del penal de Puente Grande (desde entonces llamado Puerta Grande), en Jalisco. Ya en libertad se casó con una veinteañera, viaja de México a Colombia y de regreso con total impunidad, gusta de los restaurantes caros donde paga la cuenta de todos los comensales, previa confiscación de celulares mientras él está en el establecimiento; ha aparecido en algunos videos interrogando a operadores de grupos rivales, lidera una de las organizaciones delictivas más fuertes del país, le han compuesto un sinnúmero de corridos, se han escrito libros sobre su persona y hasta la revista Forbes lo ha ubicado entre los hombres más ricos y poderosos del mundo.
Junto a El Chapo, otro hombre pieza clave del Cártel de Sinaloa, El Mayo Ismael Zambada, el mismo de quien se dice que ha pavimentado pueblos y repartido despensas, el mismo que hace años se hizo entrevistar por Julio Scherer en alguna montaña de Sinaloa y que, dada su experiencia de capo de la vieja escuela, ha sabido mantener un perfil público bajo, aunque su popularidad mediática sea más que evidente por todo el poder que ese grupo ha acumulado, no sin ayuda de las autoridades estatales y federales.
Capos famosos hay muchos, pero hay uno que constantemente sale a cuadro y cuyos videos, a escasos minutos de ser publicados en Internet, registran cientos de visitas y decenas de comentarios. Considerado por Mundo Fox como un hombre mediático, este hombre, siempre enfundado en playera y gorra, y portando una escuadra al cinto, ha hecho declaraciones que han provocado revuelo en los medios de comunicación y más de algún escozor a ciertos actores políticos, toda vez que sus señalamientos suelen caer como lápidas pues no tiene ningún empacho en decir a qué se dedica, qué busca y quiénes le han pedido favores. Quizá se deja entrevistar o lanza comunicados en busca de respaldo social; quizá mienta, quizá diga la verdad, no lo sabemos, pero algo sí queda claro: sin olvidar de quién se trata, hay personas que están de acuerdo con sus declaraciones, pues el gobierno y sus instituciones nos han quedado a deber bastante, y dado el descrédito del gobierno y de la clase política, tiene que aprovechar la oportunidad para poner a dudar a más de uno. Feliz cuesta de diciembre y más feliz muro de enero.

