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16 de agosto de 2007

25 de julio de 2007

lindas fotos

mi carnal y su afro, yo en el triciclo low rider del King, la Sophy su papá (yo) y la Sophy con demasiada flojera como para posar (así es mi nena)







14 de julio de 2007

Tolerancia cero, incongruencia total

Ser homosexual no debe de ser fácil, tomando en cuenta la idiosincrasia mexicana y más específicamente la moreliana. Un homosexual, al reconocerse como tal, debe sortear varios obstáculos situados en el lugar donde más fácil debería ser estar: su entorno: familia, amigos, escuela, trabajo, vecindario. Lamentablemente, y en pleno siglo XXI, la discriminación aún es pan de todos los días para muchos que son de diferente raza, religión, estrato social, nivel educativo, facultades físicas, capacidad mental y preferencia sexual, diferencias cuyo referente es, por lo regular, el promedio de la población en un lugar determinado.
Es común que un grupo que históricamente ha sido discriminado, albergue resentimiento y odio hacia aquellos que los excluyeron y vilipendiaron. Ese resentimiento se va acumulando hasta que el discriminado adopta hacia su agresor exactamente la misma actitud excluyente y ofensiva; por ejemplo, barrios negros en Estados Unidos donde un caucásico o hispano no es bien recibido, grupos religiosos que no toleran a gente de cultos distintos, colonias populares donde el rico es considerado enemigo y al fresa se le ve con desprecio, feministas que odian a los hombres y, entre otros, cafés gay donde ser heterosexual es una obscenidad. Y es que, aunque la marginación disminuya, de todos modos queda el complejo, una clásica actitud de víctima enojada.
Para ejemplificar esto, pongamos un caso que para algunas personas quizá resulte anecdótico. A un lugar cuyo concepto siempre ha sido el de café gay, un día llega una pareja heterosexual con la simple finalidad de tomar algo en un lugar tranquilo. Siendo una pareja con una relación sentimental de por medio, el comportamiento es de esperarse: manos entrelazadas, cercanía de rostros mientras hablan, incluso un beso cada en cuado. En la mesa de a lado, dos lesbianas dejan ver su indignación con miradas desaprobatorias, comentarios hirientes e indirectas. Así hasta que una de ellas va y se queja con el dueño del establecimiento por permitir que una pareja como esa esté en un lugar que, se supone, es exclusivo de un tipo de personas en particular. Para evitar altercados y debido a la incomodidad de la situación, la pareja heterosexual decide ir directamente a la caja y pagar su cuenta a fin de salir de ahí lo antes posible. Mientras caminan hacia la salida, ya no sólo son las personas quienes se habían quejado, ahora todos los clientes del lugar murmuran y les lanzan miradas inquisidoras mientras el dueño del local explica a la quejosa que mientras se respete al lugar y a los demás clientes, no importa la preferencia sexual de las personas.
Es verdad que la marginación sigue existiendo pero la pregunta es: ¿dónde termina la marginación y empieza la automarginación? Y es que alguien que se sabe vulnerable o ha sido excluido, al final adopta exactamente la misma postura: para no ser discriminado, discrimina primero; para no ser ofendido, es el que lanza la primera piedra. También es verdad que se ha avanzado mucho a pesar de vivir en una sociedad que en algunos aspectos puede llegar a ser extremadamente conservadora pero no hay que retroceder, no hay que avanzar un paso adelante y dar dos hacia atrás. También es cierto que no todos los homosexuales actúan de manera tan retrógrada pero, lamentablemente, una minoría puede entorpecer los pasos de la mayoría.
Alguna vez leí en una revista un artículo sobre el clóset, la autora llegaba a la conclusión de que salir del clóset no es meterse a un bar gay y ahí besar a la pareja, por que a final de cuentas ese es otro clóset, sólo que colectivo; salir del clóset tampoco es ver con desprecio a quien no está en el ambiente, mucho menos lo es discriminar a quien tiene una inclinación heterosexual. Salir del clóset es, creo, reconocerse sin dejar de reconocer a los otros, es tener la suficiente madurez para ser y dejar ser con total y plena libertad. Qué bueno sería que cualquier pareja pudiera llegar a cualquier establecimiento y demostrar su mutuo afecto sin que nadie fuera a quejarse con el dueño, sin que nadie se molestara.
Finalmente, la automarginación para excluir a los otros no es la solución, hay que ser congruente y no defender nada más lo que nos conviene (“viva la diferencia, pero sólo la mía por que la tuya está mal”). No basta dar y exigir tolerancia, la tolerancia es una miga de pan que se le da al pordiosero, hay que dar y ganarse el respeto, la aceptación y la inclusión as que como ciudadanos tenemos derecho. Vaya, considero que ya va siendo la hora de madurar como sociedad y como individuos porque esa el la única manera de salir del rezago cultural al que la ignorancia y los prejuicios nos han condenado.