II
La semana pasada, su servidor hacía un breve ­–brevísimo– recuento de algunos capos famosos como Pablo Escobar, del Cártel de Medellín, en Colombia; Juan Nepomuceno Guerra, fundador del Cártel del Golfo; los sucesores en el liderazgo de esta organización criminal, Juan García Ábrego y Osiel Cárdenas Guillén; los Arellano Félix, de Tijuana, y El Chapo Guzmán y El Mayo Zambada, del Cártel de Sinaloa, y cerraba la primera parte de esta colaboración aludiendo al líder de otro grupo que regularmente aparece en videos dando comunicados o concediendo entrevistas.
La Tuta, en entrevista para Mundo Fox
Con la mayoría de los capos ha sucedido que la opinión pública apenas si sabe de ellos, tan es así que muchos sólo son conocidos por una o dos fotografías que se han difundido, el video que alguien grabó de manera furtiva (y eso ahora, con el uso del Internet y los dispositivos móviles) o los retratos de que las autoridades se valen para difundir el característico “se busca” con recompensa y todo como en el Viejo Oeste, aunque sabemos que nadie en su sano juicio será capaz de dar información que ayude a la captura del más buscado en turno así lo tenga de vecino. Y es que recuerdo que cuando las autoridades mexicanas se volvieron locas buscando a Joaquín Guzmán Loera después del asesinato del cardenal Posadas Ocampo, lo único que se difundía era un retrato hablado del capo y otros involucrados en dicho enfrentamiento; incluso ahora, años después de haberse fugado de Puerta Grande, no se han dado a conocer fotografías más recientes, a grado tal que puede que esté más operado que Lucía Méndez y se haya vuelto irreconocible, sobre todo si tenemos vigente la imagen de cuando fue presentado en Almoloya. Casos similares han sido los de Arturo Guzmán Decena y Heriberto Lazcano Lazcano, de quienes sólo se conocía una fotografía respectivamente pues eran de esas personas a las que, por el tipo de vida que llevan y todo cuanto arriesgan por la naturaleza de sus actividades, no les conviene ser reconocibles tan fácilmente.
Pese a todo lo anterior, al líder de cualquier organización ilícita le conviene que se sepa de él en términos corporativos, pues un capo conocido es un capo respetado y temido porque en eso radica gran parte del poder de la organización que dirige, que se sepa quién manda y a quién hay que rendirle cuentas, sobre todo en estos tiempos en que hasta una pequeña célula o un grupúsculo local recibe órdenes y apoyo de organizaciones grandes que los dotan de armamento y protección a fin de que mantengan las plazas, ya que, a diferencia de la drogadicción que es un problema de salud pública, el negocio del narcotráfico se sustenta en el poder económico y político para ser exitoso, pero para ello es necesario que un grupo determinado sea conocido, temible y respetado para ser tomado en serio, y entonces es que se recurre al chantaje, las amenazas, la intimidación y la violencia para infundir temor en quienes pudieran pretender pasarse de listos o las autoridades que no quieran dejarse sobornar, pero tradicionalmente esto sólo ocurría de manera interna, entre homólogos.
Mario Puzo
Hasta aquí no hay nada del otro mundo, pero en México, en los últimos años se ha dado un cambio de hilos en la relación entre el crimen organizado y la opinión pública. Las mafias italianas como la Cosa Nostra tenían códigos para enviar mensajes, como poner un canario en la boca del muerto para exhibirlo como soplón o mandar a un Don un pescado envuelto en la prenda de uno de sus soldados para decir “duerme con los peces” (no, no fue ocurrencia de Mario Puzo en The Godfather). El cambio al que me refiero en México se dio hace algunos años, cuando diferentes organizaciones delictivas empezaron a hacer uso de mantas, cartulinas, panfletos y videos para ­–jugando con los términos– promocionarse. Y es que para recibir un mensaje, los líderes de estos grupos no necesitan esos medios, lo saben todo y por doquier
tienen informantes, o podrían enviarse un correo electrónico o una tarjeta; no, esos mensajes en lonas, panfletos, videos y demás recursos son para las autoridades y para la opinión pública primordialmente.
Lo curioso de esta difusión casi masiva de mensajes y comunicados es que puede deberse a dos cosas: pretender amedrentar a la población para mantenerla presa del miedo y la zozobra si pensamos como calderonistas, o bien, como creo que ha sucedido en Michoacán, para buscar el respaldo social. Si nos vamos por la primera posibilidad no hay nada nuevo bajo el sol al ser el miedo su principal método de sometimiento, simplemente están asumiendo el rol que les conviene dado que así se evitan las traiciones, las tomadas de pelo y a los posibles delatores, esto en vista de que un pueblo temeroso es un pueblo dócil y manipulable. Si nos encaminamos por la segunda opción, la búsqueda de respaldo social, el panorama, aunque distinto, no es menos preocupante. En la primera posibilidad el motor es conseguir y acumular poder político que ayude a proteger sus intereses económicos, únicamente como algo utilitario, y es cuando los funcionarios coludidos son meros peones; en la segunda se trata de valerse de la ciudadanía para que sea ésta la que desestabilice al gobierno. Y entonces, al dirigirse a la opinión pública en tono conciliador para que los ciudadanos crean aún menos en las instituciones (de por sí bastante cuestionables en su desempeño casi todas ellas), se logra aumentar la percepción o incluso evidenciar la cualidad fallida del Estado mexicano. Así pues, esto nos hace pensar que al involucrar a la opinión pública en asuntos que sólo serían de su competencia y de las autoridades, al decirnos que no es a ellos a quienes debemos temer pues sólo procuran nuestro bien, podríamos estar frente a un intento –o a la gestación– de un movimiento social armado, un movimiento presto para la insurgencia cuando esto le truene al gobierno de la República en las manos.
Servando Gómez Martínez, el capo mediático
Podría decirse, como mucha gente lo asume, que sólo es un delincuente frente a una cámara tratando de darnos atole con el dedo, pero alguien dijo (guardando toda proporción): “Recuerda que Francisco Villa era abigeo y terminó de revolucionario”. En este tenor sí llama la atención el tono de las declaraciones que este líder hace porque, como decía la semana pasada, han provocado escozor en más de algún actor político, y cuando el río suena es porque agua lleva.
Ya para concluir y saliéndome del tema aunque no por completo, quiero aprovechar para externar mi deseo de que el año que entra este diario siga siendo el referente que es en el estado (sin denostar a otros medios), y a usted, amable lector, le deseo que 2014 sea próspero, de proyectos concretados con éxito, de mucha salud, paz y concordia para usted, su familia y para nuestro atribulado Michoacán, que en 2013 no la tuvo fácil. Con las reformas groseramente aprobadas y la inseguridad se avizora un panorama complicado, pero si desde nuestra respectiva trinchera asumimos la responsabilidad que como ciudadanos tenemos, podremos lograr grandes cambios; si no, sigamos viendo La rosa de Guadalupe mientras esperamos a otro caudillo o las próximas elecciones, al cabo que eso de la pasividad se nos da.