12 de julio de 2007

Diapositivas


1. Llamada fugitiva

Las cortinas se abren y al otro lado sólo hay un teléfono antiguo sonando a mitad de la calle. Salgo para verlo de cerca pero, apenas siente mis pasos, emprende la huida sin dejar de sonar.

Dos minutos después, una mujer se me acerca por el rumbo opuesto al del teléfono. Jadeante, me pregunta si he visto una llamada que parezca perdida; puesto que odio los jadeos, de la manera más cortante posible (ella es linda) le respondo que no. Al escuchar mi respuesta, la mujer rompe en llanto. A veces, las llamadas perdidas duelen.

2. Llanto fortuito

La misma mujer, una vez superada la pérdida de la llamada y su consiguiente estado depresivo, va a un mercado negro. Mientras regatea por una calza para la mesa, escucha un timbre telefónico. Lo busca, lo encuentra y levanta el auricular. Su semblante se nubla, llora a cántaros. Hay llamadas que, una vez perdidas, más valdría no encontrar.

3. En un bazar

Un vendedor de cachivaches, al ver cómo llora una mujer, solícito le extiende un pañuelo floreado, ella lo usa y él se lo pide de vuelta. No es compasivo ni filántropo, mucho menos caballeroso; es un buen comerciante que sabe cómo adquirir mercancía exótica.

Para que sus inútiles y feas cosas puedan ser compradas por gente con más poder adquisitivo, decide mudarse de vecindario y ponerle a su local el mote de “galería”.

4. Relativamente

Un hombre, asiduo visitante de las galerías, ha comprado un pañuelo exótico y un teléfono antiguo que nunca deja de sonar. Al primero lo coloca en una vitrina y al segundo en un pedestal en la sala de su casa. Ha sido seriamente advertido por el anticuario sobre la naturaleza de ambos objetos y atendiendo a ello, contrata una mucama cuya única labor será cuidar los dos artículos. No está loco, sus millones ya lo ubican en la categoría de excéntrico.

5. La mano que cuida las cosas

Una mujer dedicada al servicio doméstico, es enjuiciada por daños en propiedad ajena. Su argumento: quemó el pañuelo y destrozó el teléfono antiguo a martillazos porque el primero le recordó el llanto y el segundo revivió en su memoria el sentimiento por el cual lloró. Al final, es llevada de vacaciones a una casa de huéspedes donde habitan personas de ideas peculiares.

6. Pacto

En casa, mi esposa manda pero es justa. Nuestros hijos y yo tenemos prohibido cualquier contacto vía telefónica dentro y fuera del hogar; además, cuando nos resfriamos sólo podemos utilizar papel periódico para sonarnos la nariz. A cambio de eso, podemos darle pamba cada vez que jadea. La nariz se nos irrita hasta sangrar y el contacto con la demás gente es algo complicado pero no quiero que vuelva a la casa de huéspedes donde, dicen, se llora mucho.

9 de julio de 2007

Bridging The Gap, de Nas

Estimado y norteado ciberlector, aquí le dejo la letra de esta canción de Nas, del disco Streets Disciple (2004). La razón para considerar esta canción y recomendarla: en ella hay un encuentro (por fin) entre el padre y uno de sus hijos: blues y rap, respectivamente. Cabe señalar, para quien no la haya escuchado, que para el sampleo se utilizó una de las canciones más célebres del blues: Mannish boy, del gran Muddy Waters. Lea la letra y procure escuchar la canción, no se arrepentirá.

[Nas talking]

"The light is there."