13 de diciembre de 2013

La crisis moral

Hace tiempo tuve un sueño, lo cuento de manera breve. Vivía con mi familia en el fraccionamiento donde actualmente habito, pero mi casa estaba situada en un extremo del desarrollo habitacional, el cual, apenas separado por una barda, colindaba colina abajo con un cinturón de miseria. En mi sueño acabábamos de llegar a vivir ahí y le dije a mi esposa que iba a conocer el rumbo, entonces agarré una bicicleta y me interné en esa colonia. Todo ese arrabal estaba lleno de casuchas de cartón, otras estaban construidas con tablas costeras y las que eran de ladrillo parecían haber sido bombardeadas. En las calles de terracería había algunos niños panzones de lombrices, semidesnudos, sucios y desnutridos que me miraban con desconfianza mientras jugaban con pedazos de juguete entre la basura y las polvaredas de la calle, los hombres y mujeres me observaban como con intenciones de algo. Mientras hacía una pausa para descansar sonó mi teléfono, era mi esposa para decirme que Juanita (la mejor regidora que ha tenido el Ayuntamiento de Copándaro) había ido a visitarnos, entonces pedalee aprisa hasta llegar a la casa.
Al entrar, visiblemente irritada Juanita me preguntó por qué había ido a ese asentamiento; “para conocer”, respondí yo y ella me increpó: “De suerte que no te mataron, esa colonia está dividida entre Zetas y Templarios y cada rato hay balaceras”. De repente se escucharon sirenas, muchas sirenas, y a zancadas subí las escaleras para asomarme por la ventana del cuarto de mi hija, que tenía vista justo hacia ese arrabal. De pronto constaté lo que Juanita me había dicho cuando una cruenta balacera se desató a 100 metros de mi casa, en tanto mi hija dormía en su cama. Recuerdo que mi esposa me dijo: “Ojalá no se meta una bala, le puede dar a Fer”, a lo que yo reaccioné acostándome entre la niña y la pared, cubriéndola con mi cuerpo para en dado caso de que una bala perdida entrara a la habitación, ser yo quien recibiera el eventual disparo.
Desperté agitado, asustado y sudando, entonces me levanté y fui a cerciorarme de que mi hija estuviera bien. Al sentir el movimiento, mi esposa despertó y me preguntó qué pasaba, le conté mi sueño con lujo de detalles, pasaba de las 03:00 horas y ella apenas si me escuchó para enseguida volver a dormirse, yo ya no pude conciliar el sueño en toda la madrugada hasta casi llegado el amanecer.
Hago este relato porque a raíz de ese sueño constantemente me pregunto qué futuro nos espera. Crecí en el campo, en un pueblo que de tan tranquilo se torna aburrido, pero el Lago de Cuitzeo era mi piscina y las parcelas y cerros de Copándaro de Galena eran mi campo de juegos. Años después aprendí lo que todos debemos saber: no usar alhajas pues son una tentación para los asaltantes, no sacar el dinero frente a desconocidos en la calle y traer sólo el necesario, no recibir una cerveza si no veo cuando la destapan, no recibir cigarros de extraños, no aceptar nada de comer en los camiones, caminar por una ciudad desconocida con la actitud de quien la conoce como la palma de su mano, no abordar taxis sin placas, no mirar fijamente a quien no conozco y toda una serie de medidas precautorias que debemos tomar en cuenta para no exponernos. Y en ese sentido es que me pregunto: ¿A qué tendrán que acostumbrarse las nuevas generaciones?, ¿de qué tendrán que aprender a cuidarse mientras crecen y cuando sean adultos?, ¿qué riesgos acecharán a nuestros hijos?
Es sumamente preocupante, por ejemplo, la información que varios medios estatales difundieron sobre una supuesta red de tráfico y prostitución de menores cuyo centro de operaciones se ubica en Morelia, eso nos demuestra que no es una ciudad segura porque no sabemos en qué momento un extraño puede estar fotografiando a nuestros niños o el destino de muchos menores que desaparecen sin que haya rastro alguno de su paradero. No me quiero imaginar el horror, la angustia, la muerte en vida de quien tiene un familiar desaparecido, sobre todo si es su hijo y peor si es un niño.
El crimen organizado no se va a detener por algunas simples y sencillas razones: mientras haya drogadictos habrá narcotraficantes, mientras haya quienes paguen por sexo habrá proxenetas, mientras existan los negocios ilícitos existirán personas dispuestas a sacar partido de ello, mientras haya políticos corruptos abundarán quienes lo aprovechen para beneficiarse económicamente; esos son hechos que se avizoran irremediables e irreversibles, al menos a corto y mediano plazos, y es que vivimos en un entorno tan hostil, tan lleno de odio y rencor que a veces pareciera que estamos todos contra todos en la absurda competencia por ser más y mejor que el otro, y por eso mucha gente se olvida de inculcar en sus hijos los valores que los hagan, más que buenos ciudadanos, buenas personas.
La sociedad atraviesa por una crisis moral en la que el mercado parece determinar el valor de las personas con base en la marcada brecha económica que divide a los diferentes estratos sociales; esa es la razón por la que la delincuencia organizada y otros males del México contemporáneo son tan difíciles de erradicar. Para muchas personas la senda delictiva es el único camino a seguir si quieren salir de la pobreza y la marginación, ya que con una preparación académica trunca y deficiente por factores que pueden ser económicos o geográficos, las oportunidades de conseguir un empleo digno, si ya de por sí son escasas para un amplio espectro de la población, para los sectores más vulnerables se nulifican, y entonces, si en el entorno familiar no se inculcaron los principios éticos apropiados (y a veces a pesar de ello), tendremos individuos que por algo de dinero estarán dispuestos a asaltar, robar, vender drogas o asesinar, y no hay corporación policiaca o fuerzas militares suficientes para erradicar la violencia pues el sistema, entendido como un todo, está podrido desde el tuétano.