[Intro: Olu Dara singing]

See I come from Mississippi

I was young and runnin' wild

Ended up in New York City, where I had my first child

I named the boy Nasir, all the boys call him Nas

I told him as a youngster, he'll be the greatest man alive

[Verse 1: Nas]

Let's go!... Hey-Hey-Hey-Hey --

Tribrary of these rap skits, styles I mastered

Many brothers snatched it up and tried to match it

But I'm still number one, everyday real

Speak what I want, I don't care what y'all feel

'Cause I'm my own master, my Pop told me be your own boss

Keep integrity at every cost, and his home was Natchez Mississippi

Did it like Miles and Dizzy, now we gettin' busy

Bridging The Gap from the blues, to jazz, to rap

The history of music on this track

Born in the game, discovered my father's music

Like Prince searchin' through boxes of Purple Rain

But my Minneapolis was The Bridge, home of the Superkids

Some are well-known, some doin' bids

I mighta ended up on the wrong side of the tracks

If Pops wouldn't've pulled me back an said yo

[Olu Dara singing]

Greatest man alive (Nas: Yeah, turn it up!)

Gre-Gre-Gre-Gre-Greatest man alive!

[Verse 2: Nas]

The blues came from gospel, gospel from blues

Slaves are harmonizin' them ah's and ooh's

Old school, new school, know school rules

All these years I been voicin' my blues

I'm a artist from the start, Hip-Hop guided my heart

Graffiti on the wall, coulda ended in Spoffard, juvenile delinquent

But Pops gave me the right type'a tools to think with

Books to read, like X and stuff

Download MP3's

'Cause the schools said the kids had dyslexia

In art class I was a compulsive sketcher of

Teachers in my homeroom, I drew pix to mess them up

'Cause none'a them would like my style

Read more books than the curriculum profile

Said, "Mr. Jones please come get your child

'Cause he's writin' mad poems and his verses are wild"

[Olu Dara singing]

Greatest man ? The great-greatest man alive

[Verse 3: Nas]

Hey-Hey-Hey -- My Poppa was not a Rollin' Stone

He been around the world blowin' his horn, still he came home

Then he got grown, changed his name to Olu

Come on, tell 'em 'bout the places you gone to

[Olu Dara singing]

I been to Saudi Arabia, Mozambique

Madagascar, Paris, Greece

The Middle Africa is where we lived

Better known as Queenbridge

[Nas]

Nas, Nas you don't stop

Olu Dara in the house, you don't stop

Muddy Waters' Howling Wolf you don't stop

From the Blues to Street Hop you don't stop

Tell 'em Pop

[Outro: Olu Dara singing / Nas adlibbing]

See I come from Mississippi (Let 'em know)

I was young and runnin' wild (Runnin' wild)

Ended up in New York City (Yeah!)

Where I had my first child (That's me)

I named the boy Nasir (Yeah, Daddy!)

All the boys call him Nas (Luh ya, boy)

I told him as a youngster

He'll be the greatest man alive (You the greatest, Pop)

Greatest man alive (You the greatest, Pop)

Gre-Gre-Gre-Gre-Greatest man alive!

Rest In Peace Ray Charles

To know you is to love you, del maestrazo: B.B. King

To know you is to love you
But to know me is not that way, you see
'Cause you made me so happy
That my love for you grows endlessly

When I'm down and feeling sad
You always comfort me
When I'm down and feeling sad
You always comfort me

Baby, to know you is to love you
You smile when I see your face
'Cause there ain't no one on this earth
Baby, could ever, ever take your place

When I'm down and feeling sad
You always comfort me
When I'm down and feeling sad
You always comfort me
Oh to know you is to love you
Is to see you being free as the wind
'Cause the power of your loving
Is too strong to hold within

To know you is to love you
To see you blowing free in the breeze
The power of your loving
I never found a woman like you
That could be my lover
And my best friend

I know you and I think I love you
I know you and I think I love you
I know you and can't you feel our love
Just growing, growing, growing
Growing, growing, growing

Hey, I know you and I think I love you
I know you and I think I love you
I know you and can't you feel our love
Just growing, growing, growing
Growing, growing, doggone it, baby

I know you and I think I love you
I know you and I think I love you
I know you and can't you feel our love
Just growing, growing, growing
Growing, growing, hey doggone it, baby

I know you and I think I love you
I know you and I think I love you
And I think you love me, too
Mm baby, I know you

7 de julio de 2007

Apunte mientras intercambio miradas con una mujer guapa.



Un ente femenino, al saberse observado con atracción o gusto, de inmediato puede tener una de dos posibles reacciones: la primera, reafirmar su entidad femenina hasta convertirla en identidad y ser la más mujer de las mujeres no importando si el susodicho ente tiene quince o sesenta años de edad. De esta reacción derivan otras subreacciones: la coquetería, la altivez, la fatalle sensualidad, la lúbrica concupiscencia (que llega a respirarse diez metros a la redonda), la risueña inocencia siempre susceptible y deseosa de ser pervertida, o bien, la extrema auto confianza que pone a la indiferencia como factor de tentación para los valientes y temerarios que decidan pasar al siguiente nivel: un “casual” pero tendencioso intercambio de palabras que encubre toda una variedad de pensamientos impuros.

La segunda posible reacción es la inseguridad, el saberse vulnerable y desprotegida. De esta sensación pueden derivarse diversos comportamientos: la negación de que casi cualquier mujer puede ser objeto de deseo, la irritación por ser asumida como algo­ bello (y digo “algo” en el sentido antifeminista de la cosificación), la recalcitrante torpeza oral, mental o locomotriz que es capaz de desvanecer el encanto de cualquier persona; y por último, hasta donde puede verse, el alarde de otras cualidades: el ancho y longitud de la lengua, la flexibilidad del seño, el amplio conocimiento de señas obscenas y un bastísimo acervo de palabras altisonantes y ofensivas.

El tipo de reacciones enunciadas en el párrafo anterior, por lo regular tiene su base en dos características principales: un alarmante déficit de autoestima y seguridad, o la plena conciencia del mal aspecto físico y no agraciadas facciones.

Por último, cabe señalar que con las mujeres las reglas de oro no existen así que siempre es probable una tercera y paradójica reacción: la total ausencia de reacción como “producto” de no percatarse de que está siendo observada. Es cuando más vale ser audaz y arrojado e ir directamente a la boca del lobo.

22 de junio de 2007

Nomás un puño de tierra

El martes 19 de junio a las 11:45 de la noche, los noticieros nacionales difundieron la noticia: Antonio Aguilar ha fallecido. A sus 88 años de edad y tras una lucha de dos semanas contra la neumonía, el Charro de México dejó una herencia musical y fílmica que ya forman parte del conciente colectivo y la identidad del México popular, ese al que durante cinco décadas cantó y que, un día después de su muerte, a las afueras de la Basílica de Guadalupe durante la misa cuerpo presente, ahora entona para él la que fuera una de sus canciones más representativas: Un puño de tierra.

Pascual Antonio Aguilar Barraza nació el 17 de mayo de 1919 en Villanueva, Zacatecas, de donde partió entrada la década de los 40 hacia los Estados Unidos, específicamente a Hollywood, lugar en el que durante varios años estudió canto y arte dramático para más tarde dirigirse a la Ciudad de México, donde estudió ópera.

A principios de los 50 y a la par de sus inicios como cantante, incursionaba en el cine con pequeños papeles y participaciones como extra. Fue en 1952 cuando interpretó su primer papel importante en El casto Suzano. En 1956 obtuvo un papel estelar en Tierra de hombres bajo la dirección de Ismael Rodríguez (culpable, entre otras cosas, de Nosotros los pobres y Ustedes los ricos).

A partir de ese momento, su carrera musical y actoral iría en ascenso hasta ser el intérprete de canciones tan representativas de la música ranchera como: La chancla, Y ándale, Albur de amor, Cuatro meses, Tristes recuerdos, Un puño de tierra, El charro Ponciano, La cruda, Lamberto Quintero, Gabino Barrera, Una aventura y muchas más que sería tardado mencionar en su totalidad. En cuanto a su carrera cinematográfica, Antonio Aguilar actuó (y muchas veces produjo) en importantes películas de la filmografía nacional: Gabino Barrera, Soy el hijo del gallero, El Moro de Cumpas, Caballo prieto azabache, En mi viejo San Juan (donde hace un soberbia interpretación de la canción que popularizara Javier Solís). En la carrera fílmica del Charro de México, dos cintas merecen mención aparte: Ahora soy rico, estelarizada por Pedro Infante como secuela de Rinconcito en el cielo (una de las pocas películas que, lo confieso, me han hecho llorar) y Emiliano Zapata, considerada por muchos críticos la interpretación de Antonio Aguilar como la mejor que del Atila del Sur se ha hecho (ni qué decir del churrazo de Arau con Alex Fernández, sabemos que es una mentada de madre y a ese Zapata-Caballero del Zodiaco ni el más ingenuo se lo cree).