Tenemos mucho trabajo pendiente y destacan dos labores fundamentales: por un lado, ser mejores nosotros, los ciudadanos de hoy, a fin de construir un entorno social y natural más benéfico basando nuestra conducta en los más altos preceptos; sólo así dejaremos un futuro mejor a nuestros hijos. Por otro lado, debemos educar a nuestros niños para que sean buenos ciudadanos, éticos, responsables y respetuosos de la ley y de sus semejantes, con conciencia social y ecológica, eso es lo que heredaremos al mundo. Sin estas dos acciones juntas todo intento será en vano, pues de nada sirve preocuparnos por dejar un mejor futuro a nuestros hijos si no nos ocupamos en dejar mejores ciudadanos para el futuro.

6 de diciembre de 2013

Real de Catorce: poesía y blues

Creo en tu belleza desvergonzada,
creo en la promesa de tus labios.
José Cruz
Hace ya varios ayeres, un amigo publicó en el suplemento de otro periódico un poema sobre el cual hice una crítica pretenciosa y cargada de recursos gratuitos; entonces, Neftalí Coria, quien coordinaba el suplemento en el que yo también colaboraba, después de recibir mi texto me citó en un café a fin de aclarar ciertos puntos sobre el escrito. Toda la charla que sostuvimos se puede resumir con lo que me dijo al despedirnos: “Como tu maestro y tu amigo, te digo que está bien que critiques lo que no te gusta, pero antes de eso te aconsejo que aprendas a escribir sobre lo que sí te gusta”. Inicio con esta anécdota porque en lo que va de la semana he leído y escuchado tantas sandeces por parte de los políticos estatales y nacionales, que hoy, la verdad, me da flojera hablar de ello, así que he decidido tomarme un receso y escribir sobre algo que sí me agrada. Entonces prendo la computadora, me sirvo un escocés, pongo a reproducir los discos de Real de Catorce y empiezo a teclear.
Como escritor soy buen melómano, como melómano soy ecléctico y como poeta he sido amante del blues desde hace muchos años, es por eso que recuerdo un homenaje pendiente, una deuda que tengo con José Cruz Camargo, virtuoso de la harmónica y maestro del slide en la guitarra, pero también un poeta maldito que ha llegado a las fibras más sensibles de sus escuchas con poemas de oscura belleza.
A finales de los 80 y principios de los 90 se dio el boom llamado “Rock en tu idioma” con bandas que saltaron a la fama, sobre todo aquellas bendecidas por Televisa, pero hubo grupos que permanecieron fieles a su música y ajenos a los circuitos del mainstream, y en virtud de ello cultivaron un público cautivo, seguidores que buscan sus discos y van a sus presentaciones sabiendo lo que van a escuchar, tal como desde los 60 lo ha venido haciendo Javier Bátiz o como desde los 70 ha procurado permanecer la parte auténtica de La Revolución de Emiliano Zapata, no los de “Mi forma de sentir”, sino los que a la fecha, en cualquier bar de Guadalajara donde se presentan, siguen tocando y cantando “Nasty sex” con la misma maestría con que grabaron el tema alrededor de 1970. A esos grupos pertenece Real de Catorce, nombre en honor a ese mágico pueblo otrora minero enclavado en tierras de los huicholes, donde el híkuri ilumina a quienes buscan la trascendencia espiritual y provoca alucinaciones a los que sólo van por el lado divertido del peyote.
Cierto es que músicos de blues en México hay muchos, pero si algo ha distinguido a lo largo de todos estos años a Real de Catorce es, además de los excelentes músicos que han pasado por sus filas, el contenido de sus canciones porque más que letras a las que se les han hecho los arreglos musicales, se trata de poemas musicalizados.
Las canciones de esta banda de blues, escritas por José Cruz en su totalidad, están cargadas de atmósferas que bien pueden transportarnos a un bar nublado por el humo de longevos cigarrillos, a lo sombrío de una despedida, a lo sórdida que puede ser una urbe como la Ciudad de México con todos los personajes que la habitan, al deseo carnal más puro, al amor más sublime, a la pérdida de la fe en cualquier dios ante los embates de la vida, al desconsuelo de la orfandad o a la noche y todos los demonios que la recorren.
Explorando todos los sonidos del género como el Mississippi blues, el Chicago blues, el boogie-woogie o el rag time, José Cruz ha cantado y recitado poemas que se han vuelto clásicos de esta banda.
En el disco Voces interiores apareció “Pago mi renta con un poco de blues”, uno de sus temas emblemáticos cuya su fuerza me recuerda lo que Alaín Derbez escribiera alguna vez para Letras libres en un artículo sobre John Lee Hooker: “En el blues como en el coito, más allá de la acrobática virguería, es la rítmica continuidad, la continuidad rítmica, el pulso, la respiración, lo que deviene clímax”. Esta pieza, que ya de por sí en su versión original es exquisita, en el disco en vivo titulado Azul se vuelve un tema casi instrumental al más puro estilo Chicago blues (que no le pide nada a cualquier canción de Buddy Guy), donde José Cruz hace gala de su virtuosismo con la harmónica pero también se pone de manifiesto la intensidad del poeta que se desgarra para mostrar las entrañas al mundo, el poeta que se desnuda para invitar a la musa a derrumbarlo todo al fin y al cabo no hay nada que lo ate al mundo, ya que “pago mi renta con monedas de mi alma abaratada, recargada en los muros de un sueño, de mi alma de música hambrienta perdida en el corazón de taciturnos bebedores”, por eso la invita a estar “sentados en la antesala del Infierno, fumando y riéndonos, bebiendo colillas de entusiasmo” y no dejarle “nada al Señor”.
Su último disco de estudio, Voy a morir, es por mucho el más oscuro de todos. En él encontramos a un Real de Catorce más diversificado en cuanto a ritmos pues no se limitan al blues, sino que exploran distintos ritmos del rock, del jazz, incluso hay un rap casi al final de “El Virrey”, tema que describe la rutina de un vendedor de drogas. Pero también nos topamos con un José Cruz más maduro como poeta, con letras quizá menos grandilocuentes pero por lo mismo más francas y desgarradoras. Este disco es una obra por muchos momentos desoladora porque ya desde el primer corte, “Crecimiento cero”, se hace patente un sentimiento de soledad que llega como una noche que lo devora todo: la esperanza, el amor, la calma, la vida misma y un amor que simplemente no acaba de llegar. Pero también destacan temas como “El boxeador”, un bebop muy influenciado por Gillespie y que sirve como marco musical para un poema en el que el protagonista vive una relación destructiva en la que constantemente sale golpeado pero que, a final de cuentas, siempre termina regresando al ring sin importar quedar completamente derrotado.
Podría hablar de cada canción contenida en este álbum pero el espacio me lo impide, es por eso que te invito, apreciable lector, a escuchar esta banda que, a pesar de la esclerosis múltiple que ha aquejado al maestro José Cruz en los últimos años, no ha dejado de trabajar, de hacer música, de recorrer el país y Estados Unidos llevando, como buenos apóstoles, la palabra hecha blues.

Desde el 12 de marzo de 2009, eres el visitante número...

Clan Amaral

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