México ha perdido a un icono de la cultura popular, un hombre que en sus filmes, material discográfico y espectáculos ecuestres se supo ganar la admiración de quienes ahora lo despedimos y honramos. El Charro de México ha muerto pero permanece un legado de más de 160 películas y alrededor de 170 discos, Antonio Aguilar se ha ido y por ello lo despedimos con la canción más adecuada para estos momentos:

El día que yo me muera

no voy a llevarme nada

hay darle gusto al gusto

la vida pronto se acaba

lo que pasó en este mundo

nomás los recuerdos quedan

ya muerto voy a llevarme

nomás un puño de tierra

2 de junio de 2007

Cicatriz

I’m moving on

and you are yours and I’m mine,

I’ll see you somewhere in my dreams.

I’m moving on,

so thanks for all the memories

B.B. King

I

Una mujer,

al escribir en su diario

las preguntas de la noche,

busca la luna entre sus piernas

y encuentra la súplica

de conservar el aroma.

Una niña,

en su manía de la nostalgia,

juega a suicidarse

porque la vida no es sencilla.

II

La pequeña mano

herida por el vacío,

la espalda donde las alas

se negaron a brotar,

la mirada impaciente

por el miedo en mis ojos,

ninfeta bajo mis sábanas,

escurridiza en el abrazo

para ir en busca de la tarde.

III

Hoy,

mientras eres una calle

donde me ahogan los ojos,

pienso en lo que fuiste:

origen de la memoria,

crucero donde vendí mi alma.

24 de mayo de 2007

Ginsberg's jazz


Flotando sobre las cimas de las
ciudades contemplando jazz.
Allen Ginsberg


Aullaste en el ocaso del mundo
para alertar a los perros
sobre el hecatombe cercano
Jazzeaste lamentos
mientras de tu mano
escurría la tinta
de una generación

Tu furia es la música
de los últimos días
la caída libre
hacia las cloacas
metralla de palabras
en medio de la guerra
bombardero sombrío
del Sueño Americano

Ginsberg el apaleado
el pateado el profeta
quien a pesar de todo
cantó a los muertos
como debe hacerse:
en un jazz de madrugada

19 de mayo de 2007

Apunte desde la ciudad donde no pasa nada.

En México no hay pobres, yo fui a Egipto

y ahí SÍ que hay pobreza.

Una estudiante de la UNLA, ya egresada.

Morelia es una ciudad ya tan acostumbrada a la presencia de indigentes y pordioseros, que uno más sobre la acera no llama la atención (a menos que sea el que huele terrible veinte metros a la redonda). ¿Qué sucede en esta ciudad que el Centro es un imán para el mercado de la mano estirada? Y es que el Centro está saturado de músicos callejeros, chicleros, minusválidos (unos reales, otros ficticios), ancianos, indigentes, “pediches” recién salidos del CERESO o de algún centro de rehabilitación pidiendo dinero para regresar a sus lugares de origen (por lo regulare son de Uruapan), gente que con una supuesta receta médica pide “cooperación”, etc., al grado de ser tan típicos como la Catedral.

Sábado, 7:45 a.m., Zona Centro en las inmediaciones de la Plaza de San Francisco. Hace frío, el viento es helado. Camino por la acera a fin de comprar un café antes de mis ocupaciones sabatinas. Voy con prisa y frío cuando, en la calle posterior al Templo de San Francisco, veo una imagen que ningún fotógrafo desperdiciaría: una mujer de entre treinta y cinco años y cuarenta años de edad, evidentemente perturbada, va por la banqueta con los hombros encogidos y los brazos sobre el pecho. Eso no es lo peculiar, lo que en verdad llama mi atención es que está en ropa interior: sostén y bóxer; además, la suciedad que presenta en brazos y piernas me asusta al pensar dónde y cómo pudo perder la ropa. Quiero ser optimista y creer que extravió la vestimenta por ser una de esas personas a las que, en medio de su desorden mental, les da por desnudarse sin importar el lugar y la hora… pero, ¿y si no? ¿Y si la atacaron para robarle la ropa a manera de “travesura”? ¿Y si durante el ataque fue violada? Digo, hijos de puta hay en todas partes y no tienen horario para ejercer la hijoputez.

Contrario a lo que Liz y Betty piensen de mí, aun tengo sensibilidad y confieso que en verdad me duele no tener con qué cubrir a esa mujer; si trajera dinero le compraría un pantalón, una playera y unas sandalias pero no, no traigo y no me queda otro remedio que llamar a Seguridad Pública para que la recojan y averigüen qué le pasó. Así, mientras creo que la operadora me tomó por un simple mocho escandalizado, debo seguir mi camino (voy retrasado) con una deshonrosa contribución al “no pasa nada”.

Claro, Morelia es una ciudad snob en la que los gobiernos estatal y municipal gastan enormes recursos financieros y humanos en aniversarios, restauraciones, conciertos, festivales de cine, ajedrez, música, órgano, cumbres de Centros Históricos (paradójico) y demás eventos de psudocultura en los que a los visitantes se les lame el culo y muchos asistentes locales pueden jactarse de ser gente culta e ilustrada. Pero, frente a esta situación, hay cosas urgentes que por obra y gracia de la indiferencia pasan a segundo, tercer o cuarto plano: indigencia, drogadicción, inseguridad, educación, vialidad, empleo digno (la lista es larga).

Señores López Orduña, Cárdenas Batel, subordinados y sucesores: dejen el snobismo para las universidades privadas y el Club Rotario que son quienes, a final de cuentas, de eso viven.

5 de mayo de 2007

Amsterdam Rondó

People are strange
when you're a stranger.

Faces look ugly
when you're alone.

The Doors

Soy el agua en el vaso,
no pretendo derramarme
ni hervir hasta la sequedad,
sólo quiero contenerme aquí,
preservarme del viento
que lastima al mundo.

No es extraño que el tiempo
baile frente a mí
sin quitarse el séptimoo velo:
desde el inicioi de los días,
la tarde es un culo abierto
cuyo húmedo calor
no puedo explorar con los dedos.

En este café soy un extraño,
una masa de apatía
derretida por la luz.
Al final, para no caer de la mesa,
me escondo en un vaso
del que nadie beberá.

28 de abril de 2007

Ídolos juveniles al rescate (Sorry por la imagen del negro nazi, pero no hayé imágenes del programa en cuestión y esto fue lo más estúpido que hayé)


El grupo de papanatas que conducen un programa juvenil en el canal 5 de Televisa, de repente fueron invadidos por un sentimiento Green Peace: vestidos como empleados de granja didáctica (de esas a donde los niños del Distrito Federal son llevados para aprender que la carne alguna vez perteneció a un ser vivo), se lanzaron a la aventura de sus vidas: darle un futuro digno a una oveja, salvar de la muerte a un cerdo y liberar animales en cautiverio.

Para el primer rescate, fueron a una granja (llegaron en su Hummer, claro) y supuestamente a hurtadillas, lograron internarse hasta el área donde las “pobres ovejitas son encerradas para luego arrancarles la piel –no wey, sólo las rapan dos veces por año”, corrige el que sí se tomó la molestia de averiguar de qué manera son masacradas las ovejas, mártires del invierno. Ya con la oveja en su poder, la llevaron a un exclusivo spa y en la estética del lugar se le dio una ducha, se le hizo pedicura, se le pintaron unos rayos y luces en la lana y, para darle aun más dignidad, le pusieron una gorra y un suéter (quiero ser optimista y pensar que dicha prenda era de algodón). Se preguntará, querido lector, cómo es que una oveja fue atendida en un spa, bueno, con dinero baila el perro y el encargado del establecimiento se movió como nadie con mil quinientos pesos de por medio.

El segundo heroico rescate realizado por los altruistas conductores de Wax: televisión ácida, tuvo lugar en un rastro, lugar que ellos prefirieron llamar “matadero, ya que los pobres cerditos vienen a que los maten”. En el rastro, el encargado fue sometido a una serie de inquisitivas preguntas tales como “¿los cerditos ya están muertos cuando los sacrifican?”, “¿siempre huele así?”, “¿usted come cerdo? Qué desgraciado”, “¿cuánto quiere por permitirnos rescatarlo (al cerdo (el otro)) de las garras de la muerte? ¿Mil? Con dinero baila el cerdo”. Después del rescate, al cerdito le fue otorgada la dignidad que se merece: igual que a la oveja, lo vistieron con una boina a cuadros y un bonito suéter a rayas. Una vez vestido como el más distinguido y elegante espécimen de caballero porcino, lo condujeron a un establecimiento donde venden tacos de carnitas y chicharrón; ahí, mientras lo sujetaban con una cadena, los conductores asediaron a los comensales preguntándoles si no les importaba que la carne que comían hubiera pertenecido a una animal muerto; claro, seguramente ellos sólo comen carne de animales vivos. Como los clientes del local no se inmutaron al ver al cerdito vivo y a más de alguno se le antojó la cochinita pibil, los conductores decidieron mandar a una sección del programa (previamente grabada) donde tradicionalmente son los seres humanos quienes pierden todo respeto por sí mismos, a eso sí estamos acostumbrados en este tipo de programas. En este caso, se trató de un torneo de calzón chino (otras veces ha sido de cachetadas con nopales, reglazos en las piernas, bofetadas, etc.).

La intención del tercer rescate, dada la osadía, fue verdaderamente un acto digno de la más alta condecoración militar: liberar a los animales de un circo. Obviamente, entre el rescate y embellecimiento y ropa de la oveja, el rescate y vestido del cerdo, la gasolina y las entradas al circo, se les acabó el prepuesto asignado para esa emisión así que, al ver que el mono era hostil y el elefante no cabía en el Hummer, desistieron, no sin antes exhortar a los televidentes a rescatar animales porque, y esto lo dejaron asentado como reflexión final, “no es justo que mantengamos animales en cautiverio, los sacrifiquemos y encima nos los comamos”. Tan sabias palabras me conmovieron tanto que después de escribir esto, le sacaré punta a un palo de escoba y me iré al cerro a cazar la cena, eso mientras aprendo a arrancarle pedazos a un animal para comer sin matarlo “tanto”.

Usted se preguntará lo mismo que yo me pregunté: si tan malo es el programa, ¿qué carajos hacía viendo Wax? La respuesta-excusa es simple: no sé, soy generación TV así que cualquier monitor o pantalla encendidos de inmediato llamarán mi atención; salvo en el caso del fútbol (que particularmente detesto), no importa si es una buena película o el tablero de llegadas y salidas en un aeropuerto.

Al ver este programa recordé cuando, por cuestiones de horario, prendía la televisión de la cocina para no almorzar en silencio puesto que a esa hora mi casa está sola. En aquel entonces, alcanzaba a chutarme casi una hora de Con sello de mujer. En ese programa, una vez las conductoras discutían sobre el sobrepeso y tiraban pestes de los hombres a los que nos gustan las mujeres delgadas; su argumento: el físico no importa ya que lo verdaderamente valioso es lo espiritual. Una semana después, invitaban a las televidentes con sobrepeso para que les enviaran su historia de vida como mujeres gordas, la mejor historia ganaría el premio en disputa: un tratamiento para adelgazar que incluía asesoría psicológica, ejercicio, el apoyo de un nutriólogo y visitas al spa para someterse a diversas técnicas de reducción de tallas y cuidado de la piel. La convocatoria surtió efecto y el programa se llenó de señoras con sobrepeso llorando frente a las cámaras, aquello se convirtió en Laura en América.

Lo he dicho y lo sostengo: la culpa no es sólo de las empresas, a final de cuentas dejan al aire los programas que alcanzan buenos niveles de audiencia; y aunque los detractores de la Ley Televisa pongan toda la culpa en los magnates del entretenimiento (por neoliberales e imperialistas, palabras que nunca faltan) y no lo quieran aceptar, la televisión es sólo es un espejo donde como sociedad nos reflejamos; así pues, tenemos la televisión que merecemos pero, pregunto: ¿acaso es mucho pedir un poco de congruencia, y lo que es más, respeto a la inteligencia del televidente?

Desde el 12 de marzo de 2009, eres el visitante número...

